Debates televisados
Los programas de debates televisados son muy bien acogidos por la comunidad, en virtud de que en ellos se tratan asuntos de interés social y puede apreciarse, con frecuencia y a satisfacción, que en nuestro país hay mucha gente de talento y conocedora de las materias debatidas.
No obstante, dichos eventos a veces ofrecen un espectáculo deprimente, porque personas que no saben hablar y manejan pésimamente el idioma, son invitadas con regularidad a comparecer.
Eso indica que quien conduce el programa sufre de lo mismo que tales huéspedes o les guarda una exagerada consideración. Y con ello se expone una imagen negativa, tanto de la empresa como del país. Aparte de lo expresado, los directores de los debates frecuentemente se dejan quitar el control del programa. Individuos impertinentes hay, faltos de caballerosidad, que interrumpen constantemente a los demás, lo que les es tolerado. A esos, sencillamente no se les debe seguir invitando para futuros encuentros.
Una medida saludable y enaltecedora para la celebración de los debates sería la de que el director o moderador del programa, antes de aparecer en pantalla, le advirtiera a los invitados que él es la única persona que puede interrumpir a quien esté en el uso de la palabra cuando lo estime necesario o conveniente; que nadie, absolutamente nadie, podrá interrumpir a quien esté hablando. Con ello se evitarían las discusiones personales, entre dos o más participantes, y las lamentables algazaras que con frecuencia protagonizan entre ellos.