De lo absurdo a lo ridículo
La ciudadanía está espantada con la ley de derecho de autor que ha aparecido en Panamá y que nadie conocía. Sinceramente, yo que escucho y leo, estaba fuera de conocimiento con relación a la misma. Repentinamente ha explotado el escándalo y todavía no la conozco bien sino a través de los comentaristas. Pero, con lo que he escuchado, pienso que se le fue la mano a los autores y a los legisladores que no leyeron el proyecto antes de aprobarlo.
Quisiera que alguien me explicara cómo van a desenredar esta madeja que no tiene ni pies ni cabeza. Sinceramente, hasta donde he escuchado, ni la misma sociedad de autores tiene claro cómo será la protección y hasta dónde llegan sus derechos. Si bien es cierto que siempre he creído en la protección a escritores (yo lo soy), compositores, pintores, etc. también es cierto que no se puede abusar.
No entiendo bien cómo es eso de que algunas personas fueron por vía Argentina, por restaurantes y bares cobrando por el uso de un televiso de acuerdo a las sillas que tenía e el negocio. Esto se lo escuché al periodista Rubén Murgas en su programa radial del jueves 7 de diciembre. ¿Quién autorizó a esas personas a efectuar esos cobros? Si la ley no ha sido reglamentada, ¿sobre la base de qué hacen un alcance y eso es lo que debe pagar cada negocio? Está bien que si yo escribo un libro y lo inscribo en el Ministerio de Educación, tengo derecho de autor para evitar que otra persona me lo plagie o lo edite por su propio medio y sin mi permiso. Está bien que si yo escribo una canción debo ser resarcida por grabaciones que se hagan de la misma. Pero eso debe ser a nivel de las compañías que graban y reconocerle una cuota por cada disco que se venda.
Pero, de allí a que las personas que escuchan la música tengan que pagar por escucharla, no me parece justo. Me pregunto qué harán las emisoras de radio, las discotecas, la música ambiental que se escucha en negocios, oficinas, algunos durante 24 horas al día, ¿se le aplicaría esa cuota? No comprendo por qué un taxista que tiene un equipo de sonido en su carro tenga que pagar por escuchar las canciones de su predilección.
Me parece que la sociedad de autores no se ha dado cuenta de lo que perderán si las radios y lugares donde se toca música, dejan de hacerlo. Si una emisora quiere poner un disco de Osvaldo Ayala, tiene que pagarle cada vez que lo haga cuando más bien es una propaganda para el autor el que las emisoras toquen esas canciones. Sería bueno revisar esa ley completamente absurda porque a quién pago cuando escuche la Quinta Sinfonía de Bethoven. Ya veo a Mario Rognoni enviándole 25 centavos a Vivaldi cada vez que ponga su música como tema de su programa.
Realmente me parece ridículo lo que está sucediendo y ojalá recapaciten.
Y el otro ridículo que veo es poner multa e impuesto a los carros comerciales que llevan el nombre de las compañías que representan y que son de su propiedad.
Algo se está respirando en el ambiente que embrutece a la gente y los hace tomar actitudes ridículas y absurdas. La capa de Ozono debe estar influyendo en la mente de la gente que no les permite a sus neuronas que trabajen normalmente.
De dónde sacarán los encargados de hacer leyes o decretos, esas actuaciones que, de ridículas que son rayan en la estupidez. Ojalá que reaccionen a tiempo y no causen problemas complicados que luego sea difícil solucionar. Las reacciones negativas e impensadas son peligrosas. La vida es como un juego de dominó; cuando se equivoca el jugador en la colocación de una ficha y pone la que no debe, repercute en el resto del juego. Por esto se piensa tanto antes de llevarla a cabo. Los panameños actuamos por impulso y luego veremos en el camino cómo se emparejan las cargas. Eso no es correcto porque los errores pueden traer serias consecuencias.
Quisiera que alguien me explicara cómo van a desenredar esta madeja que no tiene ni pies ni cabeza. Sinceramente, hasta donde he escuchado, ni la misma sociedad de autores tiene claro cómo será la protección y hasta dónde llegan sus derechos. Si bien es cierto que siempre he creído en la protección a escritores (yo lo soy), compositores, pintores, etc. también es cierto que no se puede abusar.
No entiendo bien cómo es eso de que algunas personas fueron por vía Argentina, por restaurantes y bares cobrando por el uso de un televiso de acuerdo a las sillas que tenía e el negocio. Esto se lo escuché al periodista Rubén Murgas en su programa radial del jueves 7 de diciembre. ¿Quién autorizó a esas personas a efectuar esos cobros? Si la ley no ha sido reglamentada, ¿sobre la base de qué hacen un alcance y eso es lo que debe pagar cada negocio? Está bien que si yo escribo un libro y lo inscribo en el Ministerio de Educación, tengo derecho de autor para evitar que otra persona me lo plagie o lo edite por su propio medio y sin mi permiso. Está bien que si yo escribo una canción debo ser resarcida por grabaciones que se hagan de la misma. Pero eso debe ser a nivel de las compañías que graban y reconocerle una cuota por cada disco que se venda.
Pero, de allí a que las personas que escuchan la música tengan que pagar por escucharla, no me parece justo. Me pregunto qué harán las emisoras de radio, las discotecas, la música ambiental que se escucha en negocios, oficinas, algunos durante 24 horas al día, ¿se le aplicaría esa cuota? No comprendo por qué un taxista que tiene un equipo de sonido en su carro tenga que pagar por escuchar las canciones de su predilección.
Me parece que la sociedad de autores no se ha dado cuenta de lo que perderán si las radios y lugares donde se toca música, dejan de hacerlo. Si una emisora quiere poner un disco de Osvaldo Ayala, tiene que pagarle cada vez que lo haga cuando más bien es una propaganda para el autor el que las emisoras toquen esas canciones. Sería bueno revisar esa ley completamente absurda porque a quién pago cuando escuche la Quinta Sinfonía de Bethoven. Ya veo a Mario Rognoni enviándole 25 centavos a Vivaldi cada vez que ponga su música como tema de su programa.
Realmente me parece ridículo lo que está sucediendo y ojalá recapaciten.
Y el otro ridículo que veo es poner multa e impuesto a los carros comerciales que llevan el nombre de las compañías que representan y que son de su propiedad.
Algo se está respirando en el ambiente que embrutece a la gente y los hace tomar actitudes ridículas y absurdas. La capa de Ozono debe estar influyendo en la mente de la gente que no les permite a sus neuronas que trabajen normalmente.
De dónde sacarán los encargados de hacer leyes o decretos, esas actuaciones que, de ridículas que son rayan en la estupidez. Ojalá que reaccionen a tiempo y no causen problemas complicados que luego sea difícil solucionar. Las reacciones negativas e impensadas son peligrosas. La vida es como un juego de dominó; cuando se equivoca el jugador en la colocación de una ficha y pone la que no debe, repercute en el resto del juego. Por esto se piensa tanto antes de llevarla a cabo. Los panameños actuamos por impulso y luego veremos en el camino cómo se emparejan las cargas. Eso no es correcto porque los errores pueden traer serias consecuencias.