default

De todos mis amigos..


EL ESTADO de la educación en Panamá es un reflejo vivo del estado actual del Estado. A la inversa de otras sociedades, aquí quienes tienen en sus manos la toma de decisiones sobre la educación y la instrucción parecen afiebrados por una oscura obsesión de hundir -cada vez más- a la generalidad de la población en una desesperante situación donde la información, el conocimiento, la cultura, resulten inalcanzables.
Contrariamente al interés de los gobernantes durante las primeras décadas de nuestra separación de Colombia, en la actualidad pretenden llevarnos con premeditación, hacia un interminable túnel que nos distancia del poder del conocimiento. Don Belisario Porras en su obra "De los derechos del ciudadano y de sus grandes virtudes en nuestras democracias", (Roma, 1932), afirma atinadamente: "Una verdadera educación es el despertar del amor por la verdad, el adquirir el justo sentido del deber, el abrir los ojos del alma al gran propósito y al fin de la vida. No es tanto enseñando palabras al respecto, como pensamientos, ni meras máximas como principios vivientes. No es enseñarles a los niños a ser honrados porque la honradez sea la mejor cultura, sino porque ella es lo más recto. Es enseñar a los educandos a amar el bien o lo bueno por el cuidado de lo bueno; a ser virtuosos en acción sino por el corazón; amar y servir a Dios supremamente, no por temor sino por deleite en su perfecto carácter".
La transformación integral del sistema educativo nacional no ha terminado de empezar a darse y la casi nula participación de todos los sectores que inciden en ella (estudiantes, docentes, padres de familia, directivos, organismos no gubernamentales y gubernamentales), repercute en forma negativa en la educación que se requiere con tanta urgencia para no terminar en el furgón de cola del tren del progreso. La dignidad y el valor de la persona humana se ven cada día más afectados en nuestra sociedad por la falta de educación literaria. Basta constatar el entusiasmo popular por la cantidad de brujos, videntes y todo tipo de embaucadores que, alegremente y, por acción y omisión de las autoridades se han apoderado de las radios y de los anuncios de los diarios y televisoras.
Desde los años de la dictadura se ha querido hacer creer que la situación de la educación nacional es responsabilidad exclusiva de los maestros, que los maestros son unos "fracasados", olvidando así que, en todo caso, el fracaso es el de la sociedad en que vivimos y, sobre todo, de quienes han asumido las responsabilidades gubernamentales y que no han querido, ni sabido, darle la prioridad que se merece la educación en inversión de recursos, en atención institucional, en convertirla en un interés público permanente.
Dentro de este contexto, la realización del a IV Feria del Libro en la ciudad capital, como resultado del esfuerzo de quienes creen y valoran la importancia de los libros para poder afrontar tantas situaciones, es una esperanzadora actividad que debería contribuir a darle fuerzas a la débil situación del valor que cobra la lectura en el estado actual de nuestra sociedad. Por unos días, el "Amigo de los amigos" se convierte en el huésped de predilección para ocupar el lugar de interés que le pertenece y una franja de la población -no sin dificultades- puede recorrer y visitar una variedad de espacios dedicados a su exposición y promoción.
Es con especial emoción para estas ocasiones, que acuden a mi memoria mis primeras lecturas iniciadas por la motivación de mis padres y la dedicación de mis primeras maestras, la señorita Judith Plicet y Fidelina Collado. Y, ¿cómo olvidar la invalorable guía en mis primeros pasos de asiduo lector, de la señorita Ana María Jaén, cuando la parte posterior del Palacio Presidencial albergaba la Biblioteca Nacional, de la cual ella era su directora? Allí pude aprender tempranamente que: "De todos mis amigos.. el libro es el mejor, porque me enseña cosas que no sabía yo".

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América