De luna de miel con la mafia...
La incidencia de presuntos narcotraficantes como Pablo Rayo Montaño y José Nelson Urrego Cárdenas en Panamá, supone una falta de vigilancia por parte de las autoridades nacionales de la criminalidad, o la eventual existencia de un romance con "luna de miel" incluida, entre el poder político y la narcomafia internacional.
La existencia de celdas VIP para presuntos narcotraficantes, las ejecuciones realizadas por motorizados en las calles a cualquier hora del día, las matanzas entre bandas dedicadas al crimen en disputa de territorios utilizados para el trasiego de drogas y los asesinatos de mujeres y menores de edad, demuestran que el monstruo de la criminalidad y la droga se tomó las calles panameñas.
Nunca imaginé que el monstruo en mención sumergiría al país tan vertiginosamente, en un mar de descomposición social tan impactante; y que a la vez, empañaría los cimientos de nuestra incipiente democracia, con el aval de algunos sectores de la política criolla.
Es el momento de empezar a preocuparnos y de dejar de ser una sociedad que encubre y protege a presuntos empresarios ladrones, políticos corruptos y a narcotraficantes entrelazados con lo más selecto de nuestra burguesía criolla.
Y es que el narcotráfico, el desarraigo social y familiar, la ausencia casi total de educación en valores, la permisividad y falta de autoridad de los padres, aunados a la indiferencia mostrada por algunos políticos frente a temas de trascendencia nacional como el transporte, la educación, la salud y el desempleo, mantienen al país a punto del colapso.
Hay que tomar los correctivos ahora para evitar que Panamá se convierta en un paraíso para los delincuentes, donde los carteles de la droga transiten por las calles con una estilizada libertad, imponiendo se macabra ley de destrucción.
La narcomafia ha crecido considerablemente en número, opera de modo más sofisticado, apoyada en el uso de las nuevas tecnologías, y sus integrantes son cada vez más jóvenes y también más violentos.
El mercado de la droga en Panamá está sobradamente abastecido y su diversos productos corren por doquier a precios asequibles en los lugares públicos de diversión, en los colegios, en las empresas y actividades deportivas, porque consumir estupefacientes es una forma de identificarse a nivel de grupo.
En Panamá, el narcotráfico ha experimentado un cambio generacional. Las organizaciones delictivas reclutan a los narcotraficantes entre las gente más joven y la iniciación en el consumo comienza en la infancia,
Y la pregunta del millón de dólares, ¿qué se hace para remediar esta situación?, muy poco mientras exista una gran despreocupación política, una absurda descoordinación entre las fuerzas policiales, una escasa conciencia social y una muy deficiente y en ocasiones irresponsable, actuación de la justicia panameña.
La Ley No. 19 de 2007 establece en el artículo 21 la amonestación escrita y multas por incumplimiento de las condiciones de seguridad en las piscinas.
Hay multas de B/.100 a B/.250 por la primera reincidencia en la falta. Posteriormente citación, un máximo de sanción de B/.1, 000 y el cierre de operación de las instalaciones por insistencia en la irregularidad.
Anualmente las piscinas son utilizadas por unas 100 mil personas. La de Pueblo Nuevo es rehabilitada a un costo de B/.80 mil, la de Plaza Amador por B/. 4 mil y en la de Santa Ana se usaron B/.65 para cambiar el zinc de las gradas, reparar filtraciones, etc.
Las otras piscinas están ubicadas en El Chorrillo, San Francisco y dos en Betania.
Un agua mal tratada en una piscina pública puede ocasionar problemas dermatológicos (infecciones) y esa agua contaminada, si es ingerida, puede traer complicaciones gastrointestinales, señaló Lucas López, director de la Región Metropolitana de Salud.
Allí no acaba todo, pues en niños y adultos se pueden presentar problemas en el oído.
López explicó que el uso de las aguas debe ser sistemático, dependiendo de las normas.
"Periódicamente se toman muestras de las aguas de las piscinas para conocer los niveles de cloro y bacterias", afirmó.
En tanto, el ex director de la región de Salud de San Miguelito, Jorge Gamboa Arosemena, dijo que se debe aplicar cloro en proporción al volumen de agua que tiene que desinfectar.
Añadió que las personas antes de introducirse a las piscinas deben bañarse, para incorporar la menor cantidad de agentes como bacterias.
Es recomendable un baño previo con agua y jabón y posteriormente hacer lo mismo, ducharse para quitarse el exceso de cloro que tienen las piscinas, pues si éste se queda en el cuerpo, puede irritar la piel".
La existencia de celdas VIP para presuntos narcotraficantes, las ejecuciones realizadas por motorizados en las calles a cualquier hora del día, las matanzas entre bandas dedicadas al crimen en disputa de territorios utilizados para el trasiego de drogas y los asesinatos de mujeres y menores de edad, demuestran que el monstruo de la criminalidad y la droga se tomó las calles panameñas.
Nunca imaginé que el monstruo en mención sumergiría al país tan vertiginosamente, en un mar de descomposición social tan impactante; y que a la vez, empañaría los cimientos de nuestra incipiente democracia, con el aval de algunos sectores de la política criolla.
Es el momento de empezar a preocuparnos y de dejar de ser una sociedad que encubre y protege a presuntos empresarios ladrones, políticos corruptos y a narcotraficantes entrelazados con lo más selecto de nuestra burguesía criolla.
Y es que el narcotráfico, el desarraigo social y familiar, la ausencia casi total de educación en valores, la permisividad y falta de autoridad de los padres, aunados a la indiferencia mostrada por algunos políticos frente a temas de trascendencia nacional como el transporte, la educación, la salud y el desempleo, mantienen al país a punto del colapso.
Hay que tomar los correctivos ahora para evitar que Panamá se convierta en un paraíso para los delincuentes, donde los carteles de la droga transiten por las calles con una estilizada libertad, imponiendo se macabra ley de destrucción.
La narcomafia ha crecido considerablemente en número, opera de modo más sofisticado, apoyada en el uso de las nuevas tecnologías, y sus integrantes son cada vez más jóvenes y también más violentos.
El mercado de la droga en Panamá está sobradamente abastecido y su diversos productos corren por doquier a precios asequibles en los lugares públicos de diversión, en los colegios, en las empresas y actividades deportivas, porque consumir estupefacientes es una forma de identificarse a nivel de grupo.
En Panamá, el narcotráfico ha experimentado un cambio generacional. Las organizaciones delictivas reclutan a los narcotraficantes entre las gente más joven y la iniciación en el consumo comienza en la infancia,
Y la pregunta del millón de dólares, ¿qué se hace para remediar esta situación?, muy poco mientras exista una gran despreocupación política, una absurda descoordinación entre las fuerzas policiales, una escasa conciencia social y una muy deficiente y en ocasiones irresponsable, actuación de la justicia panameña.
La Ley No. 19 de 2007 establece en el artículo 21 la amonestación escrita y multas por incumplimiento de las condiciones de seguridad en las piscinas.
Hay multas de B/.100 a B/.250 por la primera reincidencia en la falta. Posteriormente citación, un máximo de sanción de B/.1, 000 y el cierre de operación de las instalaciones por insistencia en la irregularidad.
Anualmente las piscinas son utilizadas por unas 100 mil personas. La de Pueblo Nuevo es rehabilitada a un costo de B/.80 mil, la de Plaza Amador por B/. 4 mil y en la de Santa Ana se usaron B/.65 para cambiar el zinc de las gradas, reparar filtraciones, etc.
Las otras piscinas están ubicadas en El Chorrillo, San Francisco y dos en Betania.
Anualmente las piscinas son utilizadas por unas 100 mil personas. La de Pueblo Nuevo es rehabilitada a un costo de B/.80 mil, la de Plaza Amador por B/. 4 mil y en la de Santa Ana se usaron B/.65 para cambiar el zinc de las gradas, reparar filtraciones, etc.
Las otras piscinas están ubicadas en El Chorrillo, San Francisco y dos en Betania.
Un agua mal tratada en una piscina pública puede ocasionar problemas dermatológicos (infecciones) y esa agua contaminada, si es ingerida, puede traer complicaciones gastrointestinales, señaló Lucas López, director de la Región Metropolitana de Salud.
Allí no acaba todo, pues en niños y adultos se pueden presentar problemas en el oído.
López explicó que el uso de las aguas debe ser sistemático, dependiendo de las normas.
"Periódicamente se toman muestras de las aguas de las piscinas para conocer los niveles de cloro y bacterias", afirmó.
En tanto, el ex director de la región de Salud de San Miguelito, Jorge Gamboa Arosemena, dijo que se debe aplicar cloro en proporción al volumen de agua que tiene que desinfectar.
Añadió que las personas antes de introducirse a las piscinas deben bañarse, para incorporar la menor cantidad de agentes como bacterias.
Es recomendable un baño previo con agua y jabón y posteriormente hacer lo mismo, ducharse para quitarse el exceso de cloro que tienen las piscinas, pues si éste se queda en el cuerpo, puede irritar la piel".