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De ganado y poder, y poder ganado 


Los ganaderos tienden a quejarse siempre de "lo mal que anda el negocio", pero ninguno se sale. Así mismo son nuestros presidentes. Todos se quejan de lo ingrato del puesto y hasta hubo alguno al que le "picaban los pies" para irse; pero al que no le dio por quedarse le han "picado los pies" para volver.

La perpetuación en el poder por un problema de narcisismo político es una de las taras del sistema democrático. Una vez encumbrados en el solio presidencial, hasta los presidentes más ineptos llegan a convencerse de que "la Patria los necesita por cinco o diez años más" y hacen todos los intentos para perpetuarse en el cargo.

Nuestra Constitución Política es sabia al impedir la reelección por dos períodos inmediatos y cualquier intento de cambiar eso, que no sea vía referéndum, sería un atentado a la Democracia.

Otra necedad es pretender, en un sistema presidencialista como el nuestro, que no gobierne el Presidente sino el partido. Esto con base al argumento de que el partido lo hizo Presidente. Pues resulta que no, que es el pueblo el que escoge al presidente y que hay candidatos que son electos "a pesar" de sus partidos. Sería saludable que los panameños sepamos por delante, antes de votar, si quien recibe nuestro voto es el que va a gobernar, o éste es sólo una fachada para un "comité" de su partido. La Democracia requiere de ciudadanos conscientes que conduzcan la Nación y no de un hato de ganado conducido al matadero.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América