De rebeldes, aliados e intereses
Hay políticos que confunden la fortaleza con la dureza. La fortaleza es la capacidad de enfrentar la adversidad y seguir adelante; la dureza es la coraza de la debilidad.
La fortaleza es interna, la dureza es superficial. El fuerte es capaz de enfrentar las ideas contrapuestas y encontrar la verdad en el debate, el débil, acorazado en la dureza, ve sólo enemigos en los contradictores y no se da cuenta que sus mayores peligros surgen de los alabarderos.
La Democracia fuerte es aquella en donde el poder está repartido en un sistema de pesos y contrapesos, en el cual la única fuerza que se impone es la fuerza de la razón. Es contrario al espíritu democrático y al buen gobierno, que se concentre el poder en una sola persona o grupo. Esta es la tragedia de Cuba, de Venezuela y de todos los países subyugados por la tiranía. Por ello es interesante que, a pesar del trasfondo de cada uno de los casos, en decisiones importantes recientes - como la designación del Magistrado del Tribunal Electoral y la escogencia del nuevo Presidente de la Asamblea Nacional - el Órgano Judicial y el Órgano Legislativo hayan actuado con aparente independencia de los deseos del Presidente. Un observador desprevenido, pensaría que estas son derrotas políticas del Ejecutivo, sólo porque se trató de inmiscuir en decisiones que jurídicamente no le competían, aunque políticamente se pueda entender su interés en ellas, en defensa de los mejores intereses de la Nación. Sin embargo, en un sistema democrático funcional el Presidente debe comprender que no lidia con amigos y enemigos, sino sólo con aliados y rebeldes. Su fortaleza estará en saber la diferencia y en utilizarla en favor de la Nación.