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De "misses" y distracción


Desde que se anunció el año pasado "el logro" de que Panamá, o mejor dicho que el Sr. Jean Figali adquiriese la sede para el tan ponderado concurso Mis Universo 2003, manifestamos mediante un artículo en este mismo diario, nuestro desacuerdo por la que consideramos tan desatinada medida. En primer lugar porque, desde nuestra perspectiva, la esencia del evento choca con los avances y logros actuales del género femenino, así como con la mentalidad de toda persona que aspire a que a las mujeres se nos valore integralmente como un ser capaz de producir en el terreno social e intelectual y no que se nos reduzca a un simple objeto de consumo a través del cual las transnacionales cosmetológicas, publicitarias y las empresas turísticas, aumentan de un modo despiadado sus ventas y sus ganancias.
Y es que, guardadas las proporciones, los mismos nos recuerdan las subastas de esclavas, que previa a su venta, las exhibían mostrando sus dientes, busto, peso, talla, juventud, etc. Esto sin ánimo de ofender a las participantes, pues su inconsciencia no es más que producto de la alienación, de un mundo en el que la mujer ha sido subvalorada, inferiorizada y utilizada como producto de las relaciones patriarcales que lo han regido, desde épocas muy remotas, y que desde luego son los detentadores del poderío económico. Los concursos de bellezas no son más que una empresa económica, donde las mujeres son la mercancía que de un modo u otro se intercambia.
Por otra parte, los recursos económicos que se destinaron a la celebración del certamen, constituyeron una afrenta a las grandes necesidades de nuestro pueblo con su carga de pobreza, de hambre y desempleo. Según los expertos, "lloverían los dólares del cielo y la economía intensificaría su ritmo y crecimiento". ¡Lo dudo mucho! A no ser la de grandes mercaderes, muy pocos fueron los trabajadores de la economía informal que sacaron provecho del evento. Las proyecciones de nuestros paradisíacos lugares, fueron tan fugaces, que el propósito de promocionarnos turísticamente, lo colocaría entre signos de interrogación.
222...creo firmemente que el concurso Miss Universo sí cumplió ciertas expectativas: aquéllas orientadas a satisfacer banales y superficiales necesidades de protagonismo social ...
No obstante, creo firmemente que el concurso Miss Universo sí cumplió ciertas expectativas: aquéllas orientadas a satisfacer banales y superficiales necesidades de protagonismo social, y la más consistente: la de narcotizar la conciencia colectiva del panameño (a) al estilo de los Césares. Durante varias semanas, los grandes problemas sociales fueron amortiguados en la arena del certamen.
Eufóricos (as) los radio y teleperiodistas narraban paso a paso, el desenvolvimiento y la biografía de las candidatas, sus afeites, así como las cirugías plásticas de algunas; lo que mirado desde sus parámetros, debería ser objeto de descalificación en un acto que mide competencia en el terreno de la "belleza", pues acredita ventaja sobre otra, de la misma manera que lo haría un atleta al doparse. Pero esto no es de extrañar, pues responde al esquema que subyace en el fondo del negocio de la belleza femenina: las cremas, la cirugía, la eterna juventud y dentro de muy poco, las misses clonadas.
Ahora bien, pasado el fulgor de las pasarelas y de los estereotipos de belleza, nuestra ciudad reasume su cotidiano bregar; con sus tranques cotidianos, más denso si a los enfermos de hemodiálisis de la Caja de Seguro Social se les amenaza con la inseguridad de la adquisición de un medicamento vital para su sobrevivencia; más inexpresablemente endiablado, si se les ignora y se les permite, pese a su condición, pasar una noche de vigilia debajo de un puente elevado salpicado por una pertinaz lluvia.
Volverán las demandas por un sin fin de necesidades no satisfechas, las reclamaciones, las protestas, las frustraciones e inseguridades hacia un gobierno que no ha querido, no ha sabido o no ha podido, o las tres cosas, ocuparse de las medulares necesidades de la población.
Sin embargo, que eso no le reste la calma a nadie; pues si no existiese un espectáculo femenino para distraer la atención, bastaría con el fandango político que ya abrió fuego y promete cada día entretener nuestra conciencia hasta las elecciones de 2004, en que creeremos haber encontrado la llave mágica para revertir la podredumbre humana que nos rodea.

101 años de Panamá América

 
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