De cara al torneo electoral
Empieza el nuevo año y la carrera electoral se pone en la recta de enfrente, de acuerdo al vocabulario hípico. Es hora de hacer los ajustes de campaña para intentar ganarse el favor popular por parte de cada uno de los cuatro candidatos.
En esta oportunidad, me voy a permitir hacer algunas reflexiones en torno a la campaña que realiza la Ing. Balbina Herrera. Debemos reconocer que el país ha crecido económicamente durante este quinquenio, pero la percepción de ineficiencia de la gestión del presidente Torrijos en las áreas de la seguridad ciudadana, el transporte, la salud, la concentración de las riquezas generadas en pequeños grupos de influencia limitada, y el alto costo de la canasta básica, de los derivados del petróleo y de la electricidad, son el principal lastre que posee su estrategia electoral.
Todavía hay tiempo para enmendar la mayoría de esos temas y paliar los efectos adversos y el sabor amargo que el ciudadano común tiene en la boca y en su decisión de un voto de castigo.
Por otro lado, Balbina siempre ha representado la imagen de la profesional humilde y esforzada que ha ido escalando cumbres cada vez más altas, gracias a su capacidad, dinamismo y a su irrenunciable compromiso con los que menos tienen. No podemos olvidar que el 50 % de la población vive en condiciones de pobreza o miseria, el 30 % transita por la golpeada clase media y sólo el 20% de nuestra población, entiendo yo, posee un presupuesto familiar cuyos ingresos superan todos los meses a sus egresos.
Por eso resulta suicida, políticamente hablando, que la candidata pretenda aislarse de su nicho electoral y de su grupo de procedencia, llegando incluso a expresar su particular intención de gobernar con la clase pudiente del Club Unión. Quiero aclarar que el que se va para Sevilla, pierde su silla; cosa que astutamente y con creatividad está logrando el candidato Martinelli.
Los ricos sirven para aportar recursos económicos y coadyuvar con su gestión empresarial al desarrollo integral del país. Pero no son requisitos imprescindibles para ganar una justa electoral, salvo que el pueblo crea las promesas que realizan y tengan la esperanza que estos caballeros, con casa alfombrada en la playa y las montañas, coches europeos, lancha en el embarcadero, caballos en el hipódromo y avión en el aeropuerto, le van a mejorar la calidad de sus miserables vidas.
Retomemos la propuesta Torrijista de tener la humildad de no creer que tenemos el patrimonio de la verdad, de comprometernos con los que menos tienen y de lograr su participación y beneficios de toda la gestión que realizamos.
Recordemos que si mañana hay un cambio, los camaleones amistosos de ahora saldrán a renegar, a los cuatro vientos, de los copartidarios, a abjurar de los torrijistas y a aplaudir al amo nuevo. Porque al fin no son más que farsantes, lo demás es puro cuento.