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Debates


Creo conveniente dedicar un artículo a un tema que merece significativa atención por todos, en especial por aquellos grupos u organizaciones, de la sociedad civil o no, que pretendan auspiciar o promover debates entre los candidatos a la Presidencia de la República en los próximos meses. En la pasada campaña electoral, los debates adquirieron, más que en 1994, mayor interés, aunque recuerdo que en aquélla no se hicieron y predominó la disertación aislada de cada candidato en diferentes foros, a excepción creo de uno en la Universidad. En 1999, a pesar del interés, nada se hizo, o mejor dicho, con una complaciente actitud se permitió que no se hicieran los mismos.
La Universidad de Panamá, recuerdo, fue la institución que más énfasis puso. Creó toda una organización que, incluso, llegó a conformar representaciones de los distintos candidatos para acordar las reglas de los encuentros de manera justa para todos. Yo participé en representación de Alberto Vallarino y tanto la entonces candidata Moscoso como el candidato Torrijos, nombraron los suyos. Eso fue lo más cerca de un debate que hubo. Cuando llegó la segunda reunión, la candidata Moscoso mandó a reiterar que ella con Alberto Vallarino no tenía nada que debatir; y Torrijos, convenientemente, planteó que si no estaban los tres, él no asistiría. Palabras más, palabras menos, eso fue lo que pasó. Fue la primera vez que el Eje Martín - Mireya encontró puntos de coincidencia, para conveniencia mutua, por supuesto. Sin embargo, un sector de la Universidad, sí convocó al debate y sólo asistió Alberto Vallarino en el Paraninfo, en uno de los momentos más significativos y amplios para exponer su programa de gobierno y de adquirir compromisos. Fueron tres horas de intensos cruces de preguntas y respuestas, ante un auditorio, no hostil, pero tampoco amigo, como enfrentó muchos. No menciono los espectáculos televisivos porque los mismos no fueron ni pretendieron ser reales debates de nada. Ese fue el escenario del 99, dos de tres candidatos no se comprometieron a nada frente a nadie.
La Alianza de Moscoso elaboró un largo documento bajo la coordinación de connotados profesionales que ha significado el mejor homenaje a las letras muertas que hayamos visto. Muchos de sus autores reniegan hoy del error o de la buena fe en que fueron sorprendidos. La Alianza de Martín Torrijos sacó un panfleto que iniciaba diciendo: “esto no es un programa de gobierno”, lo demás sobra. Esos fueron los compromisos, si es que se les puede llamar así.
Ahora, estamos a un año de las próximas elecciones. Ya hay dos candidatos formales, y en algún momento del año se adicionará uno más por el sector del gobierno. No he escuchado nada en torno a debates. Lo suscitado en CADE hace unas semanas pudo ser un precedente, cuando el candidato Torrijos no se presentó y envió al buen amigo Jorge Eduardo Ritter como lector oficial, argumentando un repentino viaje a Costa Rica. Creo, como dije en CADE, que la sociedad civil debe ser exigente en cuanto al tema de los debates, igual los medios.
Con entera independencia de nuestras preferencias electorales, todos los candidatos deben asistir personalmente, debatir, someterse a los interrogatorios de los participantes, defender sus plataformas; en fin, verse identificados con su propuesta, conocerla, dominarla y adquirir compromisos. Es aquí donde se calibra al candidato, no por lo buen lector que pueda ser, sino por el grado de capacidad que demuestre para entender la gran responsabilidad de conducir a todo un país. La experiencia del ‘99 nos debe servir hoy para reafirmar que quien a nada se compromete, nada se le puede exigir después. Hoy ese precio está pagándose a un alto costo, a pesar de que no fueron pocos, entre ellos un renunciado asesor presidencial, que manisfestaba y hasta escribía que para gobernar no se necesitaba capacidad, sino votos. Bueno, este es el resultado de semejante barbaridad. Otros me dijeron después de las elecciones que las encuestas previas comprobaron que la gente, o sea el electorado, no leía programas de gobierno y que por eso ellos no le daban el mérito y entusiasmo que le puso Alberto Vallarino al suyo. Quizás resulte cierto esto último, pero, nuevamente, este es el resultado de semejante irresponsabilidad.
Soy del criterio que desde ya este tema debe irse ventilando. Es tradición en la APEDE que el CADE electoral siempre se dedica a conocer de los candidatos, incluso los vicepresidenciales, los distintos programas de gobierno. El formato ha sido el del monólogo, cada uno por su lado, cosa que debe cambiar a fin de realmente debatir con altura. Como expresidente de ese gremio, me esforzaré en que se cambie ese absurdo formato. Otra organización de mucho prestigio, ILDEA, también organiza estos foros, con mucha credibilidad por el nivel de sus promotores. También los medios, televisivos y radiales, deben hacer lo propio. Sin pretender ser radical, el candidato que decida no asistir, que se le deje su espacio vacío. El electorado debe conocer quién quiere adquirir compromisos y quién no. Tan sencillo como eso.
Quienquiera resulte ganador, si quiere ser responsable con el deber que adquiere, deberá iniciar una segunda época en la conducción democrática del país. Una época de profundas transformaciones, partiendo de una nueva Constitución Nacional, que sirva para impulsar el país que previamente debemos definir para este siglo. Una época de grandes cambios institucionales, de profundización de la transparencia como deber de todos los gobernantes, de exigencias ciudadanas en torno al cumplimiento de los compromisos adquiridos por los vencedores cuando buscaban el voto popular. Una época de grandes consensos, sin confundir los mismos con acomodos post-electorales, como ha sido la práctica, en busca del botín político. Una época de austeridad y sacrificio desde arriba, para encontrar la comprensión de los más necesitados, mientras se concretan los inicios de las impostergables soluciones. De esto se trata el próximo quinquenio, de recuperar lo perdido en éste e impulsarnos hacia delante.
Creo, sinceramente, que los debates son imprescindibles. De lo contrario, recuerden que la parte cosmética de las campañas no reflejan siempre el resultado final en función de gobierno. ¿Desean más botones de muestra?
Aseguró que su gobierno no ha endeudado el país, puesto que ha tratado de no pedir préstamos internacionales para no subir la deuda actual.
Por su parte, la economista Luisa Turolla, de la consultora Arden & Price, manifestó ayer en la reunión mensual de análisis socio-económico de la firma, que un país en donde la economía está estancada y no hay ajuste en el gasto público, obviamente se reflejará un incremento en la deuda pública.
Aunque no quiso hacer comparaciones de la administración de deuda del Gobierno de Pérez Balladares y Moscoso, advirtió que las cifras hablan por sí solas. ( ver cuadro)
Por ello, recalcó que para mejorar estos márgenes el país necesita una reforma estructural y no una tributaria, como la que se realizó a finales del año pasado.
De acuerdo con un informe auditado externamente por los contadores Ernest & Young, a junio de 1999 la deuda total de Panamá se situaba en los B/. 7,317 millones.
El informe fue presentado un mes antes de que Pérez Balladares saliera de la silla presidencial y refleja un reducción de B/.111 millones, si se compara con lo que ese gobierno recibió.
En tanto, de acuerdo con información del Ministerio de Economía y Finanzas, al 28 de febrero de 2003 la deuda es de B/.7,751.02 millones. Esto implicaría un aumento de B/.1,400 millones, según Balladares.
Sin embargo, para el MEF, la realidad es otra. De acuerdo con los reportes que maneja este ministerio, al 1 de septiembre, mes en el que tomó posesión Moscoso, la deuda era de B/.7,751 millones.
"Evidentemente, hay una buena utilización de las cifras, porque no se toma en cuenta el final de la gestión de Pérez Balladares, expresó el viceministro de Economía, Domingo Latorraca.
Según el funcionario, es un error medir el aumento de la deuda en este momento, porque aún no ha terminado el año y por lo tanto las amortizaciones a esta deuda no se han reflejado.

101 años de Panamá América

 
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