Decálogo contra la violencia de género
DESDE HACE más de 23 años se viene celebrando internacionalmente el Día contra la violencia hacia las mujeres; fecha establecida en honor a las hermanas dominicanas Patria, Teresa y Minerva Mirabal, asesinadas por la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo un 25 de noviembre de 1965.
Todos los años se realizan en diversas partes del mundo, durante todo el mes de noviembre, eventos y actividades de distinta índole, con la finalidad de concienciar a las personas, en especial a los hombres, sobre los graves efectos físicos, sexuales y psíquicos que ocasiona para las víctimas el maltrato y la violencia de género, así como las consecuencias económicas, sociales y de salud que dicho problema acarrea para los Estados.
La ONU define la violencia de género como "todo acto de violencia que se ejerce contra la mujer por el hecho de ser mujer y que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación de la libertad, con independencia de que se produzca en el ámbito público o privado". Es en definitiva, una grave violación a los derechos humanos de las mujeres.
Como defensora de los derechos de las mujeres, considero un deber ético y moral promover el rechazo a la tolerancia social de este flagelo y luchar por su erradicación. Esta lucha va más allá de contar con leyes específicas o medidas de protección; se requiere que las mismas tengan efectividad y que las mujeres cuenten con albergues seguros, secretos e ilocalizables para sus agresores. Hasta donde conozco, no existe uno solo en Panamá que pueda garantizar esos tres aspectos. Sin embargo, esa protección es apenas, una medida más; se necesita poner en práctica otras medidas: educación, leyes eficaces de igualdad, tratamiento solidario de los medios de comunicación, atención integral de las víctimas.
A la sociedad no le tiene que preocupar solamente la cifra creciente de los asesinatos de mujeres a manos de hombres, y hay motivo más que suficiente para la preocupación; pero si nos centramos única y exclusivamente en los asesinatos -o en las lesiones graves-, será muy difícil que se entienda integralmente el problema que representa para la sociedad la violencia contra las mujeres.
Por eso, en esta ocasión, quiero solicitar un cambio de actitud de toda la sociedad, a través de la información, la educación y la cultura. Espero contribuir con ese aporte sororal y solidario a través de un modesto decálogo:
Comprender que la violencia de género es expresión de la violencia ideológica patriarcal, ejercida por aquellos varones que consideran a las mujeres un objeto de su propiedad.
Promover que en el ámbito político, jurídico, económico y social se considere la violencia de género como un problema de Estado de primer orden y en consecuencia, exigir la implantación de políticas públicas eficaces.
Combatir desde todas las instancias el silencio y la complicidad ante las agresiones, denunciándolas y haciéndolas públicas y lograr que las mujeres víctimas de violencia rompan el silencio y presenten las denuncias.
Exigir la aplicación efectiva de las Leyes y denunciar la omisión, la pasividad y la benevolencia, demasiado frecuentes, por parte de algunos jueces/zas y fiscales que promueven la impunidad de los agresores.
Denunciar cualquier tipo de violencia de género en la publicidad y en la programación de los medios de comunicación y exigirles la elaboración de un código ético para eliminar mensajes sexistas o permisivos con la violencia de género.
Combatir a todos los niveles, el lenguaje sexista y la degradación de la imagen de las mujeres.
Prevenir la violencia de género desde la niñez, educando en la cultura de paz y en la igualdad de derechos y oportunidades.
Promover la formación, la cultura y el derecho a un empleo digno de las mujeres como medios eficaces para la defensa ante las agresiones.
Divulgar ampliamente la información y las estadísticas concernientes a la violencia de género.
Desarrollar la sororidad y la solidaridad entre las mujeres y con las asociaciones de mujeres, promoviendo la organización y la lucha como medio fundamental para erradicar la violencia de género.
Todos y todas tenemos el deber moral de contribuir a un cambio de actitud radical en la sociedad, en la cultura, en la educación y en las relaciones, poniendo en práctica una o varias de las reglas anteriores. Al hacerlo, estaremos promoviendo la convivencia armónica entre las personas y erradicando también la violencia de género.