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Debate sobre el celibato


A partir de la noticia de que el padre Alberto Cutié, famoso sacerdote católico hispano de Estados Unidos, fue sorprendido besando y acariciando a una mujer; ha surgido un debate en la prensa local sobre los orígenes y razones del celibato sacerdotal.

Jesús, en el Evangelio de San Mateo, nos habla de dos vocaciones. Las dos vienen del mismo Señor tanto el sacramento del matrimonio como el celibato por el Reino de Dios. Es Jesús quien les da sentido y les concede la gracia indispensable para vivirlas conforme a su voluntad: “El respondió: ‘¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre.’ (Mateo 19, 4-12).

“Pero él les dijo: ‘No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que fueron hechos tales por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos". (Mateo 19, 11s).

En la primera parte del texto podemos apreciar como Jesús desarrolla una enseñanza alrededor del sacramento del Matrimonio. Pero al final Jesús nos habla de eunucos, pero ¿qué son los eunucos? Eran personas a los que extirpaban o inutilizaban los órganos genitales. Dicho de otro modo, personas que no podían tener relaciones sexuales debido a este impedimento físico. Entonces, el Señor aclara que hay personas que se hace así mismo eunucos por el Reino. Es decir que tomaron la opción de privarse de la vida conyugal por amor al Reino de los Cielos. Este es el celibato.

La Escritura nos muestra las dos vocaciones y ninguna excluye a la otra, son parte de un mismo cuerpo que es la Iglesia. Y esta es la voluntad del Señor. Como nos dice la Biblia: “Por tanto, el que se casa con su novia, obra bien. Y el que no se casa, obra mejor…” (1Corintios 7, 38).

Entonces ¿por qué el sacerdote no se casa? ¿Acaso no podría servir a Dios estando casado? Por supuesto que sí. Pero la Palabra de Dios nos da las razones porque es mejor para el siervo de Dios estar célibe: “Yo os quisiera libres de preocupaciones. El no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. El casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer; está por tanto dividido. La mujer no casada, lo mismo que la doncella, se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. Mas la casada se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido”. (1Corintios 7, 32-35).

Aquí vemos porqué los sacerdotes, los religiosos y las religiosas deciden optar por el celibato. La razón es muy sencilla: para poder dedicarse por entero a las cosas del Señor sin división, como nos enseña la Biblia.

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