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De piratas y corsarios…


Baratillo de tierras y predios marinos, otra vez convierten la Hacienda Pública en un dramático escenario: De piratas y corsarios.

Se cumplía el plan de vuelo aquella tarde, sumido en un sopor acompañado por ráfagas de súplicas y episodios de pavor que intentaba disipar haciendo aprecio del último presente recibido en el terminal (la recién estrenada obra de Gabo Márquez "Vivir para contarla"), cuando la lectura me fue interrumpida con la apacible voz de un guía que, luego de realizar una síntesis histórica de Panamá La Vieja, disertó acerca del Casco Antiguo, para finalmente aprovechar el sobrevuelo que antecede el arribo a suelo patrio y exhibir las imponentes obras que se erigen sobre el Panamá moderno, extendiendo así el horizonte de mi curiosidad en saber por qué razón estas representativas muestras de progreso, no reflejaban la realidad económica que atraviesan cuatro de cada 10 panameños.  

El doblez de la décimo quinta página, en la cual alcance a penas leer sin comprender una frase que guardé con recelo en mis anales; además de fijar un hito en la sobrecogedora lectura, marcaría el feliz término de lo que parecía un viaje eterno, mas lleno de preguntas que respuestas. Interrogantes que hoy quedan develadas ante el escarnio que se cierne sobre las más absurdas, selectivas y lesivas concesiones de espacios públicos; donde una cosa es la que se ofrece en galería y otra la que se trama y conoce detrás del telón bajo el amparo y tutela de quienes, paradójicamente, deberían velar por el mejor uso y explotación de nuestro patrimonio. Todo lo visto me condujo directamente a entender aquella drástica sentencia, pues en términos comparativos no dista y reafirma de quienes nos gobiernan, que "Lo que tienen que hacer para vivir, es peor que trabajar".

El reciente escándalo que envuelve la adjudicación de suelos y predios marinos a precios irrisorios para ser explotados en condiciones leoninas por una élite de bribones y allegados políticos al gobierno de turno y sus predecesores, so pretexto de promover el potencial turístico, portuario y comercial del país, deja entrever un vehemente mutualismo que excluye y desconoce el carácter de rentabilidad social que debe imperar al estar en juego la cosa pública; sin embargo, contribuye al fomento de una atmósfera especulativa y suspicaz alrededor de quienes con mirada atónita observamos cómo el poder económico, el desmesurado expansionismo empresarial y los intereses particulares aventajan el desarrollo sostenible, los principios de equidad y el derecho a elegir el hado de nuestras riquezas.  

Y es que el Modelo Económico Neoliberal, además de desvanecer nuestras fronteras, culminó prostituyéndonos en un mercado "libre", o más bien "anárquico", que promueve y formaliza el lesseferismo y la impunidad de los grandes capitales y depredadores de la hacienda pública, a través de figuras como las denominadas "Concesiones" o "Contratos", que aunque parezcan novedosas, no hacen más que revivir las emblemáticas "Patentes de Corso"; un instrumento de dominio presuntamente extinto pero que, al parecer, en nuestros burócratas y anacrónicos sistemas administrativos siguen teniendo vigencia.  

Todo lo actuado con el aval que reviste a quienes negocian o asignan tales prerrogativas, me permite argüir que estamos, sin lugar a dudas, frente a un dramático escenario "De Piratas y Corsarios"; engalanado por las actuaciones magistrales de nuestros irreverentes monarcas y que, como súbditos, pues nos toca seguir ovacionando con esmero y templanza la manera en que nos desgarran a pedazos el país para echárselo a las fauces de sus socios comerciales.  

101 años de Panamá América

 
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