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De vocerías y prudencia


A pesar de que la mayoría de los sectores del país está en desacuerdo con la Ley 17 que reforma el sistema de seguridad social, la oposición de cada uno es por motivos distintos y hasta contradictorios. Es comprensible que ante estos vectores encontrados, el Gobierno haya escogido un camino en particular. Nadie debe mezquinarle al presidente Martín Torrijos el reconocimiento a enfrentar el tema con valentía. Sin embargo, la polémica surgida por la aprobación de la ley, parece haber obnubilado a las partes y un espíritu maniqueo se ha posesionado de los principales protagonistas. Mientras el FRENADESSO pide la derogatoria total de la Ley 17, el Gobierno dice que no la derogará.
Para los sectores más radicalizados de la protesta, la posición gubernamental es inhumana y además escondería intereses crematísticos subalternos. Para el Gobierno, los opositores responden a un plan de la ultraizquierda que busca la toma del poder por la fuerza del caos y señalan a Bolivia y Ecuador como ejemplos del plan golpista. Cuando lo que cada parte siente que está en juego es algo de vida o muerte, su vejez en la miseria para algunos y la caída del poder para otros, es natural que las posiciones se calcifiquen.
Por otra parte, ante la ausencia de otros sectores más moderados que abanderen la protesta de las capas medias, se nota un movimiento de endoso de este sector al liderazgo más radicalizado de la protesta. Esto es peligroso para la estabilidad del sistema democrático y también para el resultado final de este proceso, ya que lo que puede salir es algo peor a lo que ya se tiene. El Gobierno no sólo debe aceptar sino también desear, que surjan otras vocerías que respondan a los grupos moderados, así no les agrade lo que les tienen que decir.
Ampliar el diálogo es una buena idea; permitir que el proyecto de la oposición política, que busca la suspensión de algunos efectos de la ley por 90 días, se apruebe rápidamente, es otra medida prudente; escoger a un mediador aceptable por todas las partes también ayudará a salir de este atolladero. El Gobierno debe estar dispuesto a ceder algunos puntos a favor de sus adversarios. Si no lo hace, se arriesga a perderlo todo en manos de quienes percibe como sus enemigos.

101 años de Panamá América

 
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