¿De quién es la ciudad?
Resulta innegable que en los últimos años la ciudad de Panamá ha dado un giro positivo en el embellecimiento de algunos de sus rostros. Empujada por el llamado "boom" inmobiliario, no acaba de cambiar una parte cuando las otras comienzan a adquirir nuevas perspectivas. Pero los avances van navegando también en medio de ciertas deficiencias dignas de considerar.
Por ejemplo, las múltiples dificultades que experimentan los peatones para lograr una presencia abierta y holgada. En la mayoría de sus partes, la ciudad sigue siendo de los conductores y del comercio. En lugar de disfrutarla, sus residentes se ven obligados a marchar conforme a los imperativos de un comercio que se desborda o de autos que, tras ocupar el espacio natural de las calles, también reclaman las aceras.
Los "malls" parecen haber sido la salida que los propietarios -no las autoridades- han dado al problema, pero eso solamente es en algunas partes de la ciudad, que no en la mayoría. Era el mismo problema que hace unos años afectaba a Santa Fe de Bogotá y donde sus autoridades propusieron devolverla a los ciudadanos. Nada perdería el municipio capitalino en contemplar esta posibilidad, incorporando para ello una comisión conformada por arquitectos e ingenieros, y a las propias organizaciones gremiales de empresarios y trabajadores. Total, el entorno hace parte psicológica del comportamiento de los residentes, y uno atomizado, lleno de ruidos o de velocidades inadecuadas, poco contribuye a esa paz y a esa serenidad con que el hombre de la calle debe absorber su entorno.
En ese contexto, el trato a las personas de la tercera edad no debe ser obviado. Los pasos peatonales no parecen contemplar esa condición. En su mayoría, están construidos para personas jóvenes y fuertes, con escaleras que hasta los sexagenarios miran con depresión a la hora de subirlas. Es como si a base de impedimentos se les estuviera obligando a relegarse a sus hogares. Es posible que los que ya están construidos no sean susceptibles de mejoras, aunque debiera intentarse; pero los que están por construirse deben contemplar esta disposición.