De eso nadie habla
Un ejemplo de tabú es el conjunto de problemas que enfrentan los estudiantes. Hay un generalizado consenso acerca de la necesidad de crear un plan nacional de educación, y de reformar y modernizar las escuelas y colegios del país con el fin de mejorar y dinamizar nuestras perspectivas de crecimiento a largo plazo. Hay que liberar el sistema educativo actual de rémoras y rigideces que conspiran notoriamente contra su eficiencia, condenando al país a permanecer en un preocupante estado de subdesarrollo. No obstante, el tema, aunque suele estar en las agendas electorales de los sectores políticos, no llega nunca a las mesas de debate y mucho menos a la instancia decisiva del cambio.
La corrupción enquistada en las estructuras de la vida pública, la existencia de partidas estatales reservadas que se manejan discrecionalmente y escapan a todo control, el hecho tristísimo de que Panamá sea uno de los países con mayor número per cápita de muertes por cáncer, el número exorbitante de días libres y fechas puente, el cierre inexcusable de calles por protestas de dirigentes y estudiantes, la ineficiencia del transporte público colectivo y la inseguridad de los "diablos rojos" que se han convertido en trampas de muerte, la contaminación descontrolada de los ríos y playas, la omisión del trámite de licitación pública so pretexto de urgencia notoria, el despido injustificado de empleados públicos, el pago de coimas para agilizar los trámites en las oficinas gubernamentales, y la venta de bebidas alcohólicas a menores de edad en comercios que operan a vista y paciencia de las autoridades, violando expresas disposiciones legales, forman parte asimismo del repertorio de hábitos y situaciones que la mayoría de los habitantes de este país desea eliminar o cambiar y que, sin embargo, se mantienen inmodificables, sin que nadie ose siquiera cuestionarlos o convertirlos en temas de debate.
Un país maduro no puede permanecer impasible ante la subsistencia de normas legales o realidades que chocan con elementales principios de moral, lógica o cordura, o que causan enorme perjuicio al interés general. No es posible que subsistan aun principios o situaciones que fueron entronizados hace mucho tiempo en nuestro ordenamiento legal o en nuestro sistema de costumbres por las presiones de carácter corporativo o por el paso de intereses inconfesables y que desde entonces, se convirtieron en cuestiones intocables, en temas "de los que ni siquiera se habla".
Los panameños nos debemos un profundo debate respecto al tipo de país que queremos, con libertad y sin inhibiciones, para poder avanzar en el terreno de los hechos. Los tabúes son propios de las sociedades atrasadas o enfermas. Que ninguna cuestión de interés general quede afuera del debate público y que todos los sectores de opinión puedan decir su verdad, sin miedos ni cortapisas, en todas aquellas materias que tengan que ver con el bienestar, el progreso o la calidad de vida de los habitantes de este país.
La corrupción enquistada en las estructuras de la vida pública, la existencia de partidas estatales reservadas que se manejan discrecionalmente y escapan a todo control, el hecho tristísimo de que Panamá sea uno de los países con mayor número per cápita de muertes por cáncer, el número exorbitante de días libres y fechas puente, el cierre inexcusable de calles por protestas de dirigentes y estudiantes, la ineficiencia del transporte público colectivo y la inseguridad de los "diablos rojos" que se han convertido en trampas de muerte, la contaminación descontrolada de los ríos y playas, la omisión del trámite de licitación pública so pretexto de urgencia notoria, el despido injustificado de empleados públicos, el pago de coimas para agilizar los trámites en las oficinas gubernamentales, y la venta de bebidas alcohólicas a menores de edad en comercios que operan a vista y paciencia de las autoridades, violando expresas disposiciones legales, forman parte asimismo del repertorio de hábitos y situaciones que la mayoría de los habitantes de este país desea eliminar o cambiar y que, sin embargo, se mantienen inmodificables, sin que nadie ose siquiera cuestionarlos o convertirlos en temas de debate.
Un país maduro no puede permanecer impasible ante la subsistencia de normas legales o realidades que chocan con elementales principios de moral, lógica o cordura, o que causan enorme perjuicio al interés general. No es posible que subsistan aun principios o situaciones que fueron entronizados hace mucho tiempo en nuestro ordenamiento legal o en nuestro sistema de costumbres por las presiones de carácter corporativo o por el paso de intereses inconfesables y que desde entonces, se convirtieron en cuestiones intocables, en temas "de los que ni siquiera se habla".
Los panameños nos debemos un profundo debate respecto al tipo de país que queremos, con libertad y sin inhibiciones, para poder avanzar en el terreno de los hechos. Los tabúes son propios de las sociedades atrasadas o enfermas. Que ninguna cuestión de interés general quede afuera del debate público y que todos los sectores de opinión puedan decir su verdad, sin miedos ni cortapisas, en todas aquellas materias que tengan que ver con el bienestar, el progreso o la calidad de vida de los habitantes de este país.