De comportamiento vehicular
Cada día que manejo por nuestras calles y avenidas y observo como empeora nuestro comportamiento vehicular. Más caótico, más desordenado, más ausente de las más elementales normas de educación y cortesía vial. Cada día es más evidente que nuestro comportamiento vial refleja nuestro carácter nacional y que somos un país ingobernable.
Me pregunto: ¿cómo podemos los panameños aspirar a construir una mejor sociedad más disciplinada, más respetuosa del derecho de los demás y si no hemos sido capaces de imponer un buen orden de comportamiento vehicular?
¿Cómo aspiramos a ser mejores, si no logramos eliminar “el juega vivo”, el “voy por fuera”, “el que parpadea pierde” y el respeto a las señales de tránsito.
¿Cuándo aprenderemos que respetar las luces ámbar y rojas de los semáforos y las dobles rayas amarillas que limitan giros indebidos es solo materia de tontos?
¿Cómo es posible que este comportamiento no lo exhibíamos en la antigua Zona del Canal? Y aun, peor, no lo hacíamos en la época de los milicos. En ambos casos, era el temor a las consecuencias los que no hacia portar bien. Hoy no existe. ¿Nos hace falta el rejo?
Los Diablos Rojos y los taxis queman y matan gente; violan las leyes de tránsito; comenten desafueros y ningún gobierno, fuera de los militares y los gringos, los ha puesto en horma. Sus pseudo-dirigentes sindicales (un puñado) han mantenido chantajeado a todo un pueblo por generaciones, amparados en nuestra inercia ciudadana y en la cobardía política.
Continuamente noto faltas graves de cumplimiento de la ley y los reglamentos del tránsito. Cito algunas:
•Autos de toda naturaleza circulan con vidrios ahumados que violan los reglamentos. Periódicamente aparecen anuncios de que el Gobierno tomará mediadas para corregir esta situación ilegal. Nada sucede, ¿Es muy difícil ir a los establecimientos que venden e instalan este material y decomisarles el inventario ilegal, además de multarlos por contribuir a violar la norma?
•Se ha adquirido la costumbre de cubrir las placas de los vehículos con papel ahumado, evidentemente para evitar ser registradas por las cámaras de vigilancia. Una vez le comenté esta situación al Director de la Policía, quien admitió que era una práctica ilegal y que la Policía iba tomar acción. Eso sucedió hace un año. Nada ha pasado y cada día veo más autos con las placas cubiertas, cuando existen, ya que cada día son menos autos los que circulan con placas.
•¡Buena la medida de pintar los taxis de amarillo! Hubiera sido más disciplinado usar un amarillo estándar, pues las tonalidades sobran. Una de los resultados colaterales es que ahora son más visibles sus constantes violaciones de las normas de tránsito y cortesía vehicular. Yo las noto. Parece que los policías sufren de daltonismo. No las ven. Y, a propósito, pocos han instalado la cinta de cuadros característica de su condición de taxis.
•Aparte de la “plaga amarilla”, han aparecido dos nuevas plagas: las motocicletas y los “mini vans”.
• Los motociclistas juegan sus vidas con sus cascos “yeyés”. Ya verán como aumentan las víctimas en la época lluviosa.
• En el caso de los “mini vans”, sería interesante evaluar el coeficiente de inteligencia de sus conductores. No parecen ser conscientes de la fragilidad de sus vehículos. Su estilo de manejo desordenado y a alta velocidad me hace pensar que tienen una bajo nivel de inteligencia.
• Otro ejemplo de cretinismo es el del chofer que insiste en manejar a baja velocidad en los paños de rebasar de las carreteras. Son tan peligrosos como los que manejan a altas velocidades.
• Veo camiones y “concreteras” cargados de todo material, circulando a altas velocidades, algunos causan la sorpresa de cómo pueden circular, sin placas, sin toldas para cubrir el vagón cargado de tierra, arena y basura, como lo exige la Ley.
• En fin, esas y muchos más, son buenos ejemplos del mal comportamiento vehicular que prevalece en nuestro Panamá.
• Y, ¿la Policía? Me dicen que están ocupados cuidándonos de los maleantes
• Algo si debo admitir, veo más vigilancia vehicular por parte de la ATTT. Ojalá no sea llamarada de capullo.