De cárceles y abogados
Al tener conocimiento del encarcelamiento del Lic. Sidney Sittón Ureta, grande fue mi impresión, pues resulta que no podíamos pensar que el encarcelamiento se debiera por imputaciones delictivas o por desacato a alguna autoridad. Sí pensé y consideré que alguna gran verdad habría dicho mi distinguido ex-alumno frente a alguna autoridad de esas que creyéndose legitimados por el cargo o por el poder, piensan y sienten que pueden hacer y deshacer, decir y desdecir, y para quienes la arbitrariedad no constituye una nota de excepción sino de generalidad. Ya desde hace algunos siglos se nos ha venido advirtiendo que el poder corrompe, pero el que es ejercido de manera absoluta, corrompe absolutamente. Pero no dejan de tener también razón quienes piensan que, en definitiva, que el poder no corrompe sino que descubre.
Y no es que un abogado no pueda estar preso, pues ciertamente si ha cometido un delito que amerita la detención preventiva, no se le puede tratar de manera excepcional; sino que lo que nos sorprende es que en un medio jurídico y político que se ha calificado de democrático y en donde un reducido número de abogados nos hemos dedicado a hacer críticas constructivas, transparentes y respetuosas, no podemos concebir, bajo ningún concepto, que por ser, precisamente, críticos, se nos tenga y convierta en carne para punta de lanza. Nadie podrá creerse el cuento, eufemístico, por cierto, de que los abogados litigantes sean los que tengan que pagar el alto índice de mora judicial, el desgreño administrativo en muchos despachos, tanto del Ministerio Público como del Organo Judicial, la denegación de Justicia frente a pruebas claras y evidentes, las imputaciones antiéticas e inmorales que se hacen en contra de agentes de instrucción como judiciales; éstos y tantos otros problemas jamás, podemos permitir que en la psiquis del pueblo se pretenda vender la idea de que culpables son los abogados. Y aquí no hay diferencias, ni de abogados chicos ni de abogados grandes; ni de grandes firmas ni de pequeñas firmas de abogados, todos estamos envueltos o enrolados en la situación; sin embargo, frente al encarcelamiento del abogado Sidney Sittón como que empieza a levantarse conciencia, en medio del gremio, que no de las facciones abogadiles, de que efectivamente tenemos que exigir respeto al elevado apostolado de la abogacía, de la dignidad de ser un profesional que representa al Derecho y a la Ley, sobre todo para los aspectos de su interpretación y aplicación. Que se requieren instrumentos jurídicos más efectivos, sobre todo en lo que guarda relación con los estatutos del Colegio Nacional de Abogados, a fin de elevar el Concepto de lo que significa y representa ser un profesional del Derecho, pues pareciera que para algunas autoridades hay abogados que son colegas y hay quienes no lo son, pues tienden a hacer excepciones en el buen trato que brindan a unos y a otros no.
Qué pecado ha cometido el colega Sidney Sittón, cuando llegó a expresarle al Fiscal que ordenó su detención, que él no participaría en una indagatoria tipo cuartelaria? Si analizamos la expresión en sí, es contentiva de un deseo, es decir, que si participaría en una indagatoria en la que se respirara un ambiente democrático, de imparcialidad, legalidad y objetividad. Pero el Fiscal o los Fiscales o el Ministerio Público o el Procurador se sintieron ofendidos, como se dice por allí, "al que le caiga el guante, que se lo plante". Cuando, en todo caso, han debido es felicitar a Sidney Sittón y haberle ripostado o expresado: "Colega, aquí se practicará una indagatoria democrática y objetiva". Pero no, la respuesta sí fue propia de una fiscalía cuartelaria.
A mis colegas y a los estudiantes de Derecho: ay de esta República, ay de este Estado, ahora que los abogados son perseguidos y encarcelados! Pues qué pena me ha resultado escribir sobre "De cárceles y de abogados".
Y no es que un abogado no pueda estar preso, pues ciertamente si ha cometido un delito que amerita la detención preventiva, no se le puede tratar de manera excepcional; sino que lo que nos sorprende es que en un medio jurídico y político que se ha calificado de democrático y en donde un reducido número de abogados nos hemos dedicado a hacer críticas constructivas, transparentes y respetuosas, no podemos concebir, bajo ningún concepto, que por ser, precisamente, críticos, se nos tenga y convierta en carne para punta de lanza. Nadie podrá creerse el cuento, eufemístico, por cierto, de que los abogados litigantes sean los que tengan que pagar el alto índice de mora judicial, el desgreño administrativo en muchos despachos, tanto del Ministerio Público como del Organo Judicial, la denegación de Justicia frente a pruebas claras y evidentes, las imputaciones antiéticas e inmorales que se hacen en contra de agentes de instrucción como judiciales; éstos y tantos otros problemas jamás, podemos permitir que en la psiquis del pueblo se pretenda vender la idea de que culpables son los abogados. Y aquí no hay diferencias, ni de abogados chicos ni de abogados grandes; ni de grandes firmas ni de pequeñas firmas de abogados, todos estamos envueltos o enrolados en la situación; sin embargo, frente al encarcelamiento del abogado Sidney Sittón como que empieza a levantarse conciencia, en medio del gremio, que no de las facciones abogadiles, de que efectivamente tenemos que exigir respeto al elevado apostolado de la abogacía, de la dignidad de ser un profesional que representa al Derecho y a la Ley, sobre todo para los aspectos de su interpretación y aplicación. Que se requieren instrumentos jurídicos más efectivos, sobre todo en lo que guarda relación con los estatutos del Colegio Nacional de Abogados, a fin de elevar el Concepto de lo que significa y representa ser un profesional del Derecho, pues pareciera que para algunas autoridades hay abogados que son colegas y hay quienes no lo son, pues tienden a hacer excepciones en el buen trato que brindan a unos y a otros no.
Qué pecado ha cometido el colega Sidney Sittón, cuando llegó a expresarle al Fiscal que ordenó su detención, que él no participaría en una indagatoria tipo cuartelaria? Si analizamos la expresión en sí, es contentiva de un deseo, es decir, que si participaría en una indagatoria en la que se respirara un ambiente democrático, de imparcialidad, legalidad y objetividad. Pero el Fiscal o los Fiscales o el Ministerio Público o el Procurador se sintieron ofendidos, como se dice por allí, "al que le caiga el guante, que se lo plante". Cuando, en todo caso, han debido es felicitar a Sidney Sittón y haberle ripostado o expresado: "Colega, aquí se practicará una indagatoria democrática y objetiva". Pero no, la respuesta sí fue propia de una fiscalía cuartelaria.
A mis colegas y a los estudiantes de Derecho: ay de esta República, ay de este Estado, ahora que los abogados son perseguidos y encarcelados! Pues qué pena me ha resultado escribir sobre "De cárceles y de abogados".