De regreso a Panamá
De regreso a Panamá, luego de cuatro semanas de ausencia, hemos encontrado a una mayoría de sectores ciudadanos demostrando especial interés en discutir las reformas constitucionales que ha presentado al seno de la Asamblea Legislativa, el Presidente electo Martín Torrijos.
Consideramos muy saludable que en temas tan importantes como el mencionado, se logren consensos que traigan para la República una democracia más fortalecida y unas reformas más a tono con la realidad nacional.
Fuimos partidarios de la "Quinta papeleta" para que el país manifestara su deseo de una Constituyente; dolorosamente, todos los esfuerzos y sacrificios realizados por miles de panameños fueron ignorados por el Tribunal Electoral, quien debió facilitar este ejercicio democrático y no cerrar las puertas a esta iniciativa de tanta trascendencia para el futuro de la nación.
Siempre hemos venido abogando por una verdadera concertación nacional, en donde los intereses personales y partidistas den paso al diálogo sincero, al trabajo constructivo, a las mejores ideas y al supremo anhelo de que el pueblo alcance, de una vez por todas, el desarrollo y progreso a que tiene derecho, dada su calidad de joven nación con valiosos recursos humanos, naturales e institucionales.
Ya es tiempo de que las pasiones políticas, los egoísmos y rencores nacidos de una actividad mal orientada terminen definitivamente y empiece una era de comprensión, de civilidad, de democracia bien entendida, de justicia social, en donde el bien común sea bandera para exterminar los males sociales, políticos y económicos que nos aquejan.
Pueblo y gobierno deben permanecer como un solo hombre, atentos a la marcha de la nación para ofrecer, de esa manera, las mejores soluciones a la problemática nacional.
Con las reformas constitucionales presentadas al seno de la Asamblea Legislativa por el presidente electo, hemos podido observar un ambiente eficaz en las discusiones y una actitud positiva para llevar adelante un estudio que permita obtener los mejores beneficios para el país. Profesionales del derecho, sociedad civil, empresarios, legisladores etc., han considerado conveniente participar en este importante asunto con la esperanza de que sea el camino expedito para dar paso a la Constituyente, aspiración máxima de todos los panameños.
El próximo gobierno debe comprender que su lugar está al lado del pueblo, que su victoria pertenece a Panamá que espera, con impaciencia, una gestión gubernamental desligada de prácticas nocivas que puedan dañar la imagen de un líder que proclama una Patria Nueva para todos los que vivimos en este suelo.
El 1 de septiembre se inicia el régimen perredista bajo el liderazgo de Martín Torrijos y en su lucha por una patria nueva tendrá que enfrentar intereses partidistas, ambiciones, deshonestidad, corrupción, violencia, pobreza extrema y todo aquello que ha dado margen a que el país haya perdido, ante el mundo, su mejor imagen. Tendrá que comenzar a reconstruir los soportes para el sostenimiento de una nación que pide a gritos una mejor vida y la adecuada planificación de las estructuras de todas las instituciones del Estado.
El nuevo presidente tendrá que realizar un gran trabajo a lo largo y a lo ancho del territorio nacional, con la ayuda de todos, para rescatar la fe y credibilidad de un pueblo que ha sido defraudado muchas veces con promesas incumplidas de gobernantes panameños del pasado y del presente.Pueblo y gobierno deben permanecer como un solo hombre, atentos a la marcha de la nación para ofrecer, de esa manera, las mejores soluciones a la problemática nacional.
Consideramos muy saludable que en temas tan importantes como el mencionado, se logren consensos que traigan para la República una democracia más fortalecida y unas reformas más a tono con la realidad nacional.
Fuimos partidarios de la "Quinta papeleta" para que el país manifestara su deseo de una Constituyente; dolorosamente, todos los esfuerzos y sacrificios realizados por miles de panameños fueron ignorados por el Tribunal Electoral, quien debió facilitar este ejercicio democrático y no cerrar las puertas a esta iniciativa de tanta trascendencia para el futuro de la nación.
Siempre hemos venido abogando por una verdadera concertación nacional, en donde los intereses personales y partidistas den paso al diálogo sincero, al trabajo constructivo, a las mejores ideas y al supremo anhelo de que el pueblo alcance, de una vez por todas, el desarrollo y progreso a que tiene derecho, dada su calidad de joven nación con valiosos recursos humanos, naturales e institucionales.
Ya es tiempo de que las pasiones políticas, los egoísmos y rencores nacidos de una actividad mal orientada terminen definitivamente y empiece una era de comprensión, de civilidad, de democracia bien entendida, de justicia social, en donde el bien común sea bandera para exterminar los males sociales, políticos y económicos que nos aquejan.
Pueblo y gobierno deben permanecer como un solo hombre, atentos a la marcha de la nación para ofrecer, de esa manera, las mejores soluciones a la problemática nacional.
Con las reformas constitucionales presentadas al seno de la Asamblea Legislativa por el presidente electo, hemos podido observar un ambiente eficaz en las discusiones y una actitud positiva para llevar adelante un estudio que permita obtener los mejores beneficios para el país. Profesionales del derecho, sociedad civil, empresarios, legisladores etc., han considerado conveniente participar en este importante asunto con la esperanza de que sea el camino expedito para dar paso a la Constituyente, aspiración máxima de todos los panameños.
El próximo gobierno debe comprender que su lugar está al lado del pueblo, que su victoria pertenece a Panamá que espera, con impaciencia, una gestión gubernamental desligada de prácticas nocivas que puedan dañar la imagen de un líder que proclama una Patria Nueva para todos los que vivimos en este suelo.
El 1 de septiembre se inicia el régimen perredista bajo el liderazgo de Martín Torrijos y en su lucha por una patria nueva tendrá que enfrentar intereses partidistas, ambiciones, deshonestidad, corrupción, violencia, pobreza extrema y todo aquello que ha dado margen a que el país haya perdido, ante el mundo, su mejor imagen. Tendrá que comenzar a reconstruir los soportes para el sostenimiento de una nación que pide a gritos una mejor vida y la adecuada planificación de las estructuras de todas las instituciones del Estado.
El nuevo presidente tendrá que realizar un gran trabajo a lo largo y a lo ancho del territorio nacional, con la ayuda de todos, para rescatar la fe y credibilidad de un pueblo que ha sido defraudado muchas veces con promesas incumplidas de gobernantes panameños del pasado y del presente.Pueblo y gobierno deben permanecer como un solo hombre, atentos a la marcha de la nación para ofrecer, de esa manera, las mejores soluciones a la problemática nacional.