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¿De qué nos sorprendemos?


Leí con interés la última columna de Betty Brannan sobre las conversas y memos con y de parte de funcionarios de la Embajada de Estados Unidos (EE.UU.) por parte de figuras del PRD. La Embajada habla con todo mundo con cierta regularidad. Suponía que hacían memos, cuyo contenido, obviamente, lo tomaría a beneficio de inventario.

La presencia de Balbina Herrera en EE.UU. la considero algo estratégicamente mal diseñado, porque es fingir lo que no es ni nunca ha sido. No entiendo a quién quieren engañar. Pero eso es problema de ella y sus cortesanos que la han adoptado de "tú a tú". Esas fundaciones y grupos han existido siempre y por allí desfilan todos los que desean decirles a los gringos el discurso que ellos quieren escuchar. Estoy seguro que al final se van al bar del Waldorf y se reirán con ganas de los tercermundista dependientes de los "inversionistas" de NYC.

Omar Jaén Suárez, en su Tomo I sobre las negociaciones de los Tratados Torrijos Carter, señala en la parte pertinente a los años iniciales del gobierno militar, 1969, cómo inquietaban a las esferas de poder de Washington los nuevos jefes militares del país, sobre todo, por sus inclinaciones izquierdistas en tiempos de guerra fría. En mayo de 1969, Nelson Rockefeller, a la sazón Gobernador de NY, y luego VP de EE.UU., visitó Panamá en el marco de una gira regional sobre la Alianza para el Progreso. "Rockefeller encontró a un nuevo dirigente, Omar Torrijos, al que califica de hombre joven, atractivo, sincera y profundamente preocupado por el futuro de su pueblo...", "sin experiencia política y que está extremadamente ansioso de firmar el nuevo tratado del Canal de Panamá tan pronto como sea posible con el propósito de eliminar las tensiones psicológicas y restaurar el sentido de dignidad del pueblo panameño". Luego Torrijos le devuelve la visita a Rockefeller en septiembre para encontrarse con "la comunidad financiera y empresarial". "Deseaba demostrar amistad especial a los militares del Pentágono que tenían la llave de los asuntos de la Zona del Canal y, en consecuencia, de la política de la potencia hacia Panamá". (Recomiendo la lectura de tales obras sinceramente para entender muchas cosas que pasaron en esos tiempos de nacionalismos confusos).

Reseño lo anterior, porque la historia ha evidenciado que estas demostraciones fingidas de lado y lado, sólo sirven de algo cuando los intereses se juntan. No hay amistad de por medio. Además, el Panamá de hoy, comparado con el de ayer, hay que verlo sustancialmente desde otra perspectiva. Ya el Canal es nuestro y somos plenamente soberanos en toda la ex Zona del Canal. Esa positiva realidad nos debe mover a diversificar el interés por las relaciones políticas y comerciales del país y no volver a pensar que la relación con EE.UU. es la que importa y las demás vienen secundariamente, dependiendo de las circunstancias.

Ha faltado después de 1999 una política exterior coherente con esa nueva realidad. ¿Será prioridad entre los que aspiran a mandar?

101 años de Panamá América

 
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