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De nuevo puente e inauguraciones


Se inauguran escuelas vacías, hospitales sin implementos como el San Miguel Arcángel, carreteras sin puentes como el ensanche de la Interamericana y, ahora, un puente sin carreteras como el nuevo que se construye sobre el Canal. Pero hay más, Pasos elevados que no están terminados, como el del Corredor Sur en un momento dado, obras que comenzó uno anterior y terminó el actual. El afán del ego inflado por inaugurar obras es infinito en todo gobierno. Aquí se ha llegado al extremo de quitar una placa para poner otra, de hacer inaugurar una misma obra más de una vez. La fiebre se extiende hasta las edificaciones municipales.
Alguien critica la práctica con el argumento que, siendo recursos de los contribuyentes, y significando un mero cumplimiento del deber para el cual se le nombró en el cargo, nadie debiera darse bombos y platillos con lo hecho con el dinero ajeno. En parte tiene razón, pero sólo en parte. Con la suerte que tiene nuestro pueblo, de no saber votar por los mejores y tocarle tan malos gobiernos, algún estímulo ha de haber en reconocer las obras positivas de quienes administran la cosa pública, así sea con nuestro dinero.
El ejemplo podría ser imitado por otros, lo cual es positivo. Es el acicate de la posteridad y, si se quiere de la inmortalidad, que no debe ser menospreciado. Belisario Porras, el más grande de los estadistas del siglo, es recordado por su Santo Tomás, pese a que su verdadero mérito fue montar todas las bases institucionales y legales del verdadero Estado panameño. Harmodio Arias es también homenajeado por su Universidad de Panamá y sus tratados sobre el Canal de 1936, Omar Torrijos por el nuevo tratado de 1977 y Guillermo Endara por reconstruir el país en post invasión.
Pero el ego, así como tiene de bueno, también puede ser malo y hasta trágico. Por ejemplo, el actual afán de la actual administración Moscoso, de terminar a toda costa firmando sendos tratados de libre comercio con Singapur y Estados Unidos, antes de culminar su mandato, puede ser riesgoso para la Nación, y las generaciones actuales y venideras. Lo razonable es pensar en el Panamá que trasciende y que es eterno, más que en los gobiernos pasajeros. Debiera imperar pues la visión del país por encima de los egoísmos.
Por eso, para obras que atañen a dos o más gestiones públicas debiera implementarse la sana práctica de invitarse también a los personeros de las pasadas autoridades, que intervinieron en su realización y no sólo a la actual. El mensaje sería no sólo bueno sino realista. Además, se enviaría un aviso de unidad, del país trascendente al que todas las administraciones sirven. Eso vale, por ejemplo, para el momento en que se inaugure el complejo de pasos vehiculares de Howard, vecino a la Gran Terminal y para las obras de ensanche del Canal.

101 años de Panamá América

 
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