default

De la quinta columna al cuarto poder


La libertad antes de ser un derecho fue una conquista. Para ser libre se requiere una condición previa: la de no estar sometido a sujeción o dependencia alguna, a excepción de la autocrítica. Ser libre implica poder discernir entre lo bueno y lo malo (moral), entre lo más conveniente (psicología) y entre lo verdadero y lo falso (ciencia).

La libertad pues, es un estado voluntario del discernimiento en una condición biopsiocosocial suficiente que permita su ejercicio responsable. En cuanto a la libertad de expresión, ella es uno de los derechos fundamentales que la humanidad ha conquistado con sangre, sudor y lágrimas y a la que más le temen los regímenes autoritarios y en consecuencia, es a la que primero atacan.

En una democracia que se precie, el gobierno no sólo debe permitir la libertad de expresión, debe protegerla e incentivarla, porque de la veracidad, precisión y calidad de la opinión pública dependerá la calidad de las instituciones democráticas, en un círculo virtuoso que redundará en beneficio del país.

Como vemos, la libertad de expresión es muy vulnerable. Depende en primer lugar de la responsabilidad individual, de la conciencia cívica de los ciudadanos, de su interés por manifestarse y de su capacidad para evaluar lo que se le somete a juicio. Condiciones que están inextricablemente relacionadas con el grado de culturización de la sociedad. Una sociedad pobremente educada no sabrá expresarse con claridad y no puede ser plenamente responsable de la veracidad y de la calidad de sus opiniones, pues siempre estará sometida a la peor de las esclavitudes, a la esclavitud de la ignorancia. José Ingenieros decía con razón: “Estudia y no serás cuando crecido juguete vulgar de las pasiones ni esclavo servil de los tiranos”. En segundo lugar, la libertad de opinión depende también del respeto que le tenga el gobierno y de la formación académica y moral de los políticos y funcionarios de las instituciones públicas y privadas (sociedad civil). Por último, de la excelencia y honestidad de quienes ejercen el periodismo. No sólo como profesión remunerada, sino como derecho ciudadano de opinión pública. Libertad que no pocas veces el periodismo asociado y los medios de comunicación, discriminan, obstaculizan y niegan.

Lo que al periodismo se le debe exigir, es lo mismo que exigimos de nuestros conciudadanos, de los maestros que nos forman y de los políticos que nos representan: compromiso, responsabilidad, honestidad, excelencia, veracidad y lealtad a la palabra. Decía César Jaroslavsky: “Los medios suelen atacar a los gobiernos como si fueran un partido político, pero se defienden bajo la libertad de prensa”

Utilizar la libertad de expresión para otros fines que no sean el bien común y la protección de la democracia, es someterla a la quinta columna de los grupos elitistas de presión económica o de los medios de comunicación utilizados como cuarto poder en un país corrupto y débil.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América