De justicia y linchamiento
Modernamente, el linchamiento es sancionado, mas en una minoría de sistemas, es excusado dentro del concepto de eximientes de responsabilidad en delitos cometidos al calor de la enajenación colectiva. Hoy prevalece abrumadoramente el criterio de que la justicia debe ser administrada por el Estado a través de jueces, y no por los particulares. Y la compartimos.
En la Biblia aparece por lo menos un caso de tentativa de linchamiento, aceptado legalmente, cuando María Magdalena estuvo a punto de ser muerta a pedradas en plena vía pública, por una multitud enardecida que la acusaba de un delito. Sólo Jesús, como improvisado abogado, impidió entonces la ejecución logrando el perdón sumario, mas no la deslegitimación de la figura.
Lope de Vega, en su célebre "Fuenteovejuna", pregunta dramáticamente a través de su personaje, "Quién mató al Comendador" y el pueblo contesta al enviado del Rey: "¡Fuenteovejuna, Señor!", dando a la literatura universal uno de sus clásicos ejemplos de magnicidio o linchamiento de un gobernante.
Pero la historia registra muchos otros casos. Así, Benito Mussolini, el dictador italiano, fue linchado por su pueblo, e igual suerte corrió décadas después Nicolai Caesescu, su similar rumano. En ambos, aunque crímenes en su sentido material, nadie fue encausado, y hasta se les considera una manifestación contemporánea del antiguo concepto de justicia popular.
No recordamos un caso reciente de linchamiento en nuestro país, antes del ocurrido hace pocos días en Paraíso, San Miguelito. Un hombre murió luego de ser aparentemente sorprendido dentro de una residencia ajena, ocupada por una mujer; luego de lo cual murió tras ser capturado, golpeado y amarrado por una decena de residentes airados. ¿Linchamiento? Lo más probable que no, dado que la víctima no murió por causa de los golpes, y que el Código Penal no lo tipifica con sus exactos perfiles. Pero el hecho vale para este análisis.
¿Qué hace que la gente, - como ocurrió hace algunos años en Nicaragua, cuando un grupo de vecinos, hartos con unos delincuentes que siempre salían impunes, terminaron linchándolos y quemando sus cuerpos en plena vía pública -, se salga del camino y obvie los trámites de la justicia formal, tomándola por su propia mano? La respuesta es evidente. La inexistencia de justicia, la corrupción, e inefectividad de los jueces. En un país donde el que denuncia es preso, los delincuentes son impunes y los corruptos no son investigados, no podemos esperar otra cosa. Si no mejoramos la administración de justicia, tendremos más hechos como el de San Miguelito, sobre todo, en casos de delitos contra el pudor.
En la Biblia aparece por lo menos un caso de tentativa de linchamiento, aceptado legalmente, cuando María Magdalena estuvo a punto de ser muerta a pedradas en plena vía pública, por una multitud enardecida que la acusaba de un delito. Sólo Jesús, como improvisado abogado, impidió entonces la ejecución logrando el perdón sumario, mas no la deslegitimación de la figura.
Lope de Vega, en su célebre "Fuenteovejuna", pregunta dramáticamente a través de su personaje, "Quién mató al Comendador" y el pueblo contesta al enviado del Rey: "¡Fuenteovejuna, Señor!", dando a la literatura universal uno de sus clásicos ejemplos de magnicidio o linchamiento de un gobernante.
Pero la historia registra muchos otros casos. Así, Benito Mussolini, el dictador italiano, fue linchado por su pueblo, e igual suerte corrió décadas después Nicolai Caesescu, su similar rumano. En ambos, aunque crímenes en su sentido material, nadie fue encausado, y hasta se les considera una manifestación contemporánea del antiguo concepto de justicia popular.
No recordamos un caso reciente de linchamiento en nuestro país, antes del ocurrido hace pocos días en Paraíso, San Miguelito. Un hombre murió luego de ser aparentemente sorprendido dentro de una residencia ajena, ocupada por una mujer; luego de lo cual murió tras ser capturado, golpeado y amarrado por una decena de residentes airados. ¿Linchamiento? Lo más probable que no, dado que la víctima no murió por causa de los golpes, y que el Código Penal no lo tipifica con sus exactos perfiles. Pero el hecho vale para este análisis.
¿Qué hace que la gente, - como ocurrió hace algunos años en Nicaragua, cuando un grupo de vecinos, hartos con unos delincuentes que siempre salían impunes, terminaron linchándolos y quemando sus cuerpos en plena vía pública -, se salga del camino y obvie los trámites de la justicia formal, tomándola por su propia mano? La respuesta es evidente. La inexistencia de justicia, la corrupción, e inefectividad de los jueces. En un país donde el que denuncia es preso, los delincuentes son impunes y los corruptos no son investigados, no podemos esperar otra cosa. Si no mejoramos la administración de justicia, tendremos más hechos como el de San Miguelito, sobre todo, en casos de delitos contra el pudor.