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Debate o circo romano


En nuestro contexto político se está confundiendo deliberadamente la connotación del concepto "debate" con miras a desvirtuar los objetivos que esta actividad conlleva, para luego señalar con dedo acusador a quien no se someta a esta dinámica.
Cada día escuchamos a moros y cristianos pregonar que sería a través que un gran debate que los tres candidatos a la Presidencia de la República podrían comunicar al público sus respectivas propuestas de Gobierno, concediéndole de tal suerte la posibilidad de votar por la mejor.
Falacia premeditadamente calculada. Por definición, debate significa controversia, confrontación, enfrentamiento verbal. Al realizarlo frente a los medios y ante las masas lo convierte de cerca en un circo romano, o en argot folclórico, en una burda gallera, en la que cada gallo reluce sus espuelas afiladas y casi siempre venenosas. En el equivocado concepto que se le está confiando a "debate", lleva la de ganar -porque según ellos habría vencedores y vencidos, aquel que despliegue las mejoras cualidades histriónicas al dramatizar su papel, el que provoque emocionalmente al público, haciéndolo reír o llorar o lo impresione con aquella retórica florida, que después del 2 de mayo se convertirá en letra muerta ante su inminente derrota en las urnas. Saldrá ganador el más intrépido para mentir, para hacer promesas irrealizables, el que logre ridiculizar al contendor.
No hace mucho fuimos testigos del lobo con piel de oveja que, camuflando su arrogancia, prepotencia y egocentrismo, bajo una mirada fingida serena y noble, una vez deliberadamente cálida y en ocasiones hasta sensual, manipulando estereotipos basados en los valores más nobles de los panameños: los hijos, el matrimonio, la familia. Con ese teatro engañaron a algunos esa vez; pero a esos no los volverán a engañar y mucho menos nos engañarán a los demás.
Finalmente, lo que cabe enfatizar es que la óptima divulgación de los planes de gobierno se lograrán a través del diálogo entre el proponente y los votantes, a través de conversatorios, intercambios de ideas, exposiciones seguidas por un período de preguntas y respuestas. Para que la interacción alcance los mejores resultados es imprescindible una atmósfera psicológicamente saludable, de abierta receptividad de parte y parte, sin preguntas perniciosas, sin auditorios sesgados y sobre todo, sin batalloneros y afines. Desde la perspectiva de nuestra objetividad profesional nos permitimos recomendarle a la señora Mireya Moscoso no someterse a situaciones anómalas, obviamente amañadas y a continuar su contacto con los electores que deben ser prioritarios para ella y no sus contendores.

101 años de Panamá América

 
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