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De vuelta a los días puente


La derogación de la ley fue una promesa de campaña aupada por radicales históricos y religiosos temerosos de que se desnaturalizara la esencia de la celebración de cada festivo. Decían que el Viernes Santo, el 8 de diciembre, el 3 y el 28 de noviembre, y otras emblemáticas fechas, debían celebrarse ese día y no correr el feriado hacia un lunes cualquiera por meros caprichos de azar del calendario.
De nada valió el argumento de que el día de celebración es inamovible y que lo único que cambiaba era el de descanso, que se corría. No lo entendieron. Al final, los perjudicados fueron los hoteles, restaurantes, comerciantes y productores del interior, principales beneficiarios de la ley, cuyos coprovincianos en parte se sumaron a la ola fundamentalista que respaldó la derogatoria.
Dos años después de la derogatoria fue más que suficiente para hacer retornar el entendimiento a quienes causaron aquel desastre. El interior, azotado por la globalización, con su mercado tomado por productos extranjeros, quedó privado de la alternativa de compensarse en parte con el flujo de turismo interno de los días puente.
De cualquier modo, la sensatez parece haber regresado, aunque sea con ayuda de la aguda crisis económica que azota al país. El legislador liberal, Arturo Arauz, ha sido el artífice de la iniciativa legislativa aprobada en tercer debate. La tenacidad y la simpatía que despierta el hábil parlamentario entre sus colegas de todas las bancadas, han sido otra vez su principal activo. Es la tercera ocasión que presenta el proyecto. Y de lo que fue una iniciativa ambiciosa original que incluía a todos los festivos, tuvo que hacer concesiones, excluyendo varios días de los días puente, pero dejando abierta ingeniosamente, a la decisión del Ejecutivo, la posibilidad de volverlos a añadir. Por lo pronto, el proyecto incluye los días 9 de enero, 10 y 28 de noviembre, excluyendo Navidad y Año Nuevo.
Una buena señal para el proyecto es que la Presidenta Moscoso haya reconocido "que esos días ayudan al interior de la República". Pero debe imponer su liderazgo y autoridad para sancionarla y hacerla ley, pese a la oposición de algunos sectores cuya opinión, se demostró en los hechos, fue inconveniente. El interior requiere reforzar su reconversión, sobre todo en el plano turístico, que se encuentra hoy en pleno auge.


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