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Decálogo de un buen rector


Este viernes -12 de mayo- se realizarán las elecciones universitarias para Rector(a) de la Universidad de Panamá. Al primer(a) Rector(a) del nuevo milenio le tocará enfrentar los enormes retos que inciden en la Casa de Méndez Pereira. Desde mi perspectiva, resumiría en diez ideas el desempeño ideal de tan delicada misión:
El pluralismo. La Universidad de Panamá (UP) debe tener relación con todas las corrientes y todas las perspectivas, por lo que el Rector aunque sea político, no lo debe ser en forma partidista. Por ello, debería renunciar a cualquiera afiliación, ordenamiento u opción partidista, para abrir las relaciones de confianza no solo de los universitarios, sino con la población panameña. Al mismo tiempo se puede ser o no ser partidista, y reproducir métodos politiqueros como el clientelismo y el patrimonialismo. Por ello, tanto la campaña como el gobierno universitario debe desechar táles métodos. El equipo de trabajo de gobierno, debe constituirse con los y las mejores personas, por encima de condicionamientos electorales.
La autonomía: La defensa de la autonomía universitaria es un aspecto fundamental. Lo ocurrido en diciembre de 1998 en Panamá y recientemente en México, demuestra que las violaciones están vigentes, ocurren perfectamente bajo la administración de gobiernos civiles, y no únicamente bajo dictaduras o gobierno de facto. Pero el espacio autonómico no debe paralizar, debe enriquecerse con el estímulo a la ciencia, la cultura, el debate y la crítica fecunda.
Calidad de la educación: La universidad debe impulsar la calidad de la educación, sobre la base de una renovación y profundización de los contenidos, y a una innovación metodológica que supere la educación unidireccional y memorística, por una pedagogía transformadora del conocimiento y de la realidad, que sea coherente con los contenidos que se actualicen.
Conciencia crítica: La propuesta educativa debe ser integral, buscando no sólo formar en una disciplina, sino ofrecer la formación de una personalidad democrática, creativa y libre, unida a la eficiencia y la eficacia profesional. Para ello la UP debe ser un centro neurálgico de análisis y propuesta de los problemas que agobian a la nación. No se puede formar integralmente si el entorno universitario al mismo tiempo, no es parte importante de las respuestas a los desafíos nacionales. La pobreza que afecta a un millón de panameños, es claramente el principal de desafío para todo el país. La UP no puede quedarse al márgen del combate por superar esta situación.
Modelo de gestión: En la actualidad, el modelo global neoliberal cuestiona el papel de las universidades públicas, planteando -entre otros elementos- que es una gran inversión en beneficio del sector no pobre, que arguyen es la mayoría del estudiantado. Plantean privatizar las universidades públicas en función de búsqueda de autofinanciamiento de su gestión. Pero esto no es cierto. Si es verdad que muchos universitarios no están en la categoría estricta de la línea de pobreza, sí se encuentran incluidos en la amplia esfera de la vulnerabilidad socioeconómica, y de no existir una universidad accesible no podrían cursar estudios universitarios, elitizando así la educación superior. Por ello, es necesario analizar la población estudiantil desde la perspectiva de poder pagarse los estudios, y no únicamente desde el punto de vista de su pertenencia o no a la línea de la pobreza. Por otra parte es necesario invertir más en la educación preescolar y primaria, pero mejorando la calidad y extensión de la educación universitaria pública, pues en caso contrario limitaría la movilidad educativa de los estudiantes, y fomentaría una mano de obra subcalificada, en lugar del horizonte de generación de empleo calificado dotado de mejores ingresos. La UP debe bregar con esta realidad, pero considerando que el actual modelo universitario no es inamovible, por el contrario, es necesario buscar creativamente cambios, pero que no vayan en menoscabo de la democratización universitaria.
Investigación-acción: Una universidad que no indaga, ausculta, investiga se constituye en negación de su misión. Pero si esa investigación no aporta a la transformación de la realidad, la negación es doble. La UP debe estimular el fomento de la investigación no sólo como ejercicio académico, sino relacionada con la respuesta a la problemática del país, en este sentido debe propender a ser una investigación-acción ligada a los cambios sociales, económicos, culturales y políticos.
Identidades: En una realidad donde prospera la hibridez de la cultura, producto de los medios de comunicación y la globalización. La universidad debe ser un factor clave de síntesis cultural, permitiendo el desarrollo de la cultura propia, y también el diálogo con la cultura ajena.
Sociedad civil: La UP debe vincularse muy estrechamente con la sociedad civil y los procesos de democratización del país, desarrollando la agilidad en la articulación y la búsqueda de los aportes específicos en esta interacción.
Participación: Es clave renovar y encontrar mejores caminos de participación en la comunidad universitaria, a través de formas democráticas de incidencias que democraticen el voto, mejore las formas de consulta y decisión a lo interno de la UP.
Transparencia: La transparencia en la gestión y la actitud ética, le darán fuerza y credibilidad a una rectoría que deberá ser imaginativa, capaz, independiente e incluyente para lograr los cambios propios e incidir en los cambios nacionales, especialmente en torno al tema de la pobreza, que es hoy el desafío fecundo.

101 años de Panamá América

 
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