Deber de testar
En nuestra larga carrera profesional, debido a las experiencias que hemos tenido sobre la disposición de una persona de repartir sus bienes después de su muerte, hemos llegado a la conclusión de que testar no es sólo un derecho, sino un deber. La muerte de una persona que deja bienes puede ser causa, debido a su omisión de haber hecho testamento, de verdaderas tormentas en su familia.
Ellas se dividen en dos y hasta tres grupos en crudas disputas lamentables: Hermanos que se distancian de tal manera que se quitan el habla y no desean ni volverse a ver; madres adoloridas por la enconada guerra entre sus hijos sin que se vislumbre la paz, y el que podría imponerla no puede estar presente por ser el jefe de familia que murió. Ahora, bien, para testar es preciso determinar con exactitud, tras un riguroso examen de conciencia, qué y a quiénes favorecer con los bienes a repartir, a fin de no cometer exageraciones o injusticias con los futuros beneficiarios. Es preciso conocer quiénes son los más merecedores conforme a las circunstancias.
No siempre es justo repartir los bienes entre los hijos por igual ni que a cada uno se le entregue de inmediato la totalidad que se le asigne a recibir. Además, es importante consultar cuál sería la mejor forma de testar. Tales son los consejos que podemos ofrecer a nuestros amables lectores con la mejor intención de que se comprenda que testar, más que un derecho y una prudente decisión, es un deber.