De menores y Casco Viejo
El incidente de que fuera víctima el director de la Autoridad del Canal y su esposa, a la salida de la Presidencia, la noche del pasado miércoles, cuando una bala atravesó el vidrio trasero de su automóvil, en medio de una balacera entre pandilleros juveniles, nos mueve a reflexionar una vez más sobre el tema de los menores delincuentes, a quienes sus mecenas y protectores prefieren llamar "infractores".
Según el jefe de la Policía, Carlos Barés, quien hizo el disparo fue capturado. Se trata de un menor de 14 años quien cuenta con tres casos de homicidio pendientes. Por poco agrega un cuarto homicidio con el director del Canal. ¿Qué hacía un criminal de tanta peligrosidad libre en la calle y no en la cárcel? Sabrá Dios, porque la ministra de la Juventud y las autoridades judiciales de menores, seguramente no tienen ni idea.
Son criminales natos, irredimibles, de los mismos que en tantos tomos se ocupó el padre de la Criminología, el todavía insuperado y genial maestro italiano, César Lombroso, hace muchos años. Es gente que nace así, con los genes deformes, hechos para delinquir hasta el fin de sus días. Son un virus humanoide, hecho para enfermar a la sociedad y depredar a los buenos ciudadanos.
Frente a ellos, la sociedad debe ser inmunizada, protegida, y no al revés, como lo entienden algunos hoy día, para quienes el delincuente es la víctima que requiere tutela y la sociedad su victimaria. Y así repiten, con aureola doctoral, el disparate que hasta ahora se impone y mina nuestras leyes.
Por eso, aun si se hubiera producido una tragedia, a los pocos meses, el niñito asesino, estaría de vuelta a los brazos de papi y mami. Por igual razón, la Policía no se mete cuando de esos ángeles del demonio se trata. Matan, roban, violan y abusan impunemente. Hace algunas semanas hubo uno que golpeó delante de sus compañeros de aulas a su profesor. Y ya está de vuelta al colegio. Buen ejemplo.
Aquí lo que se requiere es mano dura. Quien delinca como adulto que pague y responda como tal. Hay que construir más cárceles, si queremos más seguridad. No podemos seguir soltando criminales por falta de espacio. Y el trabajo policial debe ser más respaldado legalmente, para que el agente del orden pueda hacer su trabajo sin temor a quedar él preso y el delincuente libre.
En cuanto al Casco Viejo, hay que desalojarlo y mudar a sus vecinos, previa indemnización. Así se hizo una vez con Loma Fruta de la Pava, haciendo espacio al progreso. Se trata de un área demasiado valiosa para la estrategia turística del país, como para dejarla en manos de delincuentes que se esconden entre los residentes del lugar, sin nada que aportar, salvo crimen e inmundicia.
Según el jefe de la Policía, Carlos Barés, quien hizo el disparo fue capturado. Se trata de un menor de 14 años quien cuenta con tres casos de homicidio pendientes. Por poco agrega un cuarto homicidio con el director del Canal. ¿Qué hacía un criminal de tanta peligrosidad libre en la calle y no en la cárcel? Sabrá Dios, porque la ministra de la Juventud y las autoridades judiciales de menores, seguramente no tienen ni idea.
Son criminales natos, irredimibles, de los mismos que en tantos tomos se ocupó el padre de la Criminología, el todavía insuperado y genial maestro italiano, César Lombroso, hace muchos años. Es gente que nace así, con los genes deformes, hechos para delinquir hasta el fin de sus días. Son un virus humanoide, hecho para enfermar a la sociedad y depredar a los buenos ciudadanos.
Frente a ellos, la sociedad debe ser inmunizada, protegida, y no al revés, como lo entienden algunos hoy día, para quienes el delincuente es la víctima que requiere tutela y la sociedad su victimaria. Y así repiten, con aureola doctoral, el disparate que hasta ahora se impone y mina nuestras leyes.
Por eso, aun si se hubiera producido una tragedia, a los pocos meses, el niñito asesino, estaría de vuelta a los brazos de papi y mami. Por igual razón, la Policía no se mete cuando de esos ángeles del demonio se trata. Matan, roban, violan y abusan impunemente. Hace algunas semanas hubo uno que golpeó delante de sus compañeros de aulas a su profesor. Y ya está de vuelta al colegio. Buen ejemplo.
Aquí lo que se requiere es mano dura. Quien delinca como adulto que pague y responda como tal. Hay que construir más cárceles, si queremos más seguridad. No podemos seguir soltando criminales por falta de espacio. Y el trabajo policial debe ser más respaldado legalmente, para que el agente del orden pueda hacer su trabajo sin temor a quedar él preso y el delincuente libre.
En cuanto al Casco Viejo, hay que desalojarlo y mudar a sus vecinos, previa indemnización. Así se hizo una vez con Loma Fruta de la Pava, haciendo espacio al progreso. Se trata de un área demasiado valiosa para la estrategia turística del país, como para dejarla en manos de delincuentes que se esconden entre los residentes del lugar, sin nada que aportar, salvo crimen e inmundicia.