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De diálogos, educación y realidad nacional


Del monólogo se propuso pasar al diálogo; de la imposición a la concertación y hasta la complacencia; de la penumbra política se busca la luminosidad democrática y participativa en los asuntos del Estado y la sociedad. Y, la verdad es que, pocas veces en la historia reciente, tantos sectores juntos se han reunido para debatir asuntos vitales de la realidad actual y del porvenir panameño. Tres diálogos han concentrado la atención de la ciudadanía: el de la seguridad social, el de la reactivación económica y el de la transformación del sistema educativo. Son tres lugares de encuentros para el análisis, reflexiones y proposiciones que deberían permitir al país avanzar hacia el logro de metas nacionales, en áreas de incalculable valor para el desarrollo humano de todos los panameños y panameñas. Representantes de los empresarios, trabajadores organizados, partidos políticos, académicos, estudiantes, organismos no gubernamentales y gobierno han compartido, en principio, agendas, temas y propósitos, sin que necesariamente las vías y los medios sean aceptados por todos.
Quienes participan en el Diálogo por la Seguridad Social, comparten la necesidad de asegurar el funcionamiento eficiente a largo plazo del seguro social, una institución clave en el logro y mantenimiento de niveles de vida decente de la población panameña, especialmente de quienes trabajan y cotizan para tener derecho a servicios médicos, atención a la vejez, invalidez y muerte. Esta institución representa un patrimonio invaluable para el progreso del país, pues es reconocido que sin salud no hay trabajo, ni vida prolongada y decorosa. Por lo tanto, se debilitaría el capital humano, factor decisivo en la producción, la generación de riqueza y el desarrollo económico y social.
Ante los presagios del colapso financiero de la institución, las vías para el entendimiento parecen discrepar. Van desde la privatización de sus servicios, la autonomía real de su funcionamiento, el aumento de la edad de jubilación y de las cotizaciones, la modernización de sus servicios, hasta la de convertirse en agencia para administrar bienes revertidos.
El Diálogo por la Reactivación Económica, parecía ser una alternativa para enfrentar juntos como nación, la grave crisis económica que padece el país, por la presencia de factores internos y también externos. Esta crisis ha llevado a muchos panameños y panameñas a perder sus empleos, cerrar o reducir sus empresas, aumentar el creciente contingente de pobres e indigentes y, por lo tanto, vivir momentos de desasosiego y desesperanza. El eje central de la discordia fue el uso y administración del Fondo Fiduciario, en un momento que la nación vive un estado de desconfianza frente a la clase política, gubernamental y empresarial, ante las denuncias de corrupción.
Este fondo representa un tesoro que ha deslumbrado, desde su creación por la administración anterior, a dirigentes del actual gobierno, de organismos financieros internacionales y también empresariales. ¿Cómo utilizar este patrimonio nacional para la reactivación económica en beneficio de toda la población?, es la pregunta esencial. Las posiciones han oscilado entre los que piensan que debe servir para pagar la deuda externa y convertir al país en sujeto de crédito; mantenerlo íntegro como aval para la inversión en el desarrollo humano y los que consideran que una parte debe orientarse a financiar proyectos que generen empleos, ingresos y beneficios sociales y otra parte mantenerla como reserva, según establece la ley de su creación.
La posición de los trabajadores representados en ese diálogo fue que este capital, que es de la sociedad entera, sirviera para financiar el futuro de la niñez y la juventud y no para invertirlo en el pasado.
El Diálogo por la Transformación del Sistema Educativo ha logrado concitar el interés de amplios sectores nacionales, que sin reservas políticas, ideológicas, sociales o gremiales han compartido puntos de vista y aportes sobre la filosofía y políticas educativas, sobre el mejoramiento de la profesión docente, la administración y las innovaciones educativas. Posiciones consideradas a veces antagónicas entre dirigentes gremiales, empresariales, autoridades educativas y de partidos políticos, ceden ante la búsqueda de acuerdos que hagan viable el diálogo. Todos coinciden en la importancia de la educación y en la necesidad de mejorarla, por ser considerada fundamental para el desarrollo del país. Sin embargo, las lecciones de una historia marcada por el desencuentro de fuerzas, unas que pugnan por la renovación y otras por mantener los esquemas educativos vigentes, plantean algunas dudas acerca de la aplicabilidad de los cambios que se propongan, una buena parte de ellos ya sustentados o contemplados en la Ley 34 de 1995, en la Estrategia Decenal por la Modernización de la Educación Panameña (1997-2006) o en la Agenda Educativa 2000-2004.
¿En qué manos quedarían estas recomendaciones para transformar la educación?, ¿Qué voluntad política y capacidad técnica tendrá este organismo para asegurar su implementación eficaz?, ¿Cómo se asegura la continuidad orgánica de estos cambios en el mediano y largo plazo, sin interrupciones políticas partidistas o gubernamentales? Son algunas preguntas que empiezan a generarse en este diálogo.
El país dialoga pero avanza poco y los diálogos no se articulan entre ellos. Seguridad social tiene una agenda con sus prioridades; la reactivación económica y la transformación educativa tienen cada una la suya. Se percibe la ausencia de un hilo conductor que asegure la sinergia necesaria entre las partes y los temas. En este sentido, convendría interrogarse ¿Cómo la seguridad social y la educación ayudarían a reactivar la economía? y ¿cómo los recursos del Fondo y de la reactivación económica pueden ayudar a impulsar proyectos claves en la educación y la seguridad social?
Se requiere ver el país como un todo, en un contexto global que clama por decisiones coherentes. Según el Informe Nacional de Desarrollo Humano, (PNUD:2002)) existe una pobreza creciente: 4 de cada 10 personas en Panamá, viven en la pobreza de ingreso, dentro de ellos, el 26% en pobreza extrema. Muchas personas padecen una baja calidad de vida, en virtud de las visibles e inaceptables disparidades en el ingreso y de oportunidades educativas, salud, vivienda y alimentación. A ello se suma una administración pública poco eficiente para administrar los recursos del Estado y asegurar que la inversión social llegue a las personas que la requieren, con el impacto deseado en su calidad de vida. Al mismo tiempo, resalta la insuficiente capacitación de las personas para realizar un trabajo productivo decente. ¿Cómo entonces los recursos que se generen contribuirían a reducir la pobreza, aumentar el empleo y potenciar la capacidad productiva del país?
La educación podría ser una herramienta reactivadora de la economía y el bienestar colectivo, si estamos dispuestos a invertir y apoyar con las decisiones correctas, los proyectos claves. Asegurar la educación básica para los niños y niñas que viven en la miseria, financiando su asistencia a clases, es una vía. Otra, es potenciar el aprendizaje del inglés y la tecnología de la información para todos, mediante un programa de excelencia que incluya fuertes incentivos para el personal docente y equipamiento de las escuelas de Educación Básica y Media especialmente en las áreas rurales y urbano marginales. Estas son por lo menos dos acciones estratégicas que se deberían impulsar con responsabilidad e inteligencia.
Panamá es un país con enormes disparidades y también grandes oportunidades. Las decisiones que se generen en los diálogos, además de ser consensuadas, deberían ser administradas con eficiencia y transparencia para lograr resultados eficaces y perdurables. Es un momento histórico importante que debemos saber capitalizar como nación, sin egoísmos, prejuicios, ni sectarismos políticos. Construir la nación que queremos demanda utilizar los mejores recursos y capacidades que tenemos. Un país no lo hacen solo los bienes materiales o recursos financieros disponibles, es el resultado de la alquimia de su gente: hombres, mujeres, que con tenacidad, tolerancia y voluntad ponen los cimientos, las paredes y el techo de la gran catedral que es la nación. Esta es una gran tarea de todos, pero especialmente para la educación. Evitemos perder la visión del país que todos debemos construir y que a todos nos debe albergar.

101 años de Panamá América

 
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