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De los secuestros


Con motivo de nuestro escrito publicado en la edición de este diario y que intitulamos Una nueva industria, muchos lectores tuvieron a bien darnos a conocer sus impresiones y fue común en todos la existencia de una profunda preocupación por la situación que estamos viviendo los panameños y, sobre todo, que parece tornarse cada vez peor. Todo esto no es más que la consecuencia social que hemos venido denunciando a través de los años, de la miseria como está sumida la mayoría de la población y del poco interés que hemos denotado, sobre todo la clase política que nos gobierna, en prestarle una solución a dichos problemas. El secuestro, al igual que cualquier otro crimen, refleja el carácter de la gente, según la opinión de los entendidos. Esta es una penosa realidad que a la sociedad no le gusta confrontar debido, sobre todo, a que otras premisas son más fáciles de aceptar, y otras mas fáciles de controlar. No hay simples soluciones para reformar el carácter delictivo en ciertos miembros de la sociedad. Mientras no haya una real voluntad de solucionar el problema desde sus raíces, la situación se irá deteriorando hasta llegado el punto en que convertiremos la sociedad en la que hoy convivimos en una verdadera jungla humana. Los panameños estamos siendo ya parte de este proceso de reversión que tiene su origen en que no hemos sabido vivir en sociedad.
La etimología de la palabra secuestro proviene del vocablo latino "sequestrare" que significa apoderarse de una persona para exigir rescate o encerrar ilegalmente a una persona. Se conoció en la antigüedad con la denominación de " plagio .
Dentro del marco de la ley, el secuestro es considerado un crimen, por constituír el apoderarse de una persona a la fuerza o en contra de sus deseos, por amenaza, o coerción. El secuestro es generalmente perpetuado con el fin de obtener un rescate monetario, pero también es llevado a cabo con propósitos políticos u otros. En la antigüedad era la manera especifica de obtener esclavos, y hoy día se ha convertido en el arma mas usada por grupos subversivos en obtener notoriedad y altas cantidades de dinero.
El secuestro no es único ni particular a una región, nación, o periodo de tiempo. Desde hace siglos esta forma de agresión ha sido usada para extorsionar a la sociedad. En Latinoamérica, la subversión empieza a dedicarse al secuestro en los años sesenta. Luego del triunfo de la revolución cubana se desató una corriente de simpatías y de solidaridad con la gesta revolucionaria, especialmente entre la juventud de inclinación Marxista y comunista. Estas corrientes dieron paso a hechos con los que se buscaba emular a sus modelos cubanos. Desde 1968, el terrorismo se ha ido internacionalizando cada vez más, con el crecimiento hasta proporciones de epidemia de los secuestros aéreos y el rapto de diplomáticos, especialmente en Latinoamérica. Cuba por desgracia fue en muchas ocasiones el final de los secuestros de aviones que sobre todo los grupos guerrilleros protagonizaron. En los últimos tiempos esta modalidad ha disminuido, aunque recientemente la comunidad internacional fue sorprendida con el secuestro de un avión indio en Pakistán. El secuestro que prevalece hoy día es el individual con fines netamente económicos.
Herencia y ambiente, la interacción del individuo y la sociedad, la totalidad de las experiencias humanas y su naturaleza humana, hacen de estos elementos la base para el origen del crimen, de acuerdo con los sociólogos. Ninguno de estos elementos por si solos nos pueden dar la respuesta para prevenir efectivamente las conductas antisociales, especialmente aquellas que llevan al individuo a cometer un secuestro.
Lo que sabemos a ciencia cierta es que el secuestro es perpetuado por individuos a quienes les importa muy poco la vida de otros, tienen tan poco respeto al sistema legal y normativo de la sociedad en la que se desenvuelven. En tanto la sociedad tenga individuos así, los secuestros continuaran. Sin importar la efectividad del gobierno en combatir y controlar este tipo de crimen, mientras existan ciudadanos dispuestos a violar la ley, la sociedad está en una competencia que nunca podrá ganar. Jamás puede existir la convicción de seguridad por parte de sus ciudadanos de depender en la fuerza pública, pues la policía no puede ser omnipresente.
Definitivamente que la ausencia de las tropas norteamericanas en Panamá traerá un incremento en este tipo de delito, no sólo aquí sino en todo el área, pues no podemos negar que el sistema de inteligencia y vigilancia que suponía, sólo su presencia, era suficiente para que a muchos desistieran de cometer este tipo de crímenes. Es indudable que el secuestro por rescate ha alcanzado una cifra escandalosa en Latinoamérica. Extranjeros, técnicos especializados, misioneros, ejecutivos adinerados y sus respectivas familias están especialmente a riesgo.
En décadas anteriores el secuestro estuvo confinado en gran parte a los grupos izquierdistas que buscaban financiar sus actividades revolucionarias. En la actualidad el secuestro se ha convertido en una industria criminal multimillonaria. Los secuestradores de hoy en día son varios: guerrillas, ex- guerrillas, pandillas criminales, carteles de la droga, criminales comunes y policías corruptos.
La apertura de los mercados Latinoamericanos, conjuntamente con la búsqueda de inversión extranjera, trajo el flujo de extranjeros y locales en busca de oportunidades de negocio, esto a su vez ha traído oportunidades para los secuestradores.
Si bien es cierto que el secuestro ya se había convertido en un problema grave en varios países latinoamericanos desde los años 80"s. en la década pasada del 90, el miedo al secuestro se ha convertido en terror general debido a la variedad de secuestros y a la organización criminal de los mismos. Los secuestradores operan de una manera mas amplia y sofisticada. Personalmente pensamos que con la corrupción cada vez mayor de la clase política este problema cada vez se evidenciará más en Panamá.

101 años de Panamá América

 
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