default

De Howard a Manta


El presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, tiene previsto visitar Colombia por algunas horas el próximo 30 de agosto donde se reunirá con su colega anfitrión Andrés Pastrana. Obviamente, será una visita simbólica, no por ello carente de valor. Ella marca el inicio de una ayuda militar de 1,300 millones de dólares a Colombia, para combatir el narcotráfico. El paquete será enriquecido con unos $1,000 millones más de la Unión Europea y otro monto igual del propio gobierno colombiano, para enfrentar la problemática social de la guerra, léase desplazados y reconversión de industria cocalera por cultivos tradicionales.
El llamado "Plan Colombia" nos evoca inconscientemente el "Tormenta en el desierto" de la guerra contra Irak o el "Uvas de la ira" de la guerra de Israel contra Hezbolá o el "Just Cause" de la invasión a Panamá. Viene la guerra.
Un despacho de hace algunas semanas enviado por Henry Raymont, nuestro corresponsal en Washington, hablaba de la participación directa en la guerra de unos mil soldados y civiles estadounidenses, incluyendo unos quinientos operadores de helicópteros de combate Huey y Blackhaw, provistos de ametralladoras y artillería pesadas.
Las unidades norteamericanas en servicio necesitarán de relevo continuo y una base cercana de operaciones que les sirva de apoyo. En verdad hay tres. La más lejana está en Homestead al sur de Florida, otra intermedia en Puerto Rico y una cercana al teatro de operaciones en Ecuador, siendo la última la base aérea de Manta.
Manta ha venido a reemplazar a Howard en la logística de patrullaje aéreo que mantiene Estados Unidos en esta región. Su establecimiento parece confirmar que la guerra empezará por esa zona, al sur de Colombia.
El estado mayor de las fuerzas armadas ecuatorianas advirtió la semana pasada que el recrudecimiento del conflicto en Colombia hundiría las fronteras de sus vecinos; y propuso para Ecuador erigir un "Maginot" de paz, en vez de uno militar, aludiendo a la línea de formidables fortificaciones erigidas en los años 1930 por Francia para protegerse de los alemanes. Por ironía, la línea sucumbió a la primera ofensiva.
Es iluso pensar que la guerra no tocará las puertas de nuestra frontera en Darién, cuando desde hace bastante tiempo la tenemos adentro; sólo que esta vez subirá de intensidad. Es una realidad que no estamos en condiciones de detener o al menos suavizar la marea solos, sin ayuda externa. Y si bien pudiéramos ensayar un "Maginot de Paz" como los ecuatorianos, ello requeriría también de respaldo internacional. En cualquier caso deberíamos gestionar desde ya el respaldo que requeriremos. No esperemos a estar con el agua al cuello para correr a improvisar soluciones.


101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América