"De lobos y cazabobos"
Pocas veces se tiene presente que "el Derecho Constitucional es el derecho del Estado, cuando el Estado es de Derecho". Ello lleva a muchos a olvidar la importancia que tiene -para los ciudadanos- contar con los mecanismos constitucionales que permitan eliminar el capricho de quienes gobiernan, así como la situación privilegiada de los privilegiados.
Lo anterior significa que, como ciudadanos, estamos obligados a racionalizar el ejercicio del poder político, a buscar e implantar la igualdad ante la ley. Por ello, la democracia hoy exige no sólo votar sino participar, expandir nuestra función como ciudadanos en todos los planos, contribuir al desarrollo de la revolución de la inteligencia que vive el mundo de hoy y, poder así, contar en la sociedad con una inteligencia humana creativa, comprensiva, abarcadora.
Sin embargo, la mediocridad y el oportunismo, además de haber saltado al primer plano del escenario nacional, se han apoderado del mismo para promover sus "reformas a la Constitución". Las reformas -y sus promotores- engañan con sus ilusiones de poder, con sus migajas de participación ciudadana, con sus falsas salidas que buscan convertir al fantasma del poder autocrático en el cuerpo del poder. Cualquier medio es valido para ellos con tal de implantar el gobierno del Gobierno e impedir "el gobierno del pueblo, para el pueblo, con el pueblo".
Vemos cómo nuestros "yuppies" neoreformistas no sólo han saltado al escenario en su papel de "cazabobos", también han aprendido las maneras de afilar sus colmillos y volverse cómplices de los verdugos de la participación ciudadana, contando para ello, más que nunca antes en los últimos 35 años, con que la propia víctima -la ciudadanía- le otorgue "constitucionalmente" el poder al poder y a su infernal imaginación. Cuales Orígenes modernos, han decidido castrarse cívicamente para probar "su fe" en las (sus) reformas a la Constitución. En su dinámica, cuales héroes kafkaianos, los neoreformistas, sin aspirar a ello, han rasgado la máscara del poder, recordándonos también sin querer, la enseñanza de Ferdinand La Salle, en su obra ¿Qué es una Constitución, que "Los problemas constitucionales no son, primariamente, problemas de derecho sino de poder"
Dentro del contexto político y socioeconómico que vive nuestra sociedad, en lo que se refiere al tema de las reformas, debemos partir de un supuesto axiomático: la Constitución Política de Panamá es, además de escrita, rígida. Para reformarla se deben respetar los trámites y procedimientos, ello conlleva que el proceso reformista debe estar revestido de garantías muy precisas y de absoluto cumplimiento.
Los ciudadanos debemos ser inflexibles y doblemente escrupulosos en que se cumplan los preceptos básicos de un Estado de Derecho. No hacerlo significa que la suprema tutela, y el máximo orden que la Constitución encarna como Ley fundamental, desaparecerá, se hará posible y legitimará la acción violenta.
El compás de espera que se ha dado la ciudadanía panameña para pasar de espectador pasivo a actor, es inseparable de la acción que le corresponde desarrollar en los actuales momentos en que se busca imponer -en sesiones extraordinarias de la Asamblea Legislativa- una reforma para evitar que cambio que urge. La estulticia de algunos nos confirma que "la democracia sólo pertenece al que la entiende, no al que la tiene"
Esopo, el fabulista por antonomasia, nos narra en Los perros reconciliados con los lobos:
"Los lobos dijeron a los perros que cuidaban los rebaños: ¿Por qué, siendo parecidos a nosotros, no nos ponemos de acuerdo como hermanos? No diferimos en nada, excepto en las ideas. Nosotros vivimos en libertad, ustedes sometidos y esclavizados por los hombres, sufriendo sus golpes, llevando los collares que les ponen y guardando los rebaños y cuando sus amos comen, les echan sólo los huesos. Créannos, entréguennos los rebaños y los pondremos en común para hartarnos. Los perros prestaron oídos a esta proposición y los lobos, penetrando en el interior del establo, degollaron primero a los perros"
La moraleja es aplicable a muchísimos oportunistas fantoches, títeres, tartufos, depredadores y cínicos de los tiempos actuales. Pero, quienes tenemos muy presente que "no existe mayor ilegalidad que la que se reviste con el ropaje de la legalidad", debemos seguir adelante "con más fe que nunca", porque así como el cine venció a la vejez y la muerte, la Constituyente vencerá a la mediocridad y el oportunismo. ¡Y entonces cazaremos a los lobos!
Lo anterior significa que, como ciudadanos, estamos obligados a racionalizar el ejercicio del poder político, a buscar e implantar la igualdad ante la ley. Por ello, la democracia hoy exige no sólo votar sino participar, expandir nuestra función como ciudadanos en todos los planos, contribuir al desarrollo de la revolución de la inteligencia que vive el mundo de hoy y, poder así, contar en la sociedad con una inteligencia humana creativa, comprensiva, abarcadora.
Sin embargo, la mediocridad y el oportunismo, además de haber saltado al primer plano del escenario nacional, se han apoderado del mismo para promover sus "reformas a la Constitución". Las reformas -y sus promotores- engañan con sus ilusiones de poder, con sus migajas de participación ciudadana, con sus falsas salidas que buscan convertir al fantasma del poder autocrático en el cuerpo del poder. Cualquier medio es valido para ellos con tal de implantar el gobierno del Gobierno e impedir "el gobierno del pueblo, para el pueblo, con el pueblo".
Vemos cómo nuestros "yuppies" neoreformistas no sólo han saltado al escenario en su papel de "cazabobos", también han aprendido las maneras de afilar sus colmillos y volverse cómplices de los verdugos de la participación ciudadana, contando para ello, más que nunca antes en los últimos 35 años, con que la propia víctima -la ciudadanía- le otorgue "constitucionalmente" el poder al poder y a su infernal imaginación. Cuales Orígenes modernos, han decidido castrarse cívicamente para probar "su fe" en las (sus) reformas a la Constitución. En su dinámica, cuales héroes kafkaianos, los neoreformistas, sin aspirar a ello, han rasgado la máscara del poder, recordándonos también sin querer, la enseñanza de Ferdinand La Salle, en su obra ¿Qué es una Constitución, que "Los problemas constitucionales no son, primariamente, problemas de derecho sino de poder"
Dentro del contexto político y socioeconómico que vive nuestra sociedad, en lo que se refiere al tema de las reformas, debemos partir de un supuesto axiomático: la Constitución Política de Panamá es, además de escrita, rígida. Para reformarla se deben respetar los trámites y procedimientos, ello conlleva que el proceso reformista debe estar revestido de garantías muy precisas y de absoluto cumplimiento.
Los ciudadanos debemos ser inflexibles y doblemente escrupulosos en que se cumplan los preceptos básicos de un Estado de Derecho. No hacerlo significa que la suprema tutela, y el máximo orden que la Constitución encarna como Ley fundamental, desaparecerá, se hará posible y legitimará la acción violenta.
El compás de espera que se ha dado la ciudadanía panameña para pasar de espectador pasivo a actor, es inseparable de la acción que le corresponde desarrollar en los actuales momentos en que se busca imponer -en sesiones extraordinarias de la Asamblea Legislativa- una reforma para evitar que cambio que urge. La estulticia de algunos nos confirma que "la democracia sólo pertenece al que la entiende, no al que la tiene"
Esopo, el fabulista por antonomasia, nos narra en Los perros reconciliados con los lobos:
"Los lobos dijeron a los perros que cuidaban los rebaños: ¿Por qué, siendo parecidos a nosotros, no nos ponemos de acuerdo como hermanos? No diferimos en nada, excepto en las ideas. Nosotros vivimos en libertad, ustedes sometidos y esclavizados por los hombres, sufriendo sus golpes, llevando los collares que les ponen y guardando los rebaños y cuando sus amos comen, les echan sólo los huesos. Créannos, entréguennos los rebaños y los pondremos en común para hartarnos. Los perros prestaron oídos a esta proposición y los lobos, penetrando en el interior del establo, degollaron primero a los perros"
La moraleja es aplicable a muchísimos oportunistas fantoches, títeres, tartufos, depredadores y cínicos de los tiempos actuales. Pero, quienes tenemos muy presente que "no existe mayor ilegalidad que la que se reviste con el ropaje de la legalidad", debemos seguir adelante "con más fe que nunca", porque así como el cine venció a la vejez y la muerte, la Constituyente vencerá a la mediocridad y el oportunismo. ¡Y entonces cazaremos a los lobos!