De salario, jornada laboral y desempleo
Mientras en Europa se está reduciendo la jornada de trabajo para controlar el desempleo y en Argentina se restringen las horas extras con el mismo propósito, en Panamá se busca aumentar el salario mínimo y aumentar la brecha entre los que tienen trabajo y los que carecen de él.
En Europa se trabaja entre 1,590 y 1,950 horas anuales, con tendencia a reducirse, mientras es mayor el número de días de vacaciones y de asueto. En Francia, por ejemplo, comenzó a regir la ley de 35 horas semanales. Tales medidas han contribuido a reducir el desempleo sin dañar la productividad y competitividad incluso frente a países con jornadas más extensas.
En América Latina, un trabajador argentino, por ejemplo, empleado a tiempo completo realiza, entre horas normales y extras, unas 2,170 horas por año. La jornada legal en Argentina es 48 horas semanales. Pero un alto número de trabajadores supera holgadamente esa cifra, mientras otra amplia franja de colegas está subempleada (trabaja pocas horas aunque desee y pueda trabajar más horas) y entre el 13% y 14% se encuentra sin trabajo.
Para aliviar el problema del subempleo y el desempleo, el gobierno argentino recientemente dictó un nuevo decreto que prohibe a los trabajadores, tanto del sector público como privado, a laborar más de 30 horas extras por mes ni superar las 200 horas por el mismo concepto al año.
Aquí en Panamá, la jornada de trabajo legal es de 44 horas semanales, pero gran parte de los trabajadores aprovechan cuanta oportunidad tienen para trabajar horas extras, las cuales son remuneradas con recargos. Los empleadores se benefician porque no tienen que sumar personas adicionales para lograr que se hagan las labores que requiere. Este régimen, sin embargo, no alivia el desempleo.
Así las cosas, un aumento en el salario mínimo puede que traiga beneficios a corto plazo para los que tiene trabajo pero sin duda no promoverá la contratación de los desempleados, lo cual agravará la pobreza. El desempleo no es un problema exclusivamente nacional y en muchos otros países ha sido reducido exitosamente mediante una combinación de alternativas.
Crear más empresas, reducir la jornada de trabajo para hacer espacio a más empleados, son medidas a considerar. Pero elevar irrazonablemente el salario mínimo va en sentido contrario. Lo que tenemos que hacer es utilizar nuestra creatividad para innovar y solucionar.
En Europa se trabaja entre 1,590 y 1,950 horas anuales, con tendencia a reducirse, mientras es mayor el número de días de vacaciones y de asueto. En Francia, por ejemplo, comenzó a regir la ley de 35 horas semanales. Tales medidas han contribuido a reducir el desempleo sin dañar la productividad y competitividad incluso frente a países con jornadas más extensas.
En América Latina, un trabajador argentino, por ejemplo, empleado a tiempo completo realiza, entre horas normales y extras, unas 2,170 horas por año. La jornada legal en Argentina es 48 horas semanales. Pero un alto número de trabajadores supera holgadamente esa cifra, mientras otra amplia franja de colegas está subempleada (trabaja pocas horas aunque desee y pueda trabajar más horas) y entre el 13% y 14% se encuentra sin trabajo.
Para aliviar el problema del subempleo y el desempleo, el gobierno argentino recientemente dictó un nuevo decreto que prohibe a los trabajadores, tanto del sector público como privado, a laborar más de 30 horas extras por mes ni superar las 200 horas por el mismo concepto al año.
Aquí en Panamá, la jornada de trabajo legal es de 44 horas semanales, pero gran parte de los trabajadores aprovechan cuanta oportunidad tienen para trabajar horas extras, las cuales son remuneradas con recargos. Los empleadores se benefician porque no tienen que sumar personas adicionales para lograr que se hagan las labores que requiere. Este régimen, sin embargo, no alivia el desempleo.
Así las cosas, un aumento en el salario mínimo puede que traiga beneficios a corto plazo para los que tiene trabajo pero sin duda no promoverá la contratación de los desempleados, lo cual agravará la pobreza. El desempleo no es un problema exclusivamente nacional y en muchos otros países ha sido reducido exitosamente mediante una combinación de alternativas.
Crear más empresas, reducir la jornada de trabajo para hacer espacio a más empleados, son medidas a considerar. Pero elevar irrazonablemente el salario mínimo va en sentido contrario. Lo que tenemos que hacer es utilizar nuestra creatividad para innovar y solucionar.