De las reacciones a un discurso de todo y para todos
El 19 de agosto significó un hito importante en la historia institucional del PRD. Este partido con un pasado y recuerdo que poseen una fuerza infinita, y aunque brote una dolorosa etapa de ellos, ha escrito y seguirá escribiendo las páginas más gloriosas de los últimos 50 años.
Del contenido del discurso del secretario general del partido más democrático de nuestro país, lo que ha herido a los adversarios políticos ha sido la elocuencia sirviendo a la verdad. Las respuestas de ministros de Estado, jefes políticos y toda la gavilla de amanuenses de turno han sido penosas. Ninguno ha dicho cómo pueden resolver lo que ha sido justamente denunciado y proclamado. Las respuestas han variado de orientaciones, desde recurrir a agresiones dirigidas a los progenitores, pasando por irrespetar ilustres ciudadanos de este país, y criticar actuaciones pasadas.
Sobre el pasado podemos hablar, pero desde 1903 hasta ahora. No obstante, pienso que esa pelea ya se ganó por KO, con árbitros neutrales y por supuesto, fuera de Nevada. Cuando más se ataque a Omar Torrijos más clara es la envidia a sus logros; y ante tantas embestidas, sólo queda concluir que la envidia es una especie de alabanza. Refrescando las enseñanzas de Aristóteles, un Estado a veces es gobernado mejor por un hombre excelente que por una excelente ley.
La realidad de hoy en nuestro país no es patrimonio ni de Porras, Arias u Omar Torrijos. Cada uno con virtudes y defectos tiene su lugar en la historia de este país. A ningún porrista o torrijista se le ha ocurrido endilgarle los fracasos, que no son pocos, de esta administración al ex presidente Arnulfo Arias. La culpa o los logros es y será de quienes gobiernan el presente, y el que quiera gobernar debe oír y no hacerse el sordo, ver y no hacerse el ciego.
A los responsables de dirigir la educación en nuestro país, les corresponde tener claro que ellos deberían educarse, antes de dedicarse a perfeccionar a los demás. Verdaderamente, en proporción a lo mucho que hay por hacer en este campo, es tan poco lo que se sabe realizado por esta administración, que es vergonzoso ver cómo funcionarios despilfarran los recursos que deben ser destinados a preparar y remunerar adecuadamente al ciudadano más noble de una nación, el maestro. Escuelas sin reparar, aulas sin útiles, maestros sin recibir sus sueldos a tiempo, ( la lista es extensa, pero por razones de economía de espacio la limito) han sido las características de la actuación de este ministerio.
Ojalá, pudiésemos aplaudir todo lo contrario, como por ejemplo que todas las escuelas públicas tengan acceso y equipos de internet. Esto es posible, con voluntad y recursos ordenadamente administrados. Si tuviésemos dirigentes públicos en materia de educación aptos y no intelectualmente valetudinarios, esos funcionarios serían capaces de grandes hechos, sabiéndose librar de la pereza de esfuerzo y adoptando confianza en que se ha de lograr lo que seriamente se propone. Empero, es clara la vocación de gestores de panificadoras en el Ministerio de Educación. De todo es conocida la tentativa de galleticidio que se abortó antes de consumarse el delito. Consecuentemente, a nadie le queda duda que en este país los proyectos de educación no son gestionados actualmente en la forma debida.
Quizás, aunque son unos críticos del endeudamiento, y sin haber hecho nada por r8educirlo a pesar de que en los últimos 12 años, siete son de gestiones arnulfistas, lo que hace falta es precisamente endeudamiento responsable para progresar en materia educativa. A propósito, de los ochocientos millones de endeudamiento fresco que lleva esta administración en menos de dos años, nos gustaría saber, ¿cuánto ha sido destinado a educación? La respuesta lo más 8seguro sería aterradora, confirmando entre muchas situaciones desagradables, que este régimen también se endeuda, pero de forma imprudente, porque sospechamos de su pobre ejecutoria.
El porvenir de este país está, en gran parte, en el Ministerio de Educación. Los estudiantes de una nación son los depositarios de la posteridad, y ello Napoleón lo advirtió: "cada hora perdida con la sagrada juventud es una probabilidad de desgracia para el porvenir". Por favor no ataquen ahora a Napoleón. Pudiésemos experimentar, también otro fracaso, pero en la diplomacia internacional. jacha@sinfo.net
Del contenido del discurso del secretario general del partido más democrático de nuestro país, lo que ha herido a los adversarios políticos ha sido la elocuencia sirviendo a la verdad. Las respuestas de ministros de Estado, jefes políticos y toda la gavilla de amanuenses de turno han sido penosas. Ninguno ha dicho cómo pueden resolver lo que ha sido justamente denunciado y proclamado. Las respuestas han variado de orientaciones, desde recurrir a agresiones dirigidas a los progenitores, pasando por irrespetar ilustres ciudadanos de este país, y criticar actuaciones pasadas.
Sobre el pasado podemos hablar, pero desde 1903 hasta ahora. No obstante, pienso que esa pelea ya se ganó por KO, con árbitros neutrales y por supuesto, fuera de Nevada. Cuando más se ataque a Omar Torrijos más clara es la envidia a sus logros; y ante tantas embestidas, sólo queda concluir que la envidia es una especie de alabanza. Refrescando las enseñanzas de Aristóteles, un Estado a veces es gobernado mejor por un hombre excelente que por una excelente ley.
La realidad de hoy en nuestro país no es patrimonio ni de Porras, Arias u Omar Torrijos. Cada uno con virtudes y defectos tiene su lugar en la historia de este país. A ningún porrista o torrijista se le ha ocurrido endilgarle los fracasos, que no son pocos, de esta administración al ex presidente Arnulfo Arias. La culpa o los logros es y será de quienes gobiernan el presente, y el que quiera gobernar debe oír y no hacerse el sordo, ver y no hacerse el ciego.
A los responsables de dirigir la educación en nuestro país, les corresponde tener claro que ellos deberían educarse, antes de dedicarse a perfeccionar a los demás. Verdaderamente, en proporción a lo mucho que hay por hacer en este campo, es tan poco lo que se sabe realizado por esta administración, que es vergonzoso ver cómo funcionarios despilfarran los recursos que deben ser destinados a preparar y remunerar adecuadamente al ciudadano más noble de una nación, el maestro. Escuelas sin reparar, aulas sin útiles, maestros sin recibir sus sueldos a tiempo, ( la lista es extensa, pero por razones de economía de espacio la limito) han sido las características de la actuación de este ministerio.
Ojalá, pudiésemos aplaudir todo lo contrario, como por ejemplo que todas las escuelas públicas tengan acceso y equipos de internet. Esto es posible, con voluntad y recursos ordenadamente administrados. Si tuviésemos dirigentes públicos en materia de educación aptos y no intelectualmente valetudinarios, esos funcionarios serían capaces de grandes hechos, sabiéndose librar de la pereza de esfuerzo y adoptando confianza en que se ha de lograr lo que seriamente se propone. Empero, es clara la vocación de gestores de panificadoras en el Ministerio de Educación. De todo es conocida la tentativa de galleticidio que se abortó antes de consumarse el delito. Consecuentemente, a nadie le queda duda que en este país los proyectos de educación no son gestionados actualmente en la forma debida.
Quizás, aunque son unos críticos del endeudamiento, y sin haber hecho nada por r8educirlo a pesar de que en los últimos 12 años, siete son de gestiones arnulfistas, lo que hace falta es precisamente endeudamiento responsable para progresar en materia educativa. A propósito, de los ochocientos millones de endeudamiento fresco que lleva esta administración en menos de dos años, nos gustaría saber, ¿cuánto ha sido destinado a educación? La respuesta lo más 8seguro sería aterradora, confirmando entre muchas situaciones desagradables, que este régimen también se endeuda, pero de forma imprudente, porque sospechamos de su pobre ejecutoria.
El porvenir de este país está, en gran parte, en el Ministerio de Educación. Los estudiantes de una nación son los depositarios de la posteridad, y ello Napoleón lo advirtió: "cada hora perdida con la sagrada juventud es una probabilidad de desgracia para el porvenir". Por favor no ataquen ahora a Napoleón. Pudiésemos experimentar, también otro fracaso, pero en la diplomacia internacional. jacha@sinfo.net