De partidos eliminados y otros desechos políticos
La máxima institución electoral del país, reconoce a los partidos políticos (Código Electoral, Art. 37, título III "Partidos Políticos") -de forma amable como queriendo simular la esencia del interés político que persiguen los diversos sectores de nuestra sociedad- "como los organismos funcionales de la Nación, que en consecuencia, lucharán por la participación cada vez más creciente de los sectores nacionales en las decisiones políticas; por el respeto y participación de las diversas tendencias ideológicas; por el fortalecimiento de la forma republicana, representativa y democrática de gobierno; y por la defensa de la soberanía nacional basada en la tradición de lucha del pueblo panameño". ºQué ingenuidad!
La lucida redacción del párrafo antes expuesto, suena agradable literalmente, sin embargo no advierte lo peligroso, de estos pronunciamientos para los procesos democráticos incipientes. Toda vez que ello dará cabida como siempre ha sucedido a la partidocracia y el minipartidismo. que sólo atiende a los intereses de sus accionistas, al desorden burocrático de la Institución Electoral y a la desorientación ciudadana.
De esta forma lo estimó el ex-presidente de la República Ernesto De la Guardia en la década de los 50, cuando hizo el esfuerzo, sin mayor éxito, por disminuir la presencia de los pequeños grupos electoreros, quienes sólo aparecían para tiempos de elecciones, pero la presión de los intereses creados terminó por anular la aspiración que regulaba la inscripción de los grupos partidistas. Así se anuló la petición de un ciudadano probo y no de los pocos gobernantes estadistas que ha tenido la República.
En nuestro medio no existe la menor duda, que el pluralismo, enmarcado en el minipartidismo conformado por grupos con intereses particulares, más que fortalecer la democracia, la prostituyen. Esta modalidad incita a la proliferación de alianzas partidistas -móvil de todo el negocio que genera esta actividad- quienes logran el control político, con un mínimo de poder de convocatoria y respaldo popular. Esto es un fraude a la voluntad y autodeterminación de los pueblos, y un atentado contra la gobernabilidad del Estado.
Los últimos partidos en inscribirse (ya extinguidos en su mayoría), no representaban a nadie, no tenían agenda programática ni plataforma ideológica. Eran unas vulgares rémoras del partido en el poder o el que lideraba la oposición. Esta es la realidad de los partidos nuevos y de todos los que estén por intentar inscribirse. Si lo dudan averigüen quiénes están detrás de la inscripción de los nuevos clubes políticos por no llamarles sectas políticas, que es el nombre que les caería bien.
El electorado ha madurado, al ir poniendo un alto a esta vieja práctica de la política criolla. En las pasadas elecciones no permitió la subsistencia de cinco agrupaciones políticas, consiguiendo con ello que el Tribunal Electoral emitiera el Decreto (No 32) que ordenó el cierre y archivo de los expedientes relativos a sus directrices funcionales, declarándolas extinguidas y cancelándoles las inscripciones de sus adherentes o membresías.
Al ser declarados extinguidos (Destruidos con fuego, Diccionario Larousse), porque algunos de sus ex-socios, suelen usar los rangos de las "quemadas" juntas directivas (Presidente, Secretario General, Fiscal, etc.) para estar haciendo llamados y demás alaridos de convocatoria, cuando todo lo que estos señores realicen en materia proselitista es ilegal. Al menos así lo estableció el pueblo con el rechazo en las urnas en las pasadas elecciones.
Considero oportuno aprovechar esta coyuntura (post-elecciones), para introducir algunas reformas al Código Electoral acerca de esta materia. La misma debe crear mayores controles y exigir un mínimo de 100 mil adherentes para la creación de un partido político. De igual forma deberá regular las reinscripciones de partidos políticos extinguidos varias veces, por la voluntad popular. Considero que insistir es ser deshonesto, no querer acatar la voluntad del pueblo. Esta suerte también deberá correrla el candidato a elección popular que haya perdido dos veces consecutivas.
Con esta opinión no trato de aupar el bipartidismo ni a las normas radicales que atenten contra las libertades ciudadanas y autodeterminación de los pueblos. Sólo aspiro a que se reglamente la materia en pro de un proceso electoral limpio. El pluripartidismo y la partidocracia sólo nos llevan a la desorientación, las componendas y al clientelismo político en detrimento de la gobernabilidad y el respeto a la voluntad popular.
La lucida redacción del párrafo antes expuesto, suena agradable literalmente, sin embargo no advierte lo peligroso, de estos pronunciamientos para los procesos democráticos incipientes. Toda vez que ello dará cabida como siempre ha sucedido a la partidocracia y el minipartidismo. que sólo atiende a los intereses de sus accionistas, al desorden burocrático de la Institución Electoral y a la desorientación ciudadana.
De esta forma lo estimó el ex-presidente de la República Ernesto De la Guardia en la década de los 50, cuando hizo el esfuerzo, sin mayor éxito, por disminuir la presencia de los pequeños grupos electoreros, quienes sólo aparecían para tiempos de elecciones, pero la presión de los intereses creados terminó por anular la aspiración que regulaba la inscripción de los grupos partidistas. Así se anuló la petición de un ciudadano probo y no de los pocos gobernantes estadistas que ha tenido la República.
En nuestro medio no existe la menor duda, que el pluralismo, enmarcado en el minipartidismo conformado por grupos con intereses particulares, más que fortalecer la democracia, la prostituyen. Esta modalidad incita a la proliferación de alianzas partidistas -móvil de todo el negocio que genera esta actividad- quienes logran el control político, con un mínimo de poder de convocatoria y respaldo popular. Esto es un fraude a la voluntad y autodeterminación de los pueblos, y un atentado contra la gobernabilidad del Estado.
Los últimos partidos en inscribirse (ya extinguidos en su mayoría), no representaban a nadie, no tenían agenda programática ni plataforma ideológica. Eran unas vulgares rémoras del partido en el poder o el que lideraba la oposición. Esta es la realidad de los partidos nuevos y de todos los que estén por intentar inscribirse. Si lo dudan averigüen quiénes están detrás de la inscripción de los nuevos clubes políticos por no llamarles sectas políticas, que es el nombre que les caería bien.
El electorado ha madurado, al ir poniendo un alto a esta vieja práctica de la política criolla. En las pasadas elecciones no permitió la subsistencia de cinco agrupaciones políticas, consiguiendo con ello que el Tribunal Electoral emitiera el Decreto (No 32) que ordenó el cierre y archivo de los expedientes relativos a sus directrices funcionales, declarándolas extinguidas y cancelándoles las inscripciones de sus adherentes o membresías.
Al ser declarados extinguidos (Destruidos con fuego, Diccionario Larousse), porque algunos de sus ex-socios, suelen usar los rangos de las "quemadas" juntas directivas (Presidente, Secretario General, Fiscal, etc.) para estar haciendo llamados y demás alaridos de convocatoria, cuando todo lo que estos señores realicen en materia proselitista es ilegal. Al menos así lo estableció el pueblo con el rechazo en las urnas en las pasadas elecciones.
Considero oportuno aprovechar esta coyuntura (post-elecciones), para introducir algunas reformas al Código Electoral acerca de esta materia. La misma debe crear mayores controles y exigir un mínimo de 100 mil adherentes para la creación de un partido político. De igual forma deberá regular las reinscripciones de partidos políticos extinguidos varias veces, por la voluntad popular. Considero que insistir es ser deshonesto, no querer acatar la voluntad del pueblo. Esta suerte también deberá correrla el candidato a elección popular que haya perdido dos veces consecutivas.
Con esta opinión no trato de aupar el bipartidismo ni a las normas radicales que atenten contra las libertades ciudadanas y autodeterminación de los pueblos. Sólo aspiro a que se reglamente la materia en pro de un proceso electoral limpio. El pluripartidismo y la partidocracia sólo nos llevan a la desorientación, las componendas y al clientelismo político en detrimento de la gobernabilidad y el respeto a la voluntad popular.