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De calles y tránsito


El sábado 21 de febrero, luego de terminar quehaceres, junto a mi familia me dirigí a La Chorrera con la intención de visitar un familiar.

Al llegar cerca del parque Los libertadores observé como un gigantesco PH estaba instalado en toda la vía interamericana.

Habían cerrado la vía y el tranque era descomunal. Pensé, bueno, hoy día por todos lados hay tranque y sobre todo en éstas fechas de carnaval y carnavalito, pero, ¿acaso no hay una disposición legal que impide la obstaculización de las vías? Entonces: ¿Quién o qué autoridad dio permiso para obstaculizar una vía principal contraviniendo las disposiciones legales?

Finalmente llegué a mi destino, pero allí no acaba todo. Al regresar a la capital habían personas indicando que la vía principal estaba cerrada en Vista Alegre, por eso nos desviamos con la intención de evitar inconvenientes, más todo fue inútil, al regresar a la vía interamericana nos topamos de frente con otro descomunal tranque.

Y cuál no fue mi sorpresa. Sobre dos paños de la vía hacia el interior en Vista Alegre cinco carros alegóricos con reinas en ellos hacían gala de sus tonadas muy tranquilos, mientras detrás de ellos una gigantesca columna de automóviles aguardaban desesperados por continuar su viaje.

Nuevamente me pregunté: ¿Qué autoridad permite la obstaculización de una vía internacional en contra de las disposiciones legales so pretexto de un desfile que bien pudo realizarse por vías internas de la referida población?

¡Oh, qué bien, por fin salimos del tranque y avanzamos rumbo a la capital! Sin embargo, aquí no termina todo, veníamos en autobús, un autobús de la ruta de Chorrera: el Número 175 con placa 435209, manejado por un joven que al parecer no nació con la virtud del buen juicio ni con la paciencia, porque una vez tuvo la vía despejada, se sintió Nicky Lauda en sus mejores tiempos y le echó ganas al volante, los pasajeros se miraban unos a otros; uno de ellos exclamó: “Estos muchachos son los que j… la ruta”, todo fue inútil, aceleró hasta el máximo, al frente del Xtra de Arraiján dejó los pasajeros fuera de la parada y arrancó nuevamente.

El autobús vibraba de la velocidad y las curvas hacían temer un accidente. ¡Ah!, ¿que si le rogué a Dios? Por supuesto y hasta le dije que ¿cuál era el apuro?, pero el muchacho ignoraba a todos y continuó su descomunal carrera. Me bajé en el límite de El Chorrillo, porque mi vida vale más que el tiempo.

Se debe hacer algo y pronto, el tránsito, los manejos desordenados, los tranques y demás, tienen las calles de Panamá convertidas en trampas de muerte y de intolerancia donde la ley no existe.

101 años de Panamá América

 
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