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De humillante a humillado


La ingenuidad y la inocencia de los años infantiles y adolescentes suelen conducir al engolosinamiento. También a los adultos que no alcanzan la madurez. De Hugo Chávez Frías, el teniente coronel que se alzó en armas en 1992 contra un gobierno legítimamente constituido, poco se sabía entonces. La lectura ayudó a ubicar al hombre y temprano pudo percibirse la amenaza que contra la democracia venezolana se urdía bajo una sombra tenebrosa. Porque peor que a una inminencia marxista, los venezolanos enfrentaríamos una mezcolanza de comunismo criollo y caribeño, destellos de la izquierda residual, y dosis de peronismo y fascismo. En las elecciones de 1998 una buena parte de la población puso sus esperanzas en Chávez. El tercero más votado después de los presidentes Carlos Andrés Pérez y Jaime Lusinchi. En el 2001 comenzaron a aflorar dudas y la angustia se apoderó de la población. El vocablo "revolución"" pasó a ser parte de la cotidianidad oficialista.
Chávez se hizo de una constitución como un sastre hace un traje a la medida de su cliente. Se creyó lo del hombre mesiánico, predestinado. Algunos, hoy desertores de su afecto que le acompañaron en la aventura del "92, afirman que se cree la reencarnación de Bolívar y se declara, según el país que visite, maoísta, gaitainista, allendista, guevarista o peronista; se dice cristiano y católico y hasta Alá tiene cabida en su amplio corazón. Es supersticioso. Presumiéndose unigénito, erró al pensar que su popularidad no mermaría jamás, que en su camino no habría piedra posible que lo desviara de su proyecto político autoritario, una mezcolanza fascistomarxistoide. Creía o aparentaba creer que la soberanía popular estaba por encima de la constitución y las leyes, se hizo de un tal balcón del pueblo al igual que Evita. Las puertas tienen más de dos años cerradas. La multitud se ha esfumado. Subestimó el poder de la prensa y aunque permite el ataque y la crítica, apela a otros métodos para amedrentarla y que se cobije en la autocensura. Ataca, humilla e insulta a la radio y la televisión, medios más sensibles y sujetos a la intervención del estado. Aunque acorralado y desesperado, sabe que en democracia el político que no escucha ni ve no sobrevive, pero no le importa porque su proyecto es autocrático y dictatorial, apoyado en la fuerza de las armas, no del voto.
Ha humillado a la alta jerarquía de la Iglesia católica, a editores y dueños de los medios de comunicación, a empresarios, a los trabajadores que no se le someten, a profesionales de la medicina, del magisterio y del petróleo. Se burló de Gaviria y denostó a Aznar, Uribe lo incomoda. Chávez se ha inventado magnicidios y golpes de estado, pero no aparecen sospechosos ni detenidos. Acusa a quien se le oponga de fascista, oligarca, golpista. Esta conducta responde a lo que los sicólogos llaman conducta o comportamiento disociativo, es decir, que atribuye a terceros lo que él es. No entiende y tampoco admite que es un mal gobernante y ni idea de un estadista. Es carismático y lo que los venezolanos llamamos ""un vivo"", que les habla a los humildes en su jerga para imponerles su populismo, que tanto mal ha traído a la región y cuya víctima principal han sido paradójicamente los pobres.
Se creyó predestinado y que la mayoría que lo eligió presidente lo acompañaría en su aventura ""revolucionaria"". No se imaginó que ese mismo pueblo lo sometería a un referendo revocatorio, y desde el mismo día que cumplió la mitad de su período (aunque tiene cuatro años y medio en el poder) comenzó la cuenta regresiva. Chávez no quiere saber de la palabra referendo y menos si es revocatorio. Acosado, dispone de los recursos venezolanos como si fueran de su propiedad personal y reparte dinero y petróleo a manos llenas en busca del apoyo internacional; la corrupción que juró combatir rueda libremente y promete dotar de insumos y equipos a los hospitales, viviendas para los pobres, tierras para los campesinos (ocupadas muchas de ellas ilegalmente). Populismo y demagogia en su peor expresión. Hace mofa del referéndum que pide la mayoría, pero cínicamente propone un mega referéndum latinoamericano para declarar una moratoria de la deuda externa. La respuesta ha sido el silencio. Trajo a la mente al ex presidente peruano Alan García.
Chávez no está solo, comparte su soledad con Castro y se apoya en la fuerza de un grupo de militares para conservar el poder. Del respaldo popular sólo queda el mito. Resistirá mientras se sienta apoyado, una vez desnudo repetirá la misma conducta de 1992 y 2002. La entrega. Está cercado, pero recurrirá mientras pueda a la pirotecnia jurídica, a la violencia y a la fuerza para retener el poder y no es de sorprender que llegase a declarar el estado de emergencia. El referendo, lo sabe, lo tiene perdido.
Como militar y, respondiendo a su proyecto autocrático, no entiende ni terminará de entender el juego democrático en el que se gana y se pierde. Los venezolanos, mayoritariamente, no lo quieren más como presidente. Los pueblos no perdonan la traición ni el engaño. Terminó de humillante a humillado.
* Periodista venezolano, coordinador general editorial del Bloque DEARMAS.
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