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De política, principios e intereses


Ciertamente que desde hacía ya largo tiempo no publicábamos nuestras opiniones en algún medio de prensa de la localidad, como habitualmente hacíamos, siempre movidos por el interés de contribuir con nuestro modesto aporte, a formar el criterio ciudadano, responsabilidad ésta que en menor o mayor grado, estamos compelidos a cumplir todos aquellos que tuvimos la oportunidad de obtener un nivel de enseñanza superior indistintamente del área profesional.
Pero el tema del momento no podría ser más propicio para regresar a cumplir con esa responsabilidad a la que hemos hecho referencia. Pues, el escenario político no puede ser más conminador para este propósito por lo que representan los quinquenales juegos electoreros. En efecto son como una olimpiada que entra en escena de tiempo en tiempo concitando al interés, en el caso de ésta, de todos los amantes del deporte, pero en el caso del torneo electoral de todos los ciudadanos con derecho a voto, pues a todos nos incumbe el desempeño del evento más representativo de la democracia moderna, el sufragio.
Desafortunadamente a pesar de que entramos en el nuevo milenio, los vicios de la democracia siguen estando latentes en nuestra política criolla. Males tales como el clientelismo, la demagogia, la carencia de plataforma ideológica de los partidos, la falta de principios de sus líderes, sustituyen ampliamente la coherencia de las actuaciones políticas que son impulsadas más por la búsqueda de la satisfacción de intereses que por la compadecencia entre la ideología que se pregona y el cumplimiento cabal de los principios que las sustentan.
Si observamos el pasado reciente es fácil percibir la inconsistencia a la que aludimos. Por un lado los personeros de la clase política en funciones de gobierno, quienes hace menos de una década se erigían como los más vehementes propugnadores de la cesación de la presencia militar norteamericana en nuestro territorio, fueron quienes luego, al cabo de unos pocos años y con una argucia casi socrática, se constituyeron en los más fervientes defensores de la extensión de dicha presencia militar a través del subterfugio conocido como Centro Multilateral Antidrogas, zigzagueo este que no puede ser más elocuente para expresar la absoluta falta de principios del partido de la dictadura. Por otro lado los intereses mezquinos de un grupo deseoso de disfrutar los halagos del poder público, pudieron más que la rectilínea actitud que debieron asumir de haber honrado sus compromisos adquiridos mediante la aceptación de la voluntad de la mayoría de los prosélitos de la oposición política panameña, en abierto desafío a las más elementales normas de respeto a la palabra empeñada y a los principios que deben regir la convivencia pacífica dentro de un grupo con propósitos, métodos e ideología comunes.
Las luchas intestinas observadas dentro de los partidos políticos de oposición por asumir un papel protagónico en el próximo torneo electoral, no en base al designio de sus bases, sino el capricho de sus dirigentes, no han sido en nada edificantes, por el contrario han creado desaliento en el electorado, que no encuentra en esas actitudes, el perfil que dicho electorado espera debe poseer el partido, el candidato, el programa y el proyecto que debe guiar los destinos de este país avecinado a los umbrales del nuevo milenio.
Quienes tienen la pretendida intención de administrar la cosa pública en el próximo periodo gubernamental han revelado un inocultable deseo de ascender al poder para detentarlo en procura de su propio beneficio, más que para utilizarlo como instrumento para resolver los problemas que aquejan a la sociedad panameña en su conjunto. No hay al momento una definición seria, mediante un programa de gobierno, que exponga con claridad la manera cómo suponen han de atender las necesidades más puntuales, enfrentar los nuevos retos y promover el crecimiento de la nación panameña. Sólo se observa eso si, los cambios de toldas tanto de connotados dirigentes políticos, como de grupos, sectores y en algunos casos hasta partidos, en cuya decisión pesó más sus ansias de protagonismo que sus convicciones ideológicas, pues en muchas de esas ocasiones se han incorporado a otro partido o han constituido una alianza con quienes hasta ese momento eran sus más acérrimos rivales. Confirma lo anterior lo que hemos venido sosteniendo, que en el desarrollo de la actividad política electoral en nuestro medio, los intereses están por encima de los principios.
Todas las alianzas políticas de oposición constituidas a la fecha carecen de una sólida base ideológica y programática. Por el contrario, son puramente electoreras y por esa misma razón condenadas a disgregarse o disolverse tan pronto transcurra la coyuntura de la cual surgieron a la vida política, el sufragio.
Después de describir sucintamente este aciago panorama que se cierne sobre nuestra política electoral, no podemos menos que sentirnos profundamente preocupados al encontrarnos sin una alternativa real que le haga frente de manera eficaz a los desafíos de un mundo globalizado que cada vez se hace más competitivo en la misma medida en que nosotros nos hacemos menos. Ante la ausencia de un liderazgo de estatura nacional, que entienda y se identifique plenamente con el sentir de la mayoría, que tenga la capacidad y la voluntad para asumir eficientemente las responsabilidades que tenemos como nación y que dirija con visión de estadista la gran nave del Estado, no nos sentimos en condiciones de augurar un provechoso porvenir a quienes vivimos bajo este mismo sol.

101 años de Panamá América

 
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