De la luz a la oscuridad
En reciente foro internacional de trabajadores sindicalizados celebrado en Panamá, nos tocó participar en un panel sobre los procesos de privatización, y en el caso nuestro, hablé de la experiencia panameña. La oportunidad fue buena, porque pudimos dar a conocer cómo hemos sido timados los panameños, con el cuento que la privatización es sinónimo de mejor servicio, eficiencia y precios más bajos.
Como si tuviéramos conocimiento que para el próximo año se decretaría un incremento de la energía que sufriríamos cada uno de los panameños, denunciamos la amarga experiencia que estamos viviendo desde que se privatizó este servicio, que el precio de la luz ha subido o sea, pagamos más luz hoy en día que hace un par de años; que el servicio, muy a pesar de la privatización, es pésimo y la palabra pésimo tiene la connotación clara que el servicio eléctrico se interrumpe en cualquier momento y cuando regresa te quema un televisor, un radio, o la refrigeradora. Lo peor de lo anterior es que a la hora de buscar responsables en estas empresas, lanzan al cliente de una compañía a otra y al final nadie paga los daños sufridos por los aparatos eléctricos. Ante ello, la CLICLAC y el Ente Regulador han resultado improductivos para el pueblo.
Ahora bien, lo anterior es tema obligado, pero no lo novedoso; lo nuevo es el aumento de al tarifa eléctrica decretado a partir del próximo año por la compañía ELECRA, éste lo podemos considerar como un aumento legal, pero no moral. Y es legal porque así lo permite el contrato firmado por el Estado con esas empresas transnacionales, por otro lado, este aumento es inmoral por dos razones fundamentales:
La primera es que en la facturación que hace la empresa a los panameños de manera constante, el servicio ha venido sufriendo aumentos en las famosas lecturas que le hacen a nuestros medidores, supuestamente, mensualmente y este aumento las empresas eléctricas lo justifican diciendo que hemos gastado tal mes más energía, con todo y que cada uno de nosotros, en su mayoría, no esta por más de 11 horas en su hogar y los artefactos eléctricos siguen siendo los mismos, y gran parte del pueblo no tiene aire acondicionado y si lo tiene, ni lo usa por las razones ya conocidas.
El segundo aspecto guarda relación con el medio ambiente. Este año ha llovido desde el mes de marzo con una suma intensidad y aún no para de llover, eso hacía suponer al panameño común que no se buscaría como excusa que las hidroeléctricas se estaban secando y que por ende, usaríamos las plantas termoeléctricas que funcionan con combustible y esto haría aumentar la tarifa. Sin embargo, estas empresas eléctricas están usando como excusa al incremento del petróleo; nada más falso. Durante todo el año, el precio del petróleo ha estado fluctuando, sube y baja; lo grave es que cuando baja, el costo de la electricidad no disminuye para el pueblo y las empresas nacionales.
Pronto vendrá el momento en que los gobiernos con liderazgo sólidos revisarán todos estos procesos de privatización y entonces llegará la desprivatización, que no es más que la reconversión de dichas empresas a manos estatales, de donde no debieron haber salido nunca, porque corresponden al sector social, la luz, agua y telefonía, pertenecen al pueblo como forma de vida digna. Señores del gobierno y pueblo en general, que nos sirva esta amarga experiencia para evitar un trauma similar con las famosas privatización o concesión administrativa del agua a una empresa privada nacional o internacional.
Como si tuviéramos conocimiento que para el próximo año se decretaría un incremento de la energía que sufriríamos cada uno de los panameños, denunciamos la amarga experiencia que estamos viviendo desde que se privatizó este servicio, que el precio de la luz ha subido o sea, pagamos más luz hoy en día que hace un par de años; que el servicio, muy a pesar de la privatización, es pésimo y la palabra pésimo tiene la connotación clara que el servicio eléctrico se interrumpe en cualquier momento y cuando regresa te quema un televisor, un radio, o la refrigeradora. Lo peor de lo anterior es que a la hora de buscar responsables en estas empresas, lanzan al cliente de una compañía a otra y al final nadie paga los daños sufridos por los aparatos eléctricos. Ante ello, la CLICLAC y el Ente Regulador han resultado improductivos para el pueblo.
Ahora bien, lo anterior es tema obligado, pero no lo novedoso; lo nuevo es el aumento de al tarifa eléctrica decretado a partir del próximo año por la compañía ELECRA, éste lo podemos considerar como un aumento legal, pero no moral. Y es legal porque así lo permite el contrato firmado por el Estado con esas empresas transnacionales, por otro lado, este aumento es inmoral por dos razones fundamentales:
La primera es que en la facturación que hace la empresa a los panameños de manera constante, el servicio ha venido sufriendo aumentos en las famosas lecturas que le hacen a nuestros medidores, supuestamente, mensualmente y este aumento las empresas eléctricas lo justifican diciendo que hemos gastado tal mes más energía, con todo y que cada uno de nosotros, en su mayoría, no esta por más de 11 horas en su hogar y los artefactos eléctricos siguen siendo los mismos, y gran parte del pueblo no tiene aire acondicionado y si lo tiene, ni lo usa por las razones ya conocidas.
El segundo aspecto guarda relación con el medio ambiente. Este año ha llovido desde el mes de marzo con una suma intensidad y aún no para de llover, eso hacía suponer al panameño común que no se buscaría como excusa que las hidroeléctricas se estaban secando y que por ende, usaríamos las plantas termoeléctricas que funcionan con combustible y esto haría aumentar la tarifa. Sin embargo, estas empresas eléctricas están usando como excusa al incremento del petróleo; nada más falso. Durante todo el año, el precio del petróleo ha estado fluctuando, sube y baja; lo grave es que cuando baja, el costo de la electricidad no disminuye para el pueblo y las empresas nacionales.
Pronto vendrá el momento en que los gobiernos con liderazgo sólidos revisarán todos estos procesos de privatización y entonces llegará la desprivatización, que no es más que la reconversión de dichas empresas a manos estatales, de donde no debieron haber salido nunca, porque corresponden al sector social, la luz, agua y telefonía, pertenecen al pueblo como forma de vida digna. Señores del gobierno y pueblo en general, que nos sirva esta amarga experiencia para evitar un trauma similar con las famosas privatización o concesión administrativa del agua a una empresa privada nacional o internacional.