Debates
Creo oportuno referirme al tema de los debates entre los tres candidatos a la Presidencia de la República, ya que mucho es lo que se dice, a la fecha, poco es lo que se hace para perfeccionarlos en tiempo oportuno.
Durante todo el año electoral que hemos vivido, primero durante las primarias arnulfistas y luego durante la campaña del referéndum, siempre se adujo que era fundamental ir a debates. Las primarias mencionadas adolecieron de éstos. Durante el proceso del referéndum, a pesar de que se dieron, los que favorecían la reelección argumentaban, para tirar al desvío, que era importante debatir las distintas propuestas de gobierno, cosa inoportuna entonces ya que el tema era si queríamos o no cinco años más de Pérez Balladares. Reconozco sí, que durante las primarias del PRD, tres de los aspirantes fueron a debates televisivos, hecho este que considero positivo.
Ahora, la cosa cambia ya que llegó el momento de analizar propuestas de gobierno, para poder elegir a conciencia la mejor opción y al mejor candidato el 2 de mayo. Sin embargo, lo que antes se planteaba con vehemencia en torno a divulgar y sustentar los programas por parte de los candidatos, ahora se ha transformado como en un laberinto de procedimientos para justificar el no hacer debates. La causa, sobra explicar cuál es.
Alberto Vallarino presentó el 25 de enero su propuesta de gobierno. La lucha contra el desempleo, principal problema social del país, es su tema de campaña. Las otras dos alianzas aún no han presentado sus programas. Muchas de las críticas denotan que ni siquiera han leído la propuesta de Alberto. En torno al candidato PRD giran muchos rumores sobre discrepancias entre el lineamiento del candidato y el lineamiento del Presidente, Jefe Político del Candidato. No obstante, tarde o temprano ambas alianzas, tendrán que presentar sus programas para sustentar su plataforma electoral.
Si se quiere ser malicioso, en esto yo lo soy, parece desprenderse de que la estrategia para los debates es: o van todos o no se hacen. En principio, parece justa. Sin embargo, lo que hay detrás pareciera ser evitar que Martín o Doña Mireya se enfrenten a Alberto Vallarino y pueda éste demostrar frente al país lo que propios y extraños reconocen en privado. Alberto es el mejor candidato.
Si lo antes dicho es la línea trazada por "alguien" en conjunto con "alguienes", estamos como país desvirtuando el sentido democrático de un torneo electoral. Además, se está propiciando el mayor irrespeto a los electores, únicos soberanos de la decisión que se adoptará el 2 de mayo.
Por lo menos, es positivo que Martín haya declarado que sí asistirá a los debates y que Doña Mireya algo haya dicho en torno a su asistencia esta vez a los mismos, aunque, por supuesto que buscará todas las razones para evitar debatir a fondo la problemática nacional con Alberto. Sin embargo, si los grupos organizadores (televisoras, periódicos, gremios, clubes cívicos, etc.) no se muestran transparentes en el sentido de ser facilitadores de debates públicos e imparciales, entre los tres candidatos presidenciales, entonces pagarán el precio de tan criticable actitud.
Como coordinador del Plan Económico y de Acción Social de Alberto Vallarino, me siento satisfecho del trabajo presentado, el cual recoge esfuerzo desinteresado de muchos hombres y mujeres que aportaron ideas, propuestas y experiencias a nivel nacional para responsablemente plantearle al país la primera oferta electoral en concreto. Sin todo ese cúmulo de aportes, el programa no hubiera sido posible. Alberto ha puesto sus cartas sobre la mesa.
Ahora, apelo, como debemos hacer todos los electores, a que las tres alianzas debatan sus propuestas, con altura y proyección frente a toda la opinión pública panameña. Lo que está en juego en estas elecciones es el futuro nacional en el momento más trascendental de nuestra historia. Es vital que el país conozca a cada candidato a través de los debates públicos e imparciales. Si alguien no desea asistir, que el país lo sepa y que su silla se quede vacía. Cada quien sabrá entonces sacar sus propias conclusiones.
Durante todo el año electoral que hemos vivido, primero durante las primarias arnulfistas y luego durante la campaña del referéndum, siempre se adujo que era fundamental ir a debates. Las primarias mencionadas adolecieron de éstos. Durante el proceso del referéndum, a pesar de que se dieron, los que favorecían la reelección argumentaban, para tirar al desvío, que era importante debatir las distintas propuestas de gobierno, cosa inoportuna entonces ya que el tema era si queríamos o no cinco años más de Pérez Balladares. Reconozco sí, que durante las primarias del PRD, tres de los aspirantes fueron a debates televisivos, hecho este que considero positivo.
Ahora, la cosa cambia ya que llegó el momento de analizar propuestas de gobierno, para poder elegir a conciencia la mejor opción y al mejor candidato el 2 de mayo. Sin embargo, lo que antes se planteaba con vehemencia en torno a divulgar y sustentar los programas por parte de los candidatos, ahora se ha transformado como en un laberinto de procedimientos para justificar el no hacer debates. La causa, sobra explicar cuál es.
Alberto Vallarino presentó el 25 de enero su propuesta de gobierno. La lucha contra el desempleo, principal problema social del país, es su tema de campaña. Las otras dos alianzas aún no han presentado sus programas. Muchas de las críticas denotan que ni siquiera han leído la propuesta de Alberto. En torno al candidato PRD giran muchos rumores sobre discrepancias entre el lineamiento del candidato y el lineamiento del Presidente, Jefe Político del Candidato. No obstante, tarde o temprano ambas alianzas, tendrán que presentar sus programas para sustentar su plataforma electoral.
Si se quiere ser malicioso, en esto yo lo soy, parece desprenderse de que la estrategia para los debates es: o van todos o no se hacen. En principio, parece justa. Sin embargo, lo que hay detrás pareciera ser evitar que Martín o Doña Mireya se enfrenten a Alberto Vallarino y pueda éste demostrar frente al país lo que propios y extraños reconocen en privado. Alberto es el mejor candidato.
Si lo antes dicho es la línea trazada por "alguien" en conjunto con "alguienes", estamos como país desvirtuando el sentido democrático de un torneo electoral. Además, se está propiciando el mayor irrespeto a los electores, únicos soberanos de la decisión que se adoptará el 2 de mayo.
Por lo menos, es positivo que Martín haya declarado que sí asistirá a los debates y que Doña Mireya algo haya dicho en torno a su asistencia esta vez a los mismos, aunque, por supuesto que buscará todas las razones para evitar debatir a fondo la problemática nacional con Alberto. Sin embargo, si los grupos organizadores (televisoras, periódicos, gremios, clubes cívicos, etc.) no se muestran transparentes en el sentido de ser facilitadores de debates públicos e imparciales, entre los tres candidatos presidenciales, entonces pagarán el precio de tan criticable actitud.
Como coordinador del Plan Económico y de Acción Social de Alberto Vallarino, me siento satisfecho del trabajo presentado, el cual recoge esfuerzo desinteresado de muchos hombres y mujeres que aportaron ideas, propuestas y experiencias a nivel nacional para responsablemente plantearle al país la primera oferta electoral en concreto. Sin todo ese cúmulo de aportes, el programa no hubiera sido posible. Alberto ha puesto sus cartas sobre la mesa.
Ahora, apelo, como debemos hacer todos los electores, a que las tres alianzas debatan sus propuestas, con altura y proyección frente a toda la opinión pública panameña. Lo que está en juego en estas elecciones es el futuro nacional en el momento más trascendental de nuestra historia. Es vital que el país conozca a cada candidato a través de los debates públicos e imparciales. Si alguien no desea asistir, que el país lo sepa y que su silla se quede vacía. Cada quien sabrá entonces sacar sus propias conclusiones.