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De séquitos, protocolo y legado monárquico


La experiencia adquirida para quienes se han visto obligados a pilotar la máquina de los poderes públicos, les ha hecho caer en la cuenta que las formas ayudan no poco a mantener la autoridad y su prestigio, imprescindibles para gobernar. Durante visita particular a Barcelona, España en junio de 1999, adquirí el Manual de Protocolo, cuyo autor Francisco López-Nieto, nos explica que de acuerdo con la Constitución, la forma política del Estado español es la monarquía parlamentaria. El Rey es el Jefe de Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, y asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales. Su título es el de Rey de España, y podrá utilizar los demás que correspondan a la Corona.
Como Jefe de Estado se encuentra en la cúspide del poder, participando, en consecuencia y en cierto sentido, de cada una de las funciones en que aquél se desmembra; es decir, en la legislativa, en la ejecutiva y en la jurisdiccional, y así sanciona y promulga leyes, nombra a los miembros del Ejecutivo, en su nombre se administra justicia y ejerce el derecho de gracia. Asume, además, el mando supremo de las Fuerzas Armadas.
Todos los jefes de Estado cuentan con una estructura de apoyo, que utilizan en el ejercicio de las altas funciones que les corresponda, y que se configura con carácter independiente de todos los demás órganos del Estado.
En España esta estructura recibe el nombre de Casa de su Majestad el Rey. Aparte de la misión de servirle de apoyo en cuantas actividades se deriven del ejercicio de sus funciones como Jefe de Estado, la Casa del Rey desempeña cometidos de carácter administrativo y económico, atiende a las relaciones del Rey con los organismos oficiales, entidades y particulares, a la seguridad de su persona y Real Familia, así como a la rendición de los honores reglamentarios y a la prestación del servicio de escoltas cuando proceda.
Para manejar los asuntos oficiales con el protocolo pertinente se estableció El Departamento de Protocolo de la Presidencia del Gobierno. Su importancia es extraordinaria, no solamente porque es la llamada a dirigir la programación y celebración de todos los actos públicos oficiales preeminentes de carácter nacional o internacional, sino porque, además, de ella dimanan instrucciones y reglas de interpretación de las normas de protocolo. El Servicio de Protocolo del Ministerio de Asuntos Exteriores fue, hasta la creación de la Jefatura del Protocolo del Estado, el órgano más importante sobre la materia. Hoy su denominación exacta es Dirección General de Protocolo, Cancillería y Órdenes, cuyo titular, bajo la dependencia directa del Subsecretario y con rango y tratamiento de Embajador, es también el Instructor de Embajadores. La Dirección cuenta con dos subdirecciones generales, la de Viajes y Visitas Oficiales, Ceremonial y Órdenes, cuyo titular recibe la denominación de Segundo Introductor de Embajadores, y la de Cancillería. Sólo la primera tiene competencias protocolarias en sentido estricto.
En cuanto a las Visitas de Estado, son las que efectúan los jefes de Estado o jefes de Gobierno a España y pueden ser oficiales y privadas. Las primeras son las que las autoridades realizan por razón de su cargo, y no por motivos personales y privados, y se clasifican, a su vez, en visitas de Estado cuando el Jefe de Estado viaja como tal, y en visitas de trabajo, cuando lo hace como cabeza del poder ejecutivo. También son visitas oficiales, aunque de menor rango, las de los presidentes de gobierno o primeros ministros, las de los ministros y las de otras autoridades inferiores.
Según la costumbre internacional, el anfitrión invita a la autoridad, a su cónyuge y a su séquito oficial, incluyendo la invitación el alojamiento, comidas y extras, transporte terrestre y aéreo en el país visitado, y gastos de comunicación dentro del Estado, aunque no las que se hagan al exterior.
Los séquitos del invitado dependen del carácter de la visita, ya que en una visita de Estado son mayores que en las visitas de niveles inferiores. Según Urbina la costumbre internacional distingue: 1. Séquito oficial (o séquito real), que, encabezado por el Ministro de Asuntos Exteriores, incluye el embajador del país invitado en el anfitrión, Jefatura de su Casa, jefe de seguridad, su médico, y uno o dos ayudantes militares. Este séquito es el único incluido en la invitación. 2. Séquito técnico, compuesto por colaboradores, asesores, servicio de protocolo, seguridad, comunicaciones, intérprete, etc. 3. Séquito de servicio, constituido por el servicio doméstico, peluquero, doncella, ayuda de cámara, cocinero, etc. En los países de la Unión Europea existe la sugerencia de limitar los séquitos oficiales a un número determinado de personas que para visitas de Estado, 12 personas; visita de trabajo, 10 personas; visita de Presidente de Gobierno o primer ministro, 8 personas.
El protocolo de la llegada reconoce varias fases consecutivas: una en el aeropuerto de Madrid-Barajas, otra en el helipuerto del Palacio Real de El Pardo y una tercera en esta residencia. A la llegada del Jefe del Estado extranjero será recibido por el embajador de su país en España y el Director general de Protocolo, quienes subirán a bordo del avión para presentarle sus respetos. Al pie de la escalerilla será saludado por el ministro de Asuntos Exteriores, el Jefe de la Casa de Su Majestad el Rey, el general Jefe de la Primera Región Aérea y el Director del aeropuerto.
De ahí el Jefe de Estado y su esposa es trasladado al helipuerto del Palacio Real de El Pardo donde será recibido por los Reyes de España en la avenida principal de Palacio. Los miembros del séquito oficial se trasladarán al lugar que se haya destinado al efecto, ante la fachada principal de Palacio. La Reina y la esposa del Jefe de Estado visitante, acompañados por el Jefe de la Casa de Su Majestad y el Director general de Protocolo, se reunirán con los dos jefes de Estado, una vez finalizada la revista a la Compañía de Honores. Si se tratase de un Presidente de Gobierno o Primer ministro, el mismo sería recibido por el Presidente español en el Palacio de la Moncloa.

101 años de Panamá América

 
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