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De Colin Powell a Condoleezza Rice


Decíamos en editorial previo, que Donald Rumsfeld, actual Secretario de Defensa de la Casa Blanca, era el artífice de la política exterior de Estados Unidos, por encima del Secretario de Estado, Colin Powell. Y explicábamos que esa política estaba centrada en el unilateralismo hegemónico de la potencia norteña, cuyos mayores esfuerzos se orientan en la guerra contra el terrorismo y el control de las cada vez más escasas reservas petroleras.
No pasaron dos días antes que Colin Powell se sumara a la cadena de renuncias que se han sucedido en el equipo de gobierno del presidente George Bush, señal de que, tras una victoria electoral, el mandatario radicalizará sus posturas y hundirá hasta el fondo el pie sobre acelerador para materializar la visión que tiene de su país y su papel en el mundo de post-Guerra Fría, ya sin la discreción y cautela que le aconsejaba el ejercicio de sus primeros cuatro años de mandato. En su segundo ejercicio presidencial, pues nada tiene que perder y podrá lanzarse sin reparos ni atenuantes hacia la cristalización de sus objetivos.
Condoleezza Rice, consejera predilecta del mandatario en materia de seguridad nacional, ostenta orgullosamente la imagen de "línea dura", de innegable connotación bélica. Ella sustituye a Powell en la secretaría de Estado, dando un giro de 180 grados a ese despacho que, en manos de Powell, desempeñaba precariamente un papel moderador en franca minoría, de la política de fuerza esgrimida por el resto del aparato de gobierno de Bush bajo el liderazgo del propio mandatario y el respaldo de Rumsfeld, al que se sumaba Rice.
¿Qué hemos de esperar del binomio Rumsfeld-Rice? Lo mismo, pero acentuado. Hablamos de una política aún más dura y agresiva en favor de los intereses norteamericanos, que ya no - como hace décadas atrás - de Occidente. Estados Unidos sabe que tiene la fuerza y va a usarla sin timidez. Ya no hay reelección alguna que cuidar.
Lo anterior significa que, problemas tales como el de Cuba, pueden ser empujados hasta el límite de su agudización, igual al del presidente Hugo Chávez de Venezuela. No nos quede duda que Irak será controlada con lo que se precise con tal de asegurar que sus bombas de petróleo sigan surtiendo el flujo del mercado, morigerando los precios.
Por otra parte, Irán puede ser el próximo objetivo, con sus grandes reservas de crudo; y a China se le encargará la tarea de desarmar a Corea del Norte, lo cual no será gratis e influirá, en lo que nos toque, sobre la política panameña respecto a Taiwan. En América Latina, se restablecerán los vínculos directos entre sus fuerzas armadas y el gobierno norteamericano; y se lanzará una ofensiva final contra la narcoguerrilla.
He allí los vientos y las tempestades a la vista. Toca ahora a la Cancillería, a cargo de Samuel Lewis Navarro, delinear las rutas de navegación y adoptar la política exterior más acorde a los intereses nacionales de la ampliación del Canal, la lucha contra el narcotráfico, la estrategia marítima, el centro de servicios internacionales. Gobiernos como el presidente Bush, con todo y su fuerza, pasa, los pueblos quedan.

101 años de Panamá América

 
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