De contención del gasto y reactivación
La Comisión de Presupuesto de la Asamblea ha advertido sobre la pobre ejecución presupuestaria y su relación con los débiles indicadores que muestra la economía nacional. Cifras oficiales demuestran por otra parte, un desequilibrio preocupante entre ingresos y egresos estatales correspondiente a los tres primeros meses del año en el orden de los B/.300 millones.
La respuesta del gobierno ha sido ordenar la contención del gasto público por B/.150 millones lo cual -si se compara con el citado desequilibrio entre ingresos y egresos- será insuficiente. No obstante, es un primer paso en sentido correcto.
De los B/.150 millones de contención, se prevé recortar más de B/.100 millones de inversión y el resto en gastos de funcionamiento. Es doloroso, pero inevitable que se haga en el primer rubro, considerando que la mayor parte del presupuesto nacional se gasta en funcionamiento (planillas, aire acondicionado, etc.) y muy poco en inversión (escuelas, carreteras, centros de salud, agua, etc.).
Otro problema, advertido por el informe de la citada comisión legislativa, es que el país marcha, según sus palabras, hacia la "desaceleración", eufemismo de recesión, que los especialistas locales se niegan a emplear, según ellos, para no generalizar el pesimismo. Contrario a eso, opinamos que es preferible llamar a las cosas por su nombre para así adquirir una mejor conciencia del problema y enfrentarlo con más determinación. Si el país padece desaceleración, en términos del informe, es lógico esperar que toda medida de contención, contribuya a acentuar el fenómeno, tal cual ha acontecido en otras naciones como Argentina, por recomendación de las IFIS.
Frente a este problema lo que cabe es racionalizar el gasto público de modo que se destine a los rubros de mayor impacto y efecto multiplicador. Los detalles sobre cuáles pueden ser esos rubros, podrían discutirse en la mesa del diálogo nacional para la reactivación económica. Pero hay que apurarse porque la crisis no espera.
Por lo demás, el gobierno debe procurar mejorar el grado de ejecución de su presupuesto pues, de otra manera, los fondos trabajosamente ahorrados o negociados del Fondo Fiduciario destinado a diversas obras de gran impacto ocupacional, yacerán ociosos en el banco, sin producir efecto beneficioso alguno para la reactivación del país.
La respuesta del gobierno ha sido ordenar la contención del gasto público por B/.150 millones lo cual -si se compara con el citado desequilibrio entre ingresos y egresos- será insuficiente. No obstante, es un primer paso en sentido correcto.
De los B/.150 millones de contención, se prevé recortar más de B/.100 millones de inversión y el resto en gastos de funcionamiento. Es doloroso, pero inevitable que se haga en el primer rubro, considerando que la mayor parte del presupuesto nacional se gasta en funcionamiento (planillas, aire acondicionado, etc.) y muy poco en inversión (escuelas, carreteras, centros de salud, agua, etc.).
Otro problema, advertido por el informe de la citada comisión legislativa, es que el país marcha, según sus palabras, hacia la "desaceleración", eufemismo de recesión, que los especialistas locales se niegan a emplear, según ellos, para no generalizar el pesimismo. Contrario a eso, opinamos que es preferible llamar a las cosas por su nombre para así adquirir una mejor conciencia del problema y enfrentarlo con más determinación. Si el país padece desaceleración, en términos del informe, es lógico esperar que toda medida de contención, contribuya a acentuar el fenómeno, tal cual ha acontecido en otras naciones como Argentina, por recomendación de las IFIS.
Frente a este problema lo que cabe es racionalizar el gasto público de modo que se destine a los rubros de mayor impacto y efecto multiplicador. Los detalles sobre cuáles pueden ser esos rubros, podrían discutirse en la mesa del diálogo nacional para la reactivación económica. Pero hay que apurarse porque la crisis no espera.
Por lo demás, el gobierno debe procurar mejorar el grado de ejecución de su presupuesto pues, de otra manera, los fondos trabajosamente ahorrados o negociados del Fondo Fiduciario destinado a diversas obras de gran impacto ocupacional, yacerán ociosos en el banco, sin producir efecto beneficioso alguno para la reactivación del país.