De sumisos obedientes
Un "sumiso obediente" juez penal suplente de nuestro Organo Judicial ha otorgado, mediante una sentencia, o mejor dicho con un exabrupto jurídico, un sobreseimiento definitivo a favor de los miembros del Sistema de Protección Institucional (SPI) que golpearon a un grupo de sobrevivientes y familiares de las víctimas mortales del envenenamiento de la Caja de Seguro Social.
Con dicho fallo judicial, lo único que demuestra este juez es su "analfabetismo jurídico", ya que al indicar que los funcionarios del SPI "estaban cumpliendo con su deber legal", desconoce no sólo principios elementales de normas internacionales de protección de los derechos humanos que, acorde a nuestro más alto tribunal de justicia, están incluidos en el bloque de constitucionalidad, sino que ignora que la normativa vigente que regula las funciones del SPI les impone, como obligación a dichos agentes, proteger la dignidad humana y defender los derechos humanos. Por ello, están impedidos de infligir cualquier acto cruel o de tortura en contra de los ciudadanos.
Pero qué podemos esperar de un órgano del Estado que ha demostrado ser un apéndice más del Poder Ejecutivo y que la ciudadanía percibe como carente de independencia y podrido hasta la médula por el cáncer de la corrupción y las presiones políticas.
De igual forma, si en el ?"rgano Judicial llueve, en la Asamblea Nacional no escampa; y así vemos cómo los "sumisos obedientes" diputados oficialistas le otorgan al Consejo Ejecutivo, del cual son miembros un teniente coronel de Noriega y un jefe de los Batallones de la Dignidad durante la dictadura militar, poderes para que legislen por decretos temas que requieren los necesarios consensos democráticos, como lo son las reformas a los estamentos y cuerpos de seguridad nacional.
Con estas acciones, en las cuales no se aprecia la separación de los poderes públicos, la actual administración está "militarizando nuestra democracia", y con ello mermando los derechos humanos y las garantías constitucionales de una sociedad que vivió por más de dos décadas bajo la "bota militar", y de la cual sólo pudimos salir mediante el trauma de una invasión militar que trajo luto y dolor al pueblo panameño.
Dicen que el hombre "es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra y con el mismo pie", lo que pareciera ser cierto, ya que, aprovechando los actuales momentos de inseguridad ciudadana, se empieza a sembrar la semilla del militarismo por los mismos responsables que ayer pelecharon del régimen militar y que hoy se siguen vistiendo mentalmente del "verde olivo", que está manchado de tantas muertes, desapariciones, torturas y exilios, que no podemos sumisamente aceptar y menos olvidar.