De nuevo Howard
El último intento que se está haciendo en estos meses, para convertir el cerrado complejo militar de Howard Field en instalación propiciatoria de una multimillonaria inversión de capital extranjero, ha estado en dificultades, porque ese plan está rozando con los intereses muy justos y muy conocidos de los comerciantes de la Zona Libre de Colón. Howard fue la última base norteamericana de la ex zona del Canal que Estados Unidos entregó a Panamá (no se la podían llevar), poco antes del 31 de diciembre de 1999, fecha importantísima en la historia nacional, que canceló la amarga experiencia de la aberrante colonia del Coloso del Norte en el Istmo. Todas las autoridades panameña sabían con dilata anticipación de años, que todo ese complejo colonial pasaría a ser propiedad de Panamá. No obstante, ni los gobiernos panameños de 1980 en adelante, ni lo que ahora quiere llamarse "la sociedad civil", se interesaron en que debía planificarse, favorablemente a los intereses colectivos del pueblo panameño, el destino que se daría a esa incalculable y astronómica riqueza que pasaría a nuestro país, entretenidos como hemos estado siempre en jugar a la ruleta de la politiquería (¿barata?) y en aprovechar desfalcos secretos o públicos, remedos de películas del oeste norteamericano, en que sí somos verdaderamente expertos, sobre todo en las últimas décadas.
De la digresión apuntada en las últimas líneas, regresemos al caso Howard, recordando que algo más de diez años atrás se organizó la mal llamada Autoridad de la Región Interoceánica (ARI), inexacto y engañador nombre, porque no sólo es algo interoceánico en nuestra patria (perdón por mencionarla) la ex zona del Canal, sino toda la estrecha garganta entre los dos océanos (Atlántico y Pacífico), desde Colombia hasta Costa Rica. Por la ARI han pasado, como administradores y directivos, una verdadera legión de panameños, a quienes ha correspondido directamente la responsabilidad del manejo de los bienes canaleros entregados a Panamá (algunos los califican de "revertidos"). Pero el caso de Howard es muy ilustrativo de la forma irresponsable en que todo el país (unos por acción y otros por omisión) permitió que tan apreciable maná, venido del cielo como un milagro, recibiera el trato o la indiferencia más perjudiciales que puedan darse (abandono, descuido, saqueo de maleantes, contratación de lo inmediatamente posible, ausencia de planificación conveniente a los intereses nacionales, venta o arriendo fraccionado de lo que cada cual consideró vendible o alquilable, etc., etc., etc.). Howard estuvo en uno de los últimos renglones de las prioridades, sencillamente porque era una de las últimas riquezas en la lista de "reversiones". Tardíamente alguien observó que Howard, vacía de ocupantes y totalmente cerrada, se estaba deteriorando, y se comenzó a pensar qué hacer allí. ¿Quién no sabía en 1990, por ejemplo, que el complejo de Howard sería cerrado en 1999? ¿Quién planificó y preparó su recepción y aprovechamiento inmediato, como debió hacerse, de tener un mínimo de preocupación por lo que era la única posibilidad de salvación económica que podía tener nuestro pueblo, hacia atrás y hacia delante, en su desdichado malvivir de siglos y décadas, si tenemos en cuenta el pasado remoto y el pasado reciente?
En los últimos meses, y parece que por obra y gracia de un diversionismo insólito, se contrató a expertos extranjeros (los nacionales sólo somos expertos en muy pocas cosas, y ya antes hubo contratos de planificación de Howard...¿qué se hicieron?) para que nos dijeran, ahora, trece años después de que se inició el baile de las "reversiones", qué hacer en Howard.
El proyecto de decreto-ley tramitado en estos "últimos días de Pompeya" está paralizado, porque afecta los intereses de los señores y compañías patrióticamente establecidos en la Zona Libre de Colón, quienes, en nuestro concepto, tienen perfecta razón en solicitar modificaciones a ese decreto, porque no es justo perjudicar, con nuevas leyes, a quienes tienen el mérito prioritario de haberse establecido y sacrificado, para ganarse la vida lícitamente.
¿Y en qué quedarán los planes de la actual ARI, para que se abra la perspectiva de multifacéticos contratos, con los polifacéticos multimillonarios extranjeros, que se están jalando por los cabellos, para licitar cualquier rinconcito de Howard?
Si todo sigue de acuerdo con las leyes panameñas que se cumplen en la realidad (como abogados que somos, bien sabemos que no se parecen a las que se aprueban en la Asamblea Legislativa), no habrá más dificultades que las acostumbradas, fácilmente superables.
De la digresión apuntada en las últimas líneas, regresemos al caso Howard, recordando que algo más de diez años atrás se organizó la mal llamada Autoridad de la Región Interoceánica (ARI), inexacto y engañador nombre, porque no sólo es algo interoceánico en nuestra patria (perdón por mencionarla) la ex zona del Canal, sino toda la estrecha garganta entre los dos océanos (Atlántico y Pacífico), desde Colombia hasta Costa Rica. Por la ARI han pasado, como administradores y directivos, una verdadera legión de panameños, a quienes ha correspondido directamente la responsabilidad del manejo de los bienes canaleros entregados a Panamá (algunos los califican de "revertidos"). Pero el caso de Howard es muy ilustrativo de la forma irresponsable en que todo el país (unos por acción y otros por omisión) permitió que tan apreciable maná, venido del cielo como un milagro, recibiera el trato o la indiferencia más perjudiciales que puedan darse (abandono, descuido, saqueo de maleantes, contratación de lo inmediatamente posible, ausencia de planificación conveniente a los intereses nacionales, venta o arriendo fraccionado de lo que cada cual consideró vendible o alquilable, etc., etc., etc.). Howard estuvo en uno de los últimos renglones de las prioridades, sencillamente porque era una de las últimas riquezas en la lista de "reversiones". Tardíamente alguien observó que Howard, vacía de ocupantes y totalmente cerrada, se estaba deteriorando, y se comenzó a pensar qué hacer allí. ¿Quién no sabía en 1990, por ejemplo, que el complejo de Howard sería cerrado en 1999? ¿Quién planificó y preparó su recepción y aprovechamiento inmediato, como debió hacerse, de tener un mínimo de preocupación por lo que era la única posibilidad de salvación económica que podía tener nuestro pueblo, hacia atrás y hacia delante, en su desdichado malvivir de siglos y décadas, si tenemos en cuenta el pasado remoto y el pasado reciente?
En los últimos meses, y parece que por obra y gracia de un diversionismo insólito, se contrató a expertos extranjeros (los nacionales sólo somos expertos en muy pocas cosas, y ya antes hubo contratos de planificación de Howard...¿qué se hicieron?) para que nos dijeran, ahora, trece años después de que se inició el baile de las "reversiones", qué hacer en Howard.
El proyecto de decreto-ley tramitado en estos "últimos días de Pompeya" está paralizado, porque afecta los intereses de los señores y compañías patrióticamente establecidos en la Zona Libre de Colón, quienes, en nuestro concepto, tienen perfecta razón en solicitar modificaciones a ese decreto, porque no es justo perjudicar, con nuevas leyes, a quienes tienen el mérito prioritario de haberse establecido y sacrificado, para ganarse la vida lícitamente.
¿Y en qué quedarán los planes de la actual ARI, para que se abra la perspectiva de multifacéticos contratos, con los polifacéticos multimillonarios extranjeros, que se están jalando por los cabellos, para licitar cualquier rinconcito de Howard?
Si todo sigue de acuerdo con las leyes panameñas que se cumplen en la realidad (como abogados que somos, bien sabemos que no se parecen a las que se aprueban en la Asamblea Legislativa), no habrá más dificultades que las acostumbradas, fácilmente superables.