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De La Lastra y la censura


En los últimos 17 meses, González De La Lastra, es el segundo director de El Universal que sale en un ambiente de rumores sobre presiones del Ejecutivo. Ahora la trama parece incluir amenazas solapadas, que desmiente la Ministra de la Presidencia Ivonne Young. No resulta extraño que la saga de la destitución del Director de un periódico ocupe las planas de la semana. La necesidad de escaparnos de la dura realidad convoca una capacidad inaudita de imbuirnos en intimidades con ribetes novelescos. Hasta nos hace olvidar a ratos la ingrata desaceleración económica.
La destitución provoca todo un serial rocambolesco. Por un lado, el accionista Rodín, arguye en un segundo capítulo, que el periódico dejó de estar "abierto a todas las opiniones, controlado por ninguna", para ponerse al servicio de los intereses del Director De La Lastra, mientras libera de responsabilidad al Ejecutivo. El PRD por su parte, ingresa al reparto, buscando el estrellato que en raras ocasiones la historia le niega. Obtiene su cuota de protagonismo lanzando un sorpresivo comunicado en apoyo a Carlos Ernesto, su adversario antológico, quien hacía sólo horas declaraba haber sido exilado. Algunos creíamos haberlo visto todo. El PDC tampoco pretende quedar fuera y hace lo propio, siempre en defensa de la libertad de expresión.
El dilema para un medio se ubica en escoger entre una línea editorial crítica vs una postura de mayor balance y menos conflictiva con un Estado que no pocas veces reacciona exagerando el poder de aquellos, mientras acaricia con tentación la censura.
Muchos reconocen en De La Lastra, una dirección montada sobre el filo de la navaja que supone la vía crítica al gobierno y contra la presencia militar norteamericana. Como estrategia de mercadeo, entendió la necesidad de diferenciarse del líder del segmento standard La Prensa, y asume riesgo al correr el posicionamiento del periódico más hacia el polo opositor.
El periodista llorón y la mamá que lo pellizca. La prensa, en su estado natural, dispone de tal vocación crítica que si hoy la Presidenta caminara sobre las aguas, los titulares desplegarían "Mireya no sabe nadar". La presión de ganar lectores la obliga a problematizar la realidad y devenir en piedra en el zapato. Lo malo dispone de gran espectacularidad intrínseca para capturar lectores. Por su parte, los equipos de relaciones públicas, en su necesidad de colocar información que luzca a su institución, lógicamente colisionan con aquella vocación dramatizadora. Resulta así natural la tensión medios vs. Estado.
Aquellos que valorizan en demasía el poder de los medios, entre ellos algunos políticos, le asignan el inmenso poder de manipular la opinión. Las reacciones a las publicaciones resultan en veces tan exageradas que evidencian la creencia de que el público deglute las ideas como quien pasa una píldora, sin meditarlo demasiado. Para ellos, la idea corre directo del medio a la mente, mientras salta las barreras del pensamiento crítico de la audiencia. Nada más alejado de la verdad, sobretodo referido al lector de periódico quien dispone de opiniones maduras.
El hecho de que aparezca desplegada, sólo garantiza que el público debatirá la idea. El medio propone, la audiencia dispone. No haría sentido negar publicidad a un crítico, sólo para rehuir debate. Además, el Estado defendería su razón con el mejor recurso: la inteligencia de sus funcionarios. El culpable del deterioro de imagen se ubicaría en aquel que en vez de talento, reclutó amiguitos. Entonces no quedaría más remedio que parapetar ineptitud tras la censura cobarde, mientras rehuye combate.
Los medios tampoco resultan inocuos. Disponen del nada despreciable poder de poner sobre el tapete qué temas del concierto social de eventos debatirá la opinión pública, mientras otros los relega al olvido. Por supuesto, pueden incluir su opinión, mas nunca imponer sus ideas. Toda institución pública o privada, centrada en construir imagen, necesitará ejercer presión sutil sobre el contenido de lo que publicado, para doblegar aquella vocación de piedra en el zapato. Así, que De La Lastra recibiera presiones, no parecería inusual. Pero quién define la línea donde la presión deja de ser sutil para convertirse en avasalladora.
Mientras la idea propuesta más se apoye en creencias y valores preestablecidos, mayores posibilidades tendrá de ser admitida. En el 87, medios como KW Continente, Radio Impacto y el periódico La Prensa, levantaron a la población contra Noriega, porque existía de antemano descontento. El régimen de turno creyó que clausurando y reventando instalaciones resolvía la situación. Hoy aquellos tres "muertos" gozan de muy buena salud, no tanto así el General censurador.
Los medios para nada resultan imbatibles. En la campaña 84, a Arnulfo se le negó el acceso a uno tan poderoso como la televisión. En los Referéndum 93 y 98, la inversión en medios estuvo del lado del Sí oficialista. Mientras el No se apoyó en creencias y valores que hicieron a los electores inmunes a los mensajes mediáticos contrarios. Medios y políticos comparten una rara virtud histórica: mientras más se les censura más influyen sobre la opinión pública. Las premisas de la práctica de las libertades de expresión y pensamiento, aúpan una conclusión plena de lógica: bien lo dice Torrijos, no existe bala que mate un ideal. Así como la retórica sigue venciendo al sable; la ineptitud se sirve de la máscara de la censura.

101 años de Panamá América

 
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