Debatir no es insultar
Un debate supone un intercambio de posiciones diferentes sobre un mismo tema. En relación con el proyecto de ampliación del Canal, o construcción de un tercer juego de esclusas, se ha publicado mucha información, ya sea en forma de avisos publicitarios, vallas, cuñas televisivas o de radio, y también muchas noticias, reportajes, entrevistas, artículos de opinión, editoriales y caricaturas, que manifiestan un parecer crítico o favorable hacia el Sí y hacia el No. Ello es cónsono con el ejercicio de la libertad de expresión en un país democrático que quiere afianzar su democracia. Un ejercicio más arduo y poco frecuente es escuchar la opinión de los otros y entender sus razones. El debate casi siempre se da con una clara conciencia de que estamos frente a un público al que queremos convencer. La argumentación, cualquiera sea la forma que ella adopte, va dirigida al público espectador y no al adversario, al que se sabe no se va a convencer. Aunque es lógico pues que, en el debate sobre el Canal, no haya un interés de entender a la otra parte para acercarse a ella, y haya muy poco de escucharse para entenderse, debe evitarse el insulto que nada aporta al debate. Es lamentable que algunos de los grupos que favorecen al No se hayan dedicado a enviar correos electrónicos llenos de insultos y acusaciones gratuitas, pero es indicativo de que se han quedado sin argumentos de fondo. El insulto es una manifestación de la incapacidad de razonar y es una muestra de que se ha perdido la batalla de las razones. Es totalmente comprensible que un ciudadano, o una asociación de ciudadanos, manifieste que votará No el día de los comicios. Es perfectamente legítimo que alguien pida el voto negativo el día del referéndum. A lo que no hay derecho es a insultar y a calumniar.
Después de 17 años de que Noriega se entregara a las autoridades norteamericanas, cuatro han sido las administraciones que han podido decidir el destino de los bienes del ex dictador, sin embargo, no ha sido así.
Después de 17 años de que Noriega se entregara a las autoridades norteamericanas, cuatro han sido las administraciones que han podido decidir el destino de los bienes del ex dictador, sin embargo, no ha sido así.