De terceras fuerzas
Los insultos, malos tratos por un lado y una postura soberbia e inalcanzable por el otro, hacen que no se lleve a cabo la unión de Alberto Vallarino y la alta dirigencia arnulfista.
Especulaciones y rumores sobre análisis instantáneos hipotéticos de posibles escenarios reales durante las próximas elecciones nacionales impiden con mayor fuerza, que la señalada unión se concrete.
El caso es que la decisión de abanderarse políticamente es exclusiva de Alberto Vallarino y su equipo, y no basta con una invitación entre dientes de los máximos líderes arnulfistas para ello, debido a que los números que separan a un candidato gubernamental arnulfista contra uno opositor (en este análisis instantáneo), son significativamente desfavorables al candidato del actual gobierno, adicionándole los 18 meses que quedan por gobernar, sumado al desgaste que esto provoca, éstos tenderán a establecer mayores diferencias numéricas entre los dos virtuales candidatos. Así se presume que hay que explorar algo diferente para que Alberto pueda ganar las elecciones. Es aquí donde entra la opción de unión multipartidista para la llamada tercera fuerza, que impulse a Alberto Vallarino al escenario de tres candidatos, en el cual se descarta el arnulfista y se fustiga al PRD con acciones pasadas, además de apoyarse en el poderío económico. Lo único malo de esta última opción es que depende del resultado de la pelea en el MOLIRENA. La unión del PP, PL, CD y PS es algo completamente factible, pero sin una insignia como el MOLIRENA, estos partidos son obligatoriamente un equipo perdedor.
El concepto de tercera fuerza asombró a América Latina con el éxito de Hugo Chávez. A diferencia de Chávez, quien era un general de corte popular y con una sostenida campaña de años, realizada entre la gente de estrato más humilde, Alberto Vallarino no posee perfil popular, ni ha realizado ningún trabajo proselitista en los últimos tres años. Nuevamente cobra vigencia el principio de tercera fuerza con Alvaro Uribe en Colombia, país agotado por una guerra civil; éste sí se compara con Vallarino, ya que es un disidente de uno de los partidos grandes, el Liberal. Alberto Vallarino es, hasta nuestros días, un disidente arnulfista. Sin embargo, el "slogan" y la línea de acabar con la guerrilla (aquí pudiese ser la corrupción) como que no es muy popular entre el mismo electorado nacional. Ciertamente para lograr consolidar esta tercera fuerza en papel, hace falta la instalación oficial del nuevo Presidente en el MOLIRENA. Aunque para muchos de nosotros, el concepto de la tercera fuerza no se aplica aún en una sociedad como la panameña.
222El caso es que la decisión de abanderarse políticamente es exclusiva de Alberto Vallarino y su equipo, y no basta con una invitación entre dientes de los máximos líderes arnulfistas para ello.
Tras vivir una exitosa-estrepitosa experiencia con el MPE, en cuanto a las terceras fuerzas, debo señalar que en aquel momento se conjugaron factores que hoy no existen para la sociedad panameña, por tanto no creo en estos sistemas. Las únicas fuerzas no incluidas en esta lucha no las que generan la honestidad y la transparencia que simbolizan verdaderas personalidades, públicas, con buena imagen aún, y el resultado que genere su endoso a algún candidato. Personalidades como Ricardo Arias Calderón con o sin partido político, y Rubén Blades; de las pocas con este perfil, pueden establecer diferencias entre la gente profesional y la gente nueva, si unos se deciden a vender y otros a comprar esperanzas. Blades necesitará de una infraestructura real y de su confianza donde se siente cómodo para optimizar los resultados hacia el proyecto Martín Torrijos que él mismo ha trazado. Esto debidamente conformado a nivel local-nacional garantizará más votos en una elección, que los que genere cualquier partido político pequeño.
Por su parte, Ricardo Arias Calderón enfrentará en su momento al dilema del partido o su conciencia. Pero para que un hombre que viene salvando y obteniendo resultados para su colectivo, sin que nadie lo agradezca, desde hace varios años, no creo que ésta resulte una decisión difícil. La altanería y el absolutismo actual tanto de la dirigencia arnulfista como de Alberto Vallarino, al día de hoy, obligarán a una elección de al menos tres candidatos en el 2004, con gente apostando al tradicionalismo o, a la postura de avanzada. Particularmente pienso que el éxito está en lo nuevo que ofrezca el candidato junto al equipo de trabajo que lo acompañe, en donde los aliados públicos más que los aliados políticos decidirán el ganador.
Especulaciones y rumores sobre análisis instantáneos hipotéticos de posibles escenarios reales durante las próximas elecciones nacionales impiden con mayor fuerza, que la señalada unión se concrete.
El caso es que la decisión de abanderarse políticamente es exclusiva de Alberto Vallarino y su equipo, y no basta con una invitación entre dientes de los máximos líderes arnulfistas para ello, debido a que los números que separan a un candidato gubernamental arnulfista contra uno opositor (en este análisis instantáneo), son significativamente desfavorables al candidato del actual gobierno, adicionándole los 18 meses que quedan por gobernar, sumado al desgaste que esto provoca, éstos tenderán a establecer mayores diferencias numéricas entre los dos virtuales candidatos. Así se presume que hay que explorar algo diferente para que Alberto pueda ganar las elecciones. Es aquí donde entra la opción de unión multipartidista para la llamada tercera fuerza, que impulse a Alberto Vallarino al escenario de tres candidatos, en el cual se descarta el arnulfista y se fustiga al PRD con acciones pasadas, además de apoyarse en el poderío económico. Lo único malo de esta última opción es que depende del resultado de la pelea en el MOLIRENA. La unión del PP, PL, CD y PS es algo completamente factible, pero sin una insignia como el MOLIRENA, estos partidos son obligatoriamente un equipo perdedor.
El concepto de tercera fuerza asombró a América Latina con el éxito de Hugo Chávez. A diferencia de Chávez, quien era un general de corte popular y con una sostenida campaña de años, realizada entre la gente de estrato más humilde, Alberto Vallarino no posee perfil popular, ni ha realizado ningún trabajo proselitista en los últimos tres años. Nuevamente cobra vigencia el principio de tercera fuerza con Alvaro Uribe en Colombia, país agotado por una guerra civil; éste sí se compara con Vallarino, ya que es un disidente de uno de los partidos grandes, el Liberal. Alberto Vallarino es, hasta nuestros días, un disidente arnulfista. Sin embargo, el "slogan" y la línea de acabar con la guerrilla (aquí pudiese ser la corrupción) como que no es muy popular entre el mismo electorado nacional. Ciertamente para lograr consolidar esta tercera fuerza en papel, hace falta la instalación oficial del nuevo Presidente en el MOLIRENA. Aunque para muchos de nosotros, el concepto de la tercera fuerza no se aplica aún en una sociedad como la panameña.
222El caso es que la decisión de abanderarse políticamente es exclusiva de Alberto Vallarino y su equipo, y no basta con una invitación entre dientes de los máximos líderes arnulfistas para ello.
Tras vivir una exitosa-estrepitosa experiencia con el MPE, en cuanto a las terceras fuerzas, debo señalar que en aquel momento se conjugaron factores que hoy no existen para la sociedad panameña, por tanto no creo en estos sistemas. Las únicas fuerzas no incluidas en esta lucha no las que generan la honestidad y la transparencia que simbolizan verdaderas personalidades, públicas, con buena imagen aún, y el resultado que genere su endoso a algún candidato. Personalidades como Ricardo Arias Calderón con o sin partido político, y Rubén Blades; de las pocas con este perfil, pueden establecer diferencias entre la gente profesional y la gente nueva, si unos se deciden a vender y otros a comprar esperanzas. Blades necesitará de una infraestructura real y de su confianza donde se siente cómodo para optimizar los resultados hacia el proyecto Martín Torrijos que él mismo ha trazado. Esto debidamente conformado a nivel local-nacional garantizará más votos en una elección, que los que genere cualquier partido político pequeño.
Por su parte, Ricardo Arias Calderón enfrentará en su momento al dilema del partido o su conciencia. Pero para que un hombre que viene salvando y obteniendo resultados para su colectivo, sin que nadie lo agradezca, desde hace varios años, no creo que ésta resulte una decisión difícil. La altanería y el absolutismo actual tanto de la dirigencia arnulfista como de Alberto Vallarino, al día de hoy, obligarán a una elección de al menos tres candidatos en el 2004, con gente apostando al tradicionalismo o, a la postura de avanzada. Particularmente pienso que el éxito está en lo nuevo que ofrezca el candidato junto al equipo de trabajo que lo acompañe, en donde los aliados públicos más que los aliados políticos decidirán el ganador.