De la guerra fría a la paz tropical
En la reciente Cumbre de las Américas se empezó a derretir el último témpano de la Guerra Fría. Tras la caída del Muro de Berlín, el último gancho de la Cortina de Hierro está por ser removido, pero no está claro qué nos espera. En las últimas semanas hemos leído muchas frases amistosas, atrás quedó el hedor a azufre del que hacía referencia el presidente venezolano. Castro pregunta a congresistas norteamericamos cómo ayudar a Obama; Obama le dice a Chávez: “¿Cómo estás?”; y él a Obama “Quiero ser tu amigo”. Sólo faltaban las notas de un bolero tropical. Nunca se ha visto cortejo tan galante entre países enemigos, y nos tenemos que alegrar que la crispación geopolítica abra paso a una nueva era de buena vecindad. Pero, ¿cuál es su alcance?
Si las causas de las sanciones a Cuba eran las violaciones a los Derechos Humanos -además de las que se cometían en Guantánamo- y la existencia de presos políticos con procesos amañados -además de los que daban en Guantánamo- y la falta de libertad de salir de Cuba -además de la de ir a Cuba desde Estados Unidos (EE.UU.)-, podríamos concluir que ya que EE.UU. ha decidido cerrar Guantánamo, liberar o repatriar a los presos allí detenidos y permitir libremente los viajes a Cuba, entonces la isla hará otro tanto con su lado del problema. También podemos suponer que ya que a Obama le preocupa cómo está Chávez y que éste quiere ser su amigo, ya no habrá más hedor en los discursos en Naciones Unidas, el régimen venezolano dejará de perseguir a sus adversarios políticos y de ofrecerse como plataforma para los intereses iraníes en América; y Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Álvaro Uribe no buscarán reelecciones eternas.
Si estamos a la espera de reemplazar la guerra fría por una paz tropical, preparémonos porque será bullanguera.