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De La Cáscara y Calle 13


Pasado los carnavales "del Milenio", nos saludó la noticia de que la sección correspondiente del Ministerio de Gobierno, había suspendido las emisiones de los programas: La Cáscara y Calle 13, así como las licencias de sus respectivos conductores. Según los argumentos que sustentaban las medidas, el contenido de los mismos atentaba contra la moral y las buenas costumbres del público televidente. No voy a entrar a defender o rechazar la validez de la decisión adoptada por el Ministerio respectivo, pues debo confesar que no vi en detalle las proyecciones referidas. Es cierto que en muchas ocasiones he sentido aversión por el lenguaje verbal y gestual utilizado más nuestro espíritu de cientista social llega más allá de la forma, recordando que metodológicamente no es correcto analizar los hechos desde una perspectiva simplista y mecánica.
¿Por qué decimos esto... ? Porque no hay que olvidar que "los medios de comunicación masiva no son estructuras al margen de la sociedad, sino por el contrario, están determinados por el sistema social en el que existen y se desenvuelven" (La Influencia de la Comunicación de Masas en la Mujer, la Niñez y la Familia 1980). Esto implica que aunque hay que atender la expresión de los hechos, lo medular pasa por el trasfondo de los mismos, sus motivos, causas y consecuencias. El carácter de la influencia de los medios de comunicación, (valga decir programas) está marcado por lo que el sistema social se proponga hacer del futuro ciudadano" (Op cit.).
Es decir, aunque los medios masivos forman valores, actitudes y opiniones, constituyen a la vez, reflejo de lo que acontece en la sociedad. En lo que se discute tendríamos que reconocer con honestidad, que los conductores no inventan los argumentos que exhiben. Basta con darse una vuelta por los carnavales de Las Tablas y haberlos disfrutado antes, para comprender cómo el deterioro de las tradiciones vernaculares, el alcoholismo, la drogadicción en general y la burda sexualidad, es el protagonismo de miles de jóvenes, muchos casi niños y niñas, a ciencia y paciencia de las autoridades responsables de velar por la salud social, incluida "la moral y buenas costumbres", especialmente de los que están en formación.
De igual manera, convendría analizar y ponderar la gran cantidad de enlatados y cuñas publicitarias que no sólo trasgreden la moral y buenas costumbres, tan ponderadas por algunos, que como diría Jean-Paul Sartre, lo invocan para encubrir conductas de mala fe, racionalizando una mentira a tal punto de engañarse a sí mismo, para engañar a los demás (J.P. Sartre : "El Ser y la Nada").
Un propósito realmente científico y adecuado, nos llevaría a promover políticas verdaderamente positivas en la formación y consolidación de los valores culturales, patrióticos y nacionales como prerrequisito fundamental a la estructuración de la personalidad del hombre y mujer panameña, requerido para el desarrollo de nuestra sociedad. Implica vigilar de verdad, toda la basura ideológica que promueven las transnacionales de la comunicación, como estrategia de penetración y dominación cultural, política y económica, que no sólo persigue deformar nuestra identidad personal y nacional, sino además "imponer su cultura, sus valores, costumbres, hábitos de vida, modos de pensar y estereotipos... su falsa moral, su prepotencia para conformar una personalidad individualista, fácilmente moldeable y adecuada a sus intereses" (Op. Cit.).
En definitiva, nuestras consideraciones respecto al cierre de La Cáscara y Calle 13, nos lleva a cuestionar la medida, porque fue aplicada sin permitirle a los sancionados defenderse y contraría el fundamento del mentor ideológico del partido en el poder "El que sanciona una causa sin oír la parte opuesta, aunque sancione lo justo injustamente sanciona". Por otro la problemática requiere una atención integral, ya que la fiebre no está en la sábana, habría que remitirse a un análisis y valoración del comportamiento social, expresión fielmente retratada en las emisiones televisivas. Más allá.

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