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¿De qué poder estamos hablando? (II)


Debe buscar su “ser real” libre de apegos y de ilusiones vanas como la de creer que “teniendo” es más que los demás y que le encanta que los otros le pongan títulos como “el bueno, inteligente, respetable, excelente y que lo haga depender de lo “externo” para sentirse bien. Debe tener la suficiente y siempre creciente autoestima para saber valorarse justamente sin ser condicionado por la opinión de otros, que debe ser solamente escuchada para mejorar y corregirse. Pero jamás dependa de lo que digan otros para ser feliz.

No caiga en la trampa de creer que por ser autoridad en cualquier campo es superior a nadie. Todo esto de “cargos” son simplemente funciones pasajeras que no definen su “ser interior” y que esencialmente no lo diferencian de los demás seres humanos. “Toda autoridad viene de Dios” y la esencia de la misma es el servir con una serie de carismas a una determinada comunidad llamada familia, comunidad cristiana, país, empresa, cooperativa, etc. para que logren su desarrollo integral. Imponer el orden y el respeto se hace en función del Bien Común y solamente por eso. Cuando el ejercicio de la autoridad hace que todo gire en función del que ejerce el mando, se derrumba el concepto real de dirigir y se convierte la persona en un dictador. Manejar honestamente el poder consiste en invertir todos los recursos que permiten las leyes en beneficio de la comunidad dirigida.

El que ejerce dignamente el poder, anima y estimula, va el primero para dar ejemplo y exigir, tiene siempre presente la dignidad de todos y la respeta, es sincero y humilde sabiendo escuchar consejos y críticas, es fiel a sus principios y fiel a la comunidad que sirve. Sabe descubrir y promover las cualidades que encuentra en los demás y se compromete en darse totalmente por los ideales que proclama. Es creativo, promueve la comunión, es íntegro y accesible a todos. No toma el cargo para sentirse más que otros, ya que está bien claro sobre quién es y no se apega al mismo como si de eso dependiera su vida. El poder bien ejercido contribuye al desarrollo integral de los pueblos y un buen líder se sacrifica, renuncia a muchas cosas, y hasta da la vida por su comunidad. Su mayor poder es el amor y Dios es amor y con él somos invencibles.

101 años de Panamá América

 
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